paradigmas

23 août, 2006

el estatuto epistemológico de la ciencia política – notas para una reflexión crítica

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PROLOGO

 

 

Preguntarse que es la Politica es tan complejo de responder como preguntarse que es la Ciencia Politica.
 

¿Es la Ciencia Politica una ciencia y porqué?   Analicemos en primer lugar el estatuto científico y epistemológico de esta disciplina y a continuación los campos o ámbitos del conocimiento que abarca su estudio.
 

Este esquema de clases tiene por objeto sintetizar -con fines pedagógicos- los conceptos básicos de los contenidos que se imparten en el aula en el marco de la carrera de Ciencias Políticas y que no los sustituyen.
 

Punta Arenas – Magallanes, diciembre de 2005.
 

 

LA PREHISTORIA DE LA CIENCIA POLITICA:

FILOSOFOS, HISTORIADORES Y JURISTAS EN LA ANTIGUEDAD

 

 

Aun cuando los inicios históricos de la Ciencia Politica han sido situados en las obras de Platon y Aristoteles en la Grecia antigua, en realidad, los fundamentos epistemologicos y conceptuales de la Ciencia Politica fueron puestos a partir de Maquiavelo y otros pensadores europeos en el siglo XV y XVI y a lo largo de tres siglos, hasta llegar al siglo XX en el que esta disciplina se independiza de la Filosofia, de la Historia, del Derecho y de la Administración, para devenir una ciencia social autonoma.
 

La reflexión sobre la política se inicia entonces en la Grecia Antigua y en Roma, a partir de dos fuentes distintas pero interconectadas: la Filosofía, la Historia y el Derecho.   Fueron los pensadores griegos los primeros que – a partir de la experiencia de la polis y de las confederaciones de ciudades griegas frente al peligro asiático y persa- que configuraron los primeros conceptos teóricos acerca de la Política: las nociones de democracia, de libertad, de justicia, de igualdad, de política, de Estado, surgen en esta primera etapa. 
 

Platón y Aristóteles son aquí los fundadores de grandes corrientes de pensamiento politológico, donde encontraremos una tendencia hacia el idealismo a partir de Platón, y una tendencia hacia al realismo en Aristóteles.
 

La Filosofía piensa la política, reflexiona sobre sus fundamentos conceptuales y éticos, mientras que la Historia describe y ordena los hechos del pasado y busca comprender su sentido, finalidad y trayectoria.  Por lo tanto, podemos afirmar que la primera forma de reflexión política en la historia de Occidente fue la reflexión filosófica y el conocimiento histórico.
 

En este período –estamos en la Antigüedad- la reflexión política aparece mezclada con la comprensión de la Historia y adquiere un carácter de pensamiento filosófico.   Historia y Filosofía son entonces las disciplinas a partir de las cuales va a surgir y se desarrollará la Ciencia Política.  Es una etapa, además, en la que hay reflexión política, es decir, hay un esfuerzo racional por “pensar la política” a partir de las realidades políticas presentes y pasadas, pero no existe todavía un esfuerzo de sistematización científica de las ideas y experiencias.
 

Los romanos aportaron una tercera forma de pensar la Política: el Derecho.   La enorme construcción jurídica realizada por Roma, desde los tiempos de la República y a través del Imperio, fue la forma cómo fue pensada y realizada la vida política en aquella época.   Marco Tulio Cicerón es aquí la figura principal.
 

En esta primera fase histórica entonces, la Política aparece sumergida al interior de la Filosofía, la Historia y el Derecho.
 

 

EL MOMENTO INICIAL DE LA POLÍTICA COMO CIENCIA:
EL RENACIMIENTO Y EL HUMANISMO
 

 

Hasta aquí, pasado el Imperio Romano y desarrolladas las experiencias de los Estados feudales, todavía no podemos hablar de una Ciencia de la Política, sólo de formas de pensamiento político no sistematizadas.
 

Sin embargo, el esfuerzo de Nicolás Maquiavelo y otros pensadores del Renacimiento europeo, constituye el momento de formación de la Política como ciencia.  Es importante subrayar que la obra de Maquiavelo, siendo el resultado de su propia elaboración y reflexión, refleja también poderosas influencias humanistas que constituían el ambiente intelectual de la Italia del siglo XV.  Autores como Lorenzo Valla, Giovanni Pico della Mirandola, Leonardo Bruni, Marsilio Ficino, Francesco Guichiardini y otros, pertenencientes a la tradición de humanistas, hicieron posible que Nicolás Maquiavelo construya su propia visión de la vida política.
 

Lo que realiza Maquiavelo intelectualmente es ordenar los datos históricos que tenía a su disposición, conforme a una hipótesis que tenía in-mente, conforme a una idea filosófica propia y preconcebida, una visión del hombre y de la política que tenía elaborada previamente, y aplicarlos a su realidad política e histórica: la de Florencia e Italia a fines del siglo XV y principios del XVI.
 

Por lo tanto, se puede afirmar con propiedad que Nicolás Maquiavelo es el fundador de la Ciencia Política moderna, por su tentativa de ordenamiento y sistematización de los datos políticos e históricos existentes, por su audacia intelectual de salir de los esquemas tradicionales de la Historia, la Filosofía y el Derecho y de otorgarle a la Política el carácter de una dimensión distinta y específica del conocimiento y de la realidad existente.  Maquiavelo separa a la Política de la religión, de la Teología, de la Filosofía antigua y medieval, de la Historia secular y religiosa, del Derecho y establece que la Política como campo de conocimientos específicos, se constituye en una disciplina diferente.
 

Otros autores como a lo largo de los siglos XVI y XVII, como Jean Bodin, Erasmo de Rotterdam, Tomás Luis de Vitoria, Martin Lutero, Johannes Althusius, Francisco Suarez, continuaron abordando la cuestión política desde la perspectiva filosófica, teológica e incluso jurídica, pero Maquiavelo ya había abierto la vía para constituir a la Política en una disciplina aparte. 
 

 

LAS GRANDES CONSTRUCCIONES INTELECTUALES DE LA POLITICA:

EL SIGLO XVII Y EL ABSOLUTISMO
 

 

El gran hecho político del siglo XVII es la implantación del absolutismo como forma de gobierno monárquico en toda Europa.  Y este absolutismo encontró a teóricos que desde el pensamiento político, argumentaron a favor o en contra de él. Epoca turbulenta de crisis políticas, de guerras, de depresiones económicas, de desórdenes religiosos, el siglo XVII ve aparecer el abolutismo en política y las elaboraciones políticas y teóricas de Grottius, de Thomas Hobbes, de Baruch Spinoza, de John Locke, del cardenal de  Richelieu, de Bossuet.
 

En este período se desarrolla una corriente de pensamiento asociada al derecho natural, en la que destacan Grotius y Samuel Pufendorf, y una tendencia realista en la que se destaca Thomas Hobbes, pero también Cardin Le Bret, Philippe de Bethune, Claude Joly, Bossuet y sobre todo el Cardenal de Richelieu.
 

Pero también otros autores desarrollarán una crítica política contra el absolutismo como Pascal, La Bruyere, Fenelón, Baruch Spinoza y el filósofo alemán Leibnitz, mientras en Inglaterra surgieron pensadores utopistas renovadores como Gerrard Winstanley, Harrington, John Milton y Algernon Sidney.  Pero el principal pensador inglés de este período es John Locke, que se orienta dentro del individualismo y el liberalismo, expresando los ideales políticos de la burguesía inglesa.
 

 

EL ILUMINISMO Y SUS ELABORACIONES POLITICAS:

EL SIGLO XVIII Y LA DECLINACION DEL ABSOLUTISMO
 

 

El siglo del iluminismo en la ciencia, en las artes, en la filosofía, se inicia en el plano del pensamiento político a través de Montesqiueu, quién busca a través de las leyes de cada país un orden inteligible e intenta fijar un modelo de gobierno moderado y de equilibrio de poderes.   Le seguirán otros pensadores como Gianbattista Vicco y Voltaire.   A su vez, Diderot y el formidable esfuerzo intelectual de la Enciclopedia, con Helvetius y d’Holbach, fijaron las bases del utilitarismo francés.
 

El liberalismo de John Locke, va a ser seguido por Jeremy Bentham, Adam Smith y David Hume.
 

El otro gran pensador del siglo XVIII es Jean Jacques Rousseau, cuyo Contrato Social abre la vía para reflexionar el Derecho desde la Política, fija el concepto de soberanía, propone la idea de un contrato social primigenio que da origen al Estado y propone los rasgos básicos del buen gobierno.
 

Emmanuel Kant y Condorcet ponen término al iluminismo del siglo XVIII y dejan sentadas las bases de los conceptos que darán sustento teórico a la Independencia de Estados Unidos y a la Revolución Francesa.   A lo largo de este período, la ciencia política ha avanzado en dos sentidos: ha producido ya construcciones intelectuales jurídicas, históricas, filosóficas y políticas que tienden a analizar y comprender el acceso histórico de la burguesía al poder, pero al mismo tiempo, todavía no ha logrado separar a la Política del Derecho y de la Filosofía, el sueño y la propuesta moderna de Maquiavelo dos siglos antes.
 

 

LOS PENSADORES DE LA REVOLUCION:
EL SIGLO XVIII
 

 

Los pensadores de la Independencia Americana y de la Revolución Francesa, no pensaban todavía en términos de ciencia política sino en conceptos políticos para racionalizar los cambios que estaban produciendo.  De los Padres Fundadores de Estados Unidos, Hamilton, Jefferson o el propio Georges Washington, o de los jacobinos y girondinos de la Francia revolucionaria de 1789  y 1791, solo obtendremos ideas asociadas a sus propias experiencias de cambio social y político.
 

Pero en ambas revoluciones vemos configurarse las nociones modernas de república, de representación, de ciudadanía, de Estado de Derecho, de parlamento, de nación, de democracia representativa, que van a hacer historia en los dos siglos siguientes.
 

Dos pensadores filósofos se dedicarán a reflexionar la revolución: Emmanuel Kant y Hegel.  Ambos construyen verdaderas teorías del Estado y de la nación, que alimentaron las corrientes políticas que surgirán en el siglo siguiente.
 

 

EL SIGLO XIX:
LIBERALISMOS, NACIONALISMOS, SOCIALISMOS
 

 

El siglo XIX ve constituirse las tres corrientes de pensamiento político que van a dominar el propio siglo XIX y hasta el siglo XX.  El liberalismo se alimentó con las reflexiones de Benjamin Constant, Stuart Mills, Mireaux, y sobre todo Alexis de Tocqueville y Jules Michelet; y a fines de siglo tendrá a Herbert Spencer.
 

Los nacionalismos reflexionaron la nación desde el tradicionalismo y la búsqueda de la preeminencia de la nación propia sobre las demás naciones.
 

 

Los socialismos
 

 

Por su parte los socialismos comenzaron con Proudhon, Henri de Saint Simon y los utopistas ingleses con Robert Owen y franceses con Charles Fourier, Luis Augusto Blanqui y Louis Blanc, pasaron por los socialistas científicos Karl Marx y Federico Engels, fundadores del maxismo clásico, y llegaron hasta  los modernos socialismos europeos, alemanes, franceses, italianos, ingleses, chinos y latinoamericanos, orientados hacia teorías e hipótesis más estrechamente relacionadas con la propia evolución nacional de las luchas de liberación nacional y tentativas  de construcción del socialismo
 

El socialismo es al mismo tiempo, una teoría y una ideología política basada en el principio de que una sociedad debe existir de tal manera que el colectivo popular tenga el control del poder político, y por lo tanto, de los medios de producción. Sin embargo, en la práctica el significado de facto del socialismo ha ido cambiando con el transcurso del tiempo. Aunque es un término político bastante cargado, permanece fuertemente vinculado con el establecimiento de una clase trabajadora organizada, creada ya sea mediante revolución o evolución social, con el propósito de construir una sociedad sin clases. También se ha enfocado últimamente a las reformas sociales de las democracias modernas. El concepto y término socialista se refieren a un grupo de ideologías, un sistema económico o un estado que existe o existió.
 

El estudio del socialismo propiamente dicho suele iniciarse a partir de de la Revolución Francesa en 1789, que supuso el derrocamiento de la clase feudal francesa y la ascensión al poder de la burguesía, y el período premarxista en la historia del socialismo, corresponde a los cien años aproximadamente (de mediados del siglo XVIII a mediados del siglo XIX en los que los principale países de Europa desarrollan el proceso de sustitución del feudalismo por el capitalismo como sistema económico, y en el que los estados feudales se unen para formar las modernas Naciones-Estado.
 

A raíz de la Revolución Francesa, aparece Gracchus Babeuf, el primer pensador socialista (aunque en su época esta palabra no se utilizaba todavía) que se pone a la cabeza de un movimiento llamado la Conspiración de los Iguales.
 

Inglaterra fue la cuna del socialismo utópico y reformador en la primera mitad del siglo XIX. Existen dos causas importantes que dan al socialismo utópico inglés su carácter peculiar: la revolución industrial con su cortejo de miserias para la naciente clase proletaria y el desarrollo de una nueva rama de la ciencia : la economía política. Recordemos entre los socialistas utópicos a Spencer (1730-1814), fundador del socialismo agrario, y a William Thompson, que consideró al trabajo fuente única de valor y por tanto, si el obrero crea el valor con su propio trabajo, a él debe corresponderle el producto íntegro de éste.   De mayor relieve es la figura de Robert Owen (1771-1858), que fue el primero en considerar al proletariado como clase independiente con intereses comunes.
 

En Francia en cambio, el utopismo tuvo un carácter más filosófico que en Inglaterra. Su primer representante fue el conde Saint Simón (1760-1825). Propuso la Federación de Estados Europeos, como instrumento político para evitar las guerras y asegurar la paz mundial.   Carlos Fourier, (1772-1837), concibió los falansterios-comunidades humanas regidas por normas colectivistas.   Inspirandose en los principios fourieristas, se constituyeron falansterios, siendo el más importante el fundado en Massachussetts U.S.A., en 1841.   Otro utopista francés fue Etienne Cabet (1778-1856), que durante su destierro en Inglaterra, en el año 1842, escribió Viaje a Icaria.
 

La teoría marxista se refiere a la sociedad que debe sustituir al capitalismo, y en algunos casos desarrollarse en comunismo. El Marxismo y comunismo son dos ramas muy específicas de socialismo. Las dos no representan al socialismo como un todo.
 

El socialismo libertario es una corriente del socialismo que busca que las personas decidan sobre sus vidas directamente, y en el caso del anarquismo propugna la abolición del Estado. Es la corriente con un trasfondo más individualista, de respeto y valoración al sujeto o individuo, y que considera a la libertad como el camino y el objetivo del socialismo.
 

En la teoría moderna del socialismo democrático, se aspira a llegar a una sociedad democrática que sea la columna vertebral de un estado de bienestar. La meta del socialismo libertario es construir una sociedad sin clases sociales, autogestionaria y descentralizada.
 

La palabra tiene sus orígenes en el XIX. Fue usado por primera vez , autoreferenciado, en el lenguaje inglés en 1827 para describir a los seguidores de Robert Owen. En Francia, fue nuevamente referenciado y utilizado en 1832 para referirse a los seguidores de las doctrinas de Claude Henri de Rouvroy, Comte de Saint-Simon y más tarde por Pierre Leroux y J. Regnaud en L’Encyclopédie nouvelle.
 

La palabra ha sido ampliamente usada, en distintos momentos y lugares, por diversos grupos en ocasiones enfrentados entre sí. Existen algunas grandes diferencias entre los grupos socialistas, aunque casi todos están de acuerdo de que están unidos por una historia en común que tiene sus raíces en el siglo XIX y el siglo XX, entre las luchas de los trabajadores industriales y agricultores, operando de acuerdo a los principios de solidaridad y vocación a una sociedad igualitaria, con una economía que pueda, desde sus puntos de vista, servir a la amplia población en vez de a unos cuantos.
 

De acuerdo con los autores marxistas (más notablemente Friedrich Engels), los modelos y las ideas socialistas serían rastreables los principios de la historia social humana, siendo una característica de la naturaleza humana y los modelos sociales humanos.   En la versión del marxismo-leninismo el socialismo es considerado como la fase previa al comunismo, por ello los procesos revolucionarios vividos por la URSS, Cuba y China se relacionan con esta doctrina, ya que, en el caso de la URSS nunca se logró alcanzar el comunismo, y en el caso de Cuba todavía se lucha para alcanzar ese objetivo.
 

 

Los nacionalismos
 

 

El nacionalismo es una doctrina o filosofía política que propugna como valores fundamentales el bienestar, la preservación de los rasgos identitarios, la independencia en todos los órdenes, y la gloria, de la nación propia.
 

El nacionalismo es un concepto de identidad experimentado colectivamente por miembros de un gobierno, nación, sociedad o territorio particular. Los nacionalistas se esfuerzan en crear o sustentar una nación basados en varias nociones de legitimación política. Muchas ideologías nacionalistas derivan su desarrollo de la teoría romántica de la « identidad cultural« , mientras que otros se basan en el argumento liberal de que la legitimidad política deriva del consenso de la población de una región.
 

El nacionalismo es un término frecuentemente malinterpretado, ya que su definición más general es vasta y ha sido polémica históricamente. A menudo, sus consecuencias más negativas (tensión étnica, guerra o conflictos políticos entre estados) son vistas como nacionalismo en sí mismas. Según varias definiciones, el nacionalismo no implica que una nación sea necesariamente superior a otra, sino que sostiene que ciertas naciones podrían encontrarse en mejor situación si se les permitiera gobernarse a sí mismas, alcanzando así su independencia política, económica y cultural.
 

Ciertos teóricos, como Benedict Anderson, han afirmado que las condiciones necesarias para el nacionalismo incluyen el desarrollo de la prensa y el capitalismo. Anderson también afirma que los conceptos de nación y nacionalismo son fenómenos construidos dentro de la sociedad, llamándolos comunidades imaginarias. Ernest Gellner añade al concepto: « el nacionalismo no es el despertar de las naciones hacia su conciencia propia: inventa naciones donde no las hay ».
 

El Estado Nación surgió en Europa con el tratado de Westfalia (1648). El nacionalismo continuó siendo un fenómeno elitista durante un par de siglos tras el tratado, pero fue durante el siglo XIX cuando se propagó ampliamente por toda Europa y ganó popularidad. Desde entonces, el nacionalismo ha dominado las políticas europeas y mundiales. Muchas de las políticas europeas del siglo XIX pueden ser vistas como luchas entre antiguos régimenes autocráticos y nuevos movimientos nacionalistas. En algunos casos el nacionalismo tomó una ideología liberal y contra la monarquía, mientras que en otros los movimientos nacionalistas fueron apoyados por regímenes monárquicos conservadores. Durante dicho siglo, los viejos estados plurinacionales (como el Imperio Austrohúngaro) comenzaron gradualmente a agrietarse, y varios estados localizados fueron absorbidos por entidades nacionales mayores, como Alemania, Bolivia e Italia.
 

A finales del siglo XIX las ideas nacionalistas habían comenzado a expandirse por toda Asia. En la India el nacionalismo incentivó el fin del dominio británico. En China el nacionalismo dio una justificación para el estado chino, que se encontraba enemistado con la idea de un imperio universal. En Japón el nacionalismo fue combinado con el excepcionalismo japonés.
 

La I Guerra Mundial marcó la destrucción definitiva de varios estados multinacionales de carácter imperial y colonialista (el Imperio Otomano, el Imperio Austrohúngaro y, en cierta medida, el ruso). El Tratado de Versalles (1919= fue establecido como un intento por reconocer el principio de nacionalismo, ya que gran parte de Europa fue dividida en Naciones-Estado en un intento por mantener la paz. Sin embargo, muchos estados multinacionales e imperios sobrevivieron. El siglo XX fue también marcado por la lenta adopción del nacionalismo por todo el mundo con la destrucción de los imperios coloniales europeos, la Unión Soviética y varios otros estados multinacionales menores.
 

Simultáneamente, fuertes tendencias antinacionalistas han tenido lugar a lo largo del siglo XX, siendo en general destacables las manejadas por determinadas élites. La actual Unión Europea está actualmente transfiriendo poder del nivel nacional a entidades locales y continentales. Acuerdos de comercio, tales como NAFTA y GATT, y la creciente internacionalización de mercados de comercio debilitan también la soberanía de la Nación-Estado.
 

El nacionalismo cívico (también llamado nacionalismo civil) es la forma del nacionalismo según la que el estado deriva su legitimidad política de la participación activa de sus ciudadanos, la « voluntad del pueblo »; representación política. Un individuo en tal nación debe creer que las acciones del estado, en mayor o menor medida, reflejan su voluntad, incluso cuando ciertas acciones van en contra de sus propios principios. Jean-Jacques Rousseau, quien desarrollara esta teoría por primera vez, ideó el concepto de Voluntad General para explicar cómo podría funcionar esto. Rousseau anotó sus teorías en varios de sus escritos, particularmente en Sobre el Contrato Social (véase teorías de contrato social para un análisis en profundidad del desarrollo histórico de esta filosofía).
 

El nacionalismo cívico yace dentro de las tradiciones de racionalismo y liberalismo. Es la teoría tras las democracias constitucionales.
 

El nacionalismo étnico define la nación en términos de etnicidad, lo cual siempre incluye algunos elementos descendentes de las generaciones previas. También incluye ideas de una conexión cultural entre los miembros de la nación y sus antepasados, y frecuentemente un lenguaje común. La nacionalidad es hereditaria. El Estado deriva la legitimidad política de su estatus como hogar del grupo étnico, y de su función de protección del grupo nacional y la facilitación de una vida social y cultural para el grupo. Las ideas sobre etnicidad son muy antiguas, pero el nacionalismo étnico moderno está fuertemente influido por Johann Gottfried von Herder, quien promovió el concepto de Volk, y Johann Gottlieb Fichte.
 

El nacionalismo romántico (también llamado nacionalismo orgánico y nacionalismo identitario) es la forma de nacionalismo étnico según la cual el estado deriva su legitimidad política como consecuencia natural (orgánica) y expresión de la nación o la raza. Refleja los ideales del romanticismo y se opone al racionalismo. El nacionalismo romántico enfatiza una cultura étnica histórica que se conecta con el ideal romántico; el folklore se desarrolla como un concepto nacionalista romántico. Los hermanos Grimm se inspiraron en los escritos de Herder para crear una colección idealizada de historias étnicamente alemanas. El historiador Jules Michelet ejemplifica la concepción nacionalista romántica de la historiografía.
 

El nacionalismo de izquierdas suele defender el derecho de todas las naciones a la autodeterminación constituyendo una estructura políca que habría de beneficiar a las clases populares de esa nación. En ocasiones los nacionalistas de izquierdas se definen a la vez como internacionalistas.
 

El nacionalismo religioso es la forma de nacionalismo según la que el estado deriva su legitimidad política en consecuencia de una religión común. El sionismo es un ejemplo de esto, pero buena parte de las formas de nacionalismo étnico son también en gran medida formas de nacionalismo religioso. Por ejemplo, el nacionalismo irlandés es generalmente asociado al catolicismo; el nacionalismo indio se asocia con el hinduismo, etc. El nacionalismo religioso es generalmente visto como una forma de nacionalismo étnico.
 

En algunos casos, sin embargo, la componente religiosa es más una etiqueta que la verdadera motivación del nacionalismo de un grupo. Por ejemplo, aunque la mayoría de los líderes nacionalistas irlandeses del último siglo fueron católicos, durante el siglo XIX, y especialmente en el XVIII, muchos líderes nacionalistas fueron protestantes. Los nacionalistas irlandeses no luchan por distinciones teológicas, sino por una ideología que identifica a la isla de Irlanda con una visión particular de la cultura irlandesa, que para muchos nacionalistas incluye al catolicismo aunque no como elemento predominante. Para muchas naciones que se vieron obligadas a luchar contra las consecuencias del imperialismo de otra nación, el nacionalismo fue asociado a la búsqueda de un ideal de libertad.
 

El islam se opone fuertemente a todo tipo de nacionalismo, tribalismo, racismo u otra clasificación de la gente no basada en las creencias propias. Sin embargo, ciertos grupos islámicos pueden ser considerados racistas y nacionalistas (así, para algunos, no pueden considerarse verdaderos islámicos).
 

El fascismo es generalmente clasificado como nacionalismo étnico, habiendo sido el caso más extremo de esto el nacional socialismo de la Alemania Nazi.
 

 

El liberalismo
 

 

Se suele considerar su origen en el siglo XVII, en este caso a John Locke como el primer pensador liberal, siendo su segundo Tratado sobre el Gobierno Civil la obra seminal de esta ideología. David Hume y los economistas clásicos como Adam Smith y David Ricardo continuaron esta línea de pensamiento, especialmente en lo que se refiere al librecambismo.
 

En cuanto a la política, la ideología liberal encuentra sus bases en Montesquieu y en los padres fundadores americanos; parte del hecho de que no hay personas ni sistemas perfectos, y por lo tanto, el Estado debe ser un conjunto de pesas y balanzas en el que se contrapesen los distintos poderes que ostenta sobre el individuo, para que ninguno pueda devenir en tiranía.
 

Por tanto, según la teoría liberal, el Estado debe seguir una filosofía de mínima intervención, o laissez faire (en francés, « dejar hacer »). Esta se sustenta de un lado en la convicción de que cada individuo buscará lo mejor para si mismo, y del otro en que las relaciones sociales surgidas de este modo tenderán a beneficiar a todos, siendo la labor del Estado corregir los casos en que esto último no se cumpla. Por su parte, los críticos del Liberalismo suelen insistir en que la segunda premisa pocas veces se cumple, ya que a menudo algunos individuos logran beneficiarse a costa del resto de la sociedad.
 

Liberalismo social y liberalismo económico
 

En las formulaciones del liberalismo, es frecuente que se admita la necesidad de algunas restricciones a la libertad individual, para salvaguardar los derechos fundamentales de otros individuos. Ahora bien, como no todo el mundo considera fundamentales los mismos derechos, dependiendo de cuál sea la jerarquía de derechos, unos pensadores o agentes están a favor de unas regulaciones y otros de otras. En general, se suele diferenciar entre liberalismo social y liberalismo económico, si bien esta distinción es poco nítida y arbitraria.
 

El liberalismo social defiende la no intromisión del estado o de los colectivos en la conducta privada de los ciudadanos y en sus relaciones sociales no-mercantiles, admitiendo grandes cotas de libertad de expresión y religiosa, los diferentes tipos de relaciones sexuales consentidas, el consumo de drogas, etc. Para sus detractores, falla al no tener en cuenta valores superiores a la voluntad humana, como los valores religiosos o tradicionales.
 

El liberalismo económico postula la no intromisión del Estado en las relaciones mercantiles entre los ciudadanos (reduciendo los impuestos a su mínima expresión y eliminando cualquier regulación sobre comercio, producción, condiciones de trabajo, etc.), sacrificando toda protección a « débiles » (subsidios de desempleo, pensiones públicas, beneficencia pública) o « fuertes » (aranceles, subsidios a la producción, etc.). La impopularidad de reducir la protección de los más desfavorecidos lleva a los liberales a alegar que resulta perjudicial también para ellos, porque entorpece el crecimiento, y reduce las oportunidades de ascenso y el estímulo a los emprendedores. Los críticos, por el contrario, consideran que el Estado puede intervenir precisamente fomentando estos ámbitos en el seno de los grupos más desfavorecidos. El liberalismo económico tiende a ser identificado con el capitalismo, aunque este no tiene por qué ser necesariamente liberal, ni el liberalismo tiene por qué llevar a un sistema capitalista. Por ello muchas críticas al capitalismo son trasladadas falazmente al liberalismo.
 

En la discusión filosófica teórica actual, se suele dar el caso de que un pensador coincida a la vez con las posturas del liberalismo social y el liberalismo económico. En la práctica política, es raro que coincidan. En general, el intervencionismo económico y el liberalismo social son característicos de la socialdemocracia y el eurocomunismo mientras que el liberalismo económico y el control social son más característicos del llamado neoliberalismo económico, pero la práctica real de la política obliga a atender a muchas circunstancias, aparte de la propia ideología. Otras políticas, como el comunismo leninista (especialmente en la época de Stalin) y la autarquía franquista combinaban el intervencionismo económico con un rígido control social. También se dan casos de que un mismo grupo de presión pida unas medidas económicas liberales y otras intervencionistas. Por ejemplo, un sector industrial puede reclamar libre circulación de bienes y servicios dentro de un mercado, pero una fuerte protección frente a productores de fuera del país.
 

Una división menos famosa pero más rigurosa dentro del liberalismo es la que distingue entre el liberalismo predicado por Jeremías Bentham y el defendido por Wilfredo Pareto. Esta diferenciación surge de las distintas concepciones que estos autores tenían respecto al cálculo de un óptimo de satisfacción social.
 

En el cálculo económico se recurre con frecuencia a la teoría del Homo Oeconomicus, un ser perfectamente racional con tendencia a maximizar su satisfacción. Para simular este ser ficticio, se ideó el Gráfico Edgeworth-Pareto, que permitía conocer la decisión que tomaría un individuo con un sistema de preferencias dado (representado en Curvas de Indiferencia) y unas condiciones de mercado dadas.
 

Pero existe una gran controversia cuando el modelo de satisfacción ha de trasladarse a una determinada sociedad. Al deber elaborar un gráfico de satisfacción social, el modelo benthamiano y el paretiano chocan frontalmente.
 

Según Wilfredo Pareto, la satisfacción que goza una persona es absolutamente incomparable a la de otra. Para él, la satisfacción es una magnitud ordinal y personal. Esto supone que no se puede cuantificar ni relacionar con la de otros. Por lo tanto, sólo se puede realizar una gráfica de satifacción social con una distribución de la renta dada. No se podrían comparar de ninguna manera distribuciones diferentes. Por el contrario, en el modelo de Bentham los hombres son en esencia iguales, lo cual lleva a la comparabilidad de satisfacciones, y a la elaboración de una única gráfica de satisfacción social.
 

En el modelo paretiano, una sociedad alcanzaba la máxima satisfacción posible cuando ya no se le podía dar nada a nadie sin quitarle algo a otro. Por lo tanto, no existía ninguna distribución óptima de la renta. Un óptimo de satisfacción de una distribución absolutamente injusta sería a nivel social tan válido como uno de la más absoluta igualdad (siempre que estos se encontrasen dentro del criterio de Óptimo Paretiano).
 

Pero para igualitaristas como Bentham, no valía cualquier distribución de la renta. El que los humanos seamos en esencia iguales, la comparabilidad de las satisfacciones, llevaban necesariamente a un óptimo más afinado que el paretiano. Este nuevo óptimo, que es necesariamente uno de los casos de óptimo paretiano, surge como conclusión lógica necesaria de la llamada Ley de Rendimientos Decrecientes.
 

Estas dos concepciones radicalmente diferentes dividen al liberalismo entre dos corrientes: una igualitarista y progresista, abanderada por la teoría de Bentham, y otra que no solo tolera, sino que aplaude la desigualdad, de carácter profundamente conservador.
 

Entre los seguidores de Bentham destacan las tesis del Social-Liberalismo y del Keynesianismo, mientras que de Pareto surge la Escuela Austríaca, defensora del liberalismo autoritario y del anarco-capitalismo.
 

 

LA CIENCIA POLITICA EN EL SIGLO XX:
LA CONSTRUCCION DE LA CIENCIA
 

 

 

Aunque la Ciencia Política nace como disciplina en la segunda mitad del siglo XIX, pueden incluirse dentro de ella obras de autores clásicos como Aristóteles, Maquiavelo, Montesquieu o Toqueville, debido a que las mismas tienden a la formulación de tipologías, de generalizaciones, de teorías generales, de leyes relativas al análisis político, fundadas en el estudio de la historia, factual.
 

La Ciencia Politica en primer lugar es una ciencia social, es decir, su campo de estudio abarca la sociedad en su conjunto, aun cuando dentro del cuerpo social, esta disciplina se focaliza sobre cierto tipo de fenomenos y procesos.
 

A pesar de estos esfuerzos para conseguir una disciplina realista y concreta, basada en la objetividad y en la utilización de herramientas científicas, el tradicional estudio especulativo y normativo siguió siendo la nota común hasta mediados del siglo XX, momento en que el punto de vista científico empezó a dominar los análisis de la ciencia política. La experiencia de quienes retornaron a la docencia universitaria después de la II Guerra Mundial (1939-1945) tuvo profundas consecuencias sobre la totalidad de la disciplina. El trabajo en los organismos oficiales perfeccionó su capacidad al aplicar los métodos de las ciencias sociales, como las encuestas de opinión, análisis de contenidos, técnicas estadísticas y otras formas de obtener y analizar sistemáticamente datos políticos. Tras conocer de primera mano la realidad de la política, estos profesores volvieron a sus investigaciones y a sus clases deseosos de usar esas herramientas para averiguar quiénes poseen el poder político en la sociedad, cómo lo consiguen y para qué lo utilizan. Esta corriente de pensamiento fue llamada conductismo, porque sus defensores sostenían que la medición y la observación objetivas se debían aplicar a todas las conductas humanas tal y como se manifiestan en el mundo real.
 

Los adversarios del conductismo sostienen que no puede existir una verdadera ciencia política. Objetan, por ejemplo, que cualquier forma de experimentación en que todas las variables de una situación política estén controladas, no es ni ética, ni legal, ni posible con los seres humanos. A esta objeción, los conductistas responden que la pequeña cantidad de conocimiento obtenido de forma sistemática se irá sumando con el tiempo para dar lugar a una extensa serie de teorías que explicarán el comportamiento humano.
 

 

Desarrollos y autores recientes en la Ciencia Política
 

 

Ya a mediados de los años 50, la ciencia política estaba incorporando a sus estudios el concepto de “cultura política” de la mano de Gabriel Almond. En un célebre artículo (Comparative Political Systems, 1956), Almond decía que para analizar en clave comparada las estructuras y las funciones de los sitemas políticos, hacían falta nuevos conceptos como “cultura” o “subcultura” políticas, sabiendo que con ello el análisis pasaría de la descripción del funcionamiento de las instituciones a la explicación de la modalidad de los comportamientos de los individuos: cómo interpretan las reglas políticas, o qué valores o inclinaciones tienen hacia la política, para ver finalmente si estas orientaciones eran compatibles y funcionales respecto de una democracia competitiva moderna y estable frente a la velocidad de los cambios.
 

Con la colaboración de Sidney Verba emprendió una investigación en el Center of International Studies de la Universidad de Princeton entre 1958 y 1962, cuyos resultados darán lugar a la gran innovación de Almond: la aplicación del análisis funcional al estudio de la cultura política y del desarrollo, a través de un vastísimo trabajo empírico y comparado. En The Civic Culture: Political Attitudes and Democracy in Five Nations, publicado con Verba en 1963 —la primer versión castellana de este trabajo es La cultura cívica, Euroamérica, Madrid, 1970—. Esta obra es considerada el reflejo teórico y metodológico de la revolución conductista en ciencia política —su primer capítulo aparece en la famosa compilación española Diez textos básicos de ciencia política, Ariel, Barcelona, 1992— donde se define la “cultura política” como el conjunto de valores que determina la acción política de una nación. Partiendo su análisis de datos de opinión de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, México y Alemania, pretende teorizar inductivamente acerca de la estabilidad democrática de estos países en función de una tipología de la cultura política, según nivel y tipo de participación, parroquialismo y compromiso político que los individuos autoperciben respecto del sistema político al que pertenecen. Así, las encuestas que definirían la cultura política concernían tres aspectos: conocimiento y respeto de las reglas del sistema político, sentimiento personal sobre las estructuras y los titulares del poder, y juicios y opiniones sobre varios componentes del sistema político.
 

En 1980, el texto The Civic Culture Revisited  de G. Almond incluye revisiones a las características de la cultura política de los países originalmente estudiados, y comentarios a las críticas y polémicas que había suscitado la utilización del concepto, ya que la primera edición del libro se había convertido en un modelo del estudio comparado. Almond fue también uno de los creadores del enfoque teórico del “desarrollo político”, particularmente en el área de la política comparada. En Comparative Politics: A Developmental Approach, escrito junto a su asistente de 24 años de edad en la Universidad de Stanford, Bingham Powell, en 1966 —la primera versión castellana es Política comparada. Una concepción evolutiva, Paidós, Bs.As., 1970— se explicita la voluntad de dejar atrás el provincialismo, el descriptivismo y el formalismo de la ciencia política.
 

Con ese texto, Almond y Powell dotaron a la ciencia política de un verdadero “paradigma” estructural funcionalista. Su objetivo era organizar una red de conceptos analítico-empíricos, no sólo para afrontar con un fuerte poder descriptivo y explicativo el estudio de un sistema político singular, sino sobre todo para comparar entre diferentes clases de sistemas políticos. Se miden allí grados variables de desarrollo político entre diferentes tipos históricos de sociedades, combinando sus grados de diferenciación en sus estructuras y secularización de la cultura política, con la autonomía de los subsistemas sociales. De esta manera, las capacidades de un sistema político serán mayores si son más altas su diferenciación estructural y su secularización cultural. Así, por ejemplo, las bandas primitivas son el tipo de sociedad que registran menor grado de diferenciación estructural y secularización de la cultura política (por estos dos factores conforman sistemas primitivos) y menor autonomía de los subsistemas; los sistemas patrimoniales o feudales estarían en una condición intermedia; mientras que los sistemas políticos modernos (con altos grados de secularización y de diferenciación estructural entre sus componentes) varían entre sistemas totalitarios, autoritarios y democráticos, a medida que aumenta la cultura de participación política y la autonomía de los subsistemas. El funcionalismo sistémico suponía que la interdependencia entre las partes de un sistema hace que el cambio de las propiedades de un componente afecte a los demás elementos que integran el sistema.
 

De esta manera, si algunos sistemas políticos han desaparecido porque no han podido desarrollar capacidades de respuesta y adaptación a los cambios, es porque el grado de desarrollo político hace variar las distintas funciones del sistema. De allí que entonces, escribían los autores, examinando y clasificando los diferentes sistemas de acuerdo a esas variables de desarrollo político y niveles funcionales, se podrá explicar y predecir su desempeño. En la segunda edición, de 1978, los autores completan el modelo original focalizando centralmente la atención en los outcomes, es decir, en el rendimiento de las políticas públicas, o en otras palabras, los efectos y las consecuencias de los outputs. Estos estudios que buscaban una teoría unificada de la política a partir de la aplicación a los diferentes sistemas políticos nacionales de las mismas categorías teóricas utilizadas para el caso norteamericano, definieron el perfil del área comparativa para la gran mayoría de los politólogos, y particularmente de los latinoamericanos hasta que surgieron las teorizaciones sobre los regímenes autoritarios desarrollistas de mediados de los 60, y la teoría de la dependencia.
 

En realidad, aquel comparativismo trataba de explicar por qué algunos países no se desarrollaban, tanto política como económicamente. Esos trabajos encarnaban la versión politológica de la sociológica teoría de la modernización (que intentaba identificar a los actores del cambio en las capas medias o el empresariado dinámico) y de la teoría económica del desarrollo (que propugnaba para el Estado un papel activo en la economía). A pesar que esos estudios dotaron de un torrente de energía nunca antes visto en la ciencia política —entre los años 50 y 60 los miembros de la American Political Science Association llegan a 14 mil, y las facultades de ciencia política a 500—, a principios de los 70 sus tipologías fueron muy criticadas, entre otros factores, por incluir casos muy disímiles en una  misma categoría —como los casos de las democracias continentales europeas, o los totalitarismos, por ejemplo—, y por presuponer la validez objetiva del examen funcional también para casos no suficientemente analizados. Pero las críticas hacia el comparatismo ilimitado del que se acusaba a Almond sirvieron luego de advertencia para los más modernos estudios de área y de los modelos de democracia.
 

El último aporte de alcance mundial de G. Almond ha sido el artículo “Mesas separadas: escuelas y corrientes en las ciencias políticas” —en su libro Una disciplina segmentada. Escuelas y corrientes en las ciencias políticas, FCE, México D.F., 1999—, donde postuló que en los años ochenta no hay una mesa central en la que converjan las diferentes vertientes de la disciplina en el mundo, sino que el debate acerca de los temas de estudio o las teorías adecuadas a ellos se da entre diversas corrientes independientes entre sí, aunque todas ellas tienen un mismo y bien definido campo de estudio. “… La inmensa mayoría de los politólogos, ecléctico en cuanto a sus enfoques metodológicos, así como quienes se esfuerzan por controlar la orientación ideológica de la actividad profesional —nuestra «cafetería central»— no deberían conceder a ninguna de estas escuelas el privilegio de escribir la historia de la disciplina. La historia de la ciencia política no apunta hacia ninguna de esas apartadas mesas, sino más bien hacia la porción central del comedor, en donde sus ocupantes son partidarios de metodologías mixtas y aspiran a la objetividad” (53). Su último ensayo, “Foreign Policy and Theology in Ancient Israel” será publicado este año en Estados Unidos como parte de Strong Religions, una serie de libros en la que Almond ha colaborado en sus últimos años. Más allá de las diferencias que podamos tener con él, es indiscutible su valiosísimo aporte y defensa de la ciencia política, desde cualquier ángulo desde el que se lo estudie.
 

Existe toda una tradición sociológica y política que viene desde Platón y Aristóteles, pasa por Polibio, Cicerón, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Montesquieu, Hume, Rousseau, Tocqueville, Comte, Marx, Pareto, Durkheim, Weber, y llega hasta Hans Morgenthau, Raymond Aron,  Robert Dahl, M. Lipset, Rokkan, Giovanni Sartori, Moore y Lijphart, que intentó, y continúa haciéndolo, relacionar las condiciones socioeconómicas con las constituciones políticas y las estructuras institucionales, y asociar estas características estructurales con tendencias políticas en tiempos de paz y guerra.
 

 

¿Realismo o idealismo en la Ciencia Política?
 

 

Existe una tendencia y una controversia intelectual, dentro de diferentes corrientes teóricas modernas de las relaciones internacionales y de la Ciencia Política – considerando que las Relaciones Internacionales como disciplina aun no tienen un siglo de vida- a hablar sobre las corrientes más antiguas, en forma crítica, confundiendo « cosmovisiones » con los marcos teóricos o el objeto central de la teoría.  Hans Morgenthau, padre del realismo moderno en la Ciencia Política y las relaciones internacionales, parece ser el eje central de estas críticas.
 

Para Raymond Aron -un sociológico-histórico-, Morgenthau no considera como central, la variable ideológica, más allá de que este último sí considera a la ideología como una variable, aunque el poder es su variable central.
 

Keohane y Nye lo critican, por ver al poder en términos de « estructura global » y no cómo ellos lo analizan, por « áreas temáticas »; no obstante reconocer, que « hay circunstancias en las que el poder opera como estructura global y otras, como áreas temáticas » (48). Por otra parte, para ellos la ideología no es una variable significativa, pero sí la guerra como instrumento de cambio (49). Le atribuyen, a su vez, una concentración del concepto de poder en lo militar, cuando la definición central de poder para Morgenthau es sobre el « poder político » al considerar que las relaciones « cotidianas » no se basan en la fuerza, sino en la « influencia », por lo que es posible que haya un poder político y un poder « material », sea éste económico o militar.
 

En general, las críticas de los teóricos, tienen que ver con perspectivas diferentes, con variables diferentes, o con variables que agregan y que otros no consideraron, o con metodologías diferentes (51). Pareciera no reconocerse que hay algún « fenómeno central » que llama la atención de los teóricos, alrededor del cual centran su concepción teórica: Morgenthau el poder, Aron, la influencia de la ideología y las características societales; Keohane y Nye el impacto producido por la OPEP en los ’70 y una forma atípica de operar el poder, procurando substituir al realismo con lo que ellos llaman « interdependencia compleja »; Morton Kaplan, una perspectiva « totalizadora » u « holistica » de la Política y las relaciones internacionales, bajo el concepto de « sistemas de acción ».
 

Existe una frecuente confusión respecto del significado del realismo. Particularmente porque se lo confunde con una teoría. El hecho de que autores como Hans Morgenthau hayan desarrollado una teoría realista, no significa que lo hayan hecho sobre el realismo. La teoría de Hans Morgenthau fue desarrollada sobre el poder, desde una cosmovisión realista.
 

Realismo e idealismo son cosmovisiones, no teorías. Platón fue idealista filosóficamente –mito de las cavernas-. Aristóteles fue realista, al igual que Machiavello y Hegel.
 

El idealismo, visto a través del mito de las cavernas de Platón, muestra que el conocimiento no es la resultante del « condicionamiento del objeto sobre el sujeto », sino a la inversa. Resulta de la representación –imagen- que tenemos de las cosas, más que de lo que las cosas son en sí. El realismo, por el contrario, considera que « el objeto condiciona al sujeto ». El realismo, más allá de la « idea » que tenga sobre cómo debe ser –perspectiva idealista- considera que la « realidad », tiene vida propia, tiene una « lógica » propia y debe ser descubierta, a los efectos de explicarse su comportamiento y saber cómo actuar sobre ella.
 

Los autores que apuntan a que el realismo es una perspectiva teórica se equivocan. Lo hacen aún más, toda vez que consideran que el realismo de autores como Morgenthau, se basa en el poder militar y en el conflicto armado. Keohane y Nye (52)-entre otros- desarrollaron toda su teoría bajo este criterio erróneo.
 

Basta leer atentamente « Política de Poder entre las Naciones: La Lucha por el Poder y por la Paz » de Hans Morgenthau, como para tener en claro que la definición de poder, no se basa en lo militar, sino que apunta a lo político, en términos de influencia psicológica, y hace una clara diferenciación entre poder como influencia –político- y poder material, que puede ser militar o económico.
 

Por otra parte, también resulta claro que su desarrollo teórico, es sobre el poder, bajo una perspectiva u óptica realista, que se desprende con total claridad del primero de los 6 principios, alrededor de los cuales elabora toda su teoría.
 

Realismo e idealismo, como cosmovisiones, han existido siempre y seguirán existiendo como un debate interminable al interior de la Ciencia Política y las Relaciones Internacionales, ya que depende de la perspectiva que se adopte –desde dónde uno se pare para observar la realidad- para comprender, explicarse y operar sobre la realidad.
 

Los idealistas han sido los dominantes, ya que ha habido una gran influencia de su perspectiva. Las Relaciones Internacionales como Política Internacional, son algo moderno, reciente. Nace con el siglo XX, ya que, con anterioridad, las Relaciones Internacionales eran el « Derecho Internacional », visión jurídico-idealista. Recién con la finalización de la primera guerra mundial y el fracaso de la Sociedad de Naciones para mantener la paz, es que el realismo –en lo internacional- se fortaleció y planteó la necesidad de abandonar la postura de estar de « espaldas » a la realidad –deber ser- y considerarla como algo que tiene vida propia, lógica propia. Este es el origen del « realismo » de Morgenthau, y el objeto central de su planteo.
 

En el sistema internacional de la post primera guerra mundial, los principales líderes y gobernantes occidentales, seguían insistiendo en soluciones jurídico-idealistas: la Sociedad de Naciones, como instrumento capaz de lograr el ideal de « nunca más la guerra ». Además pretendían sostener un sistema internacional multipolar, cuyo eje de poder estuvo durante más de cien años centrado en Europa, cuando este sistema, estaba agotado y ya « no quería seguir viviendo ». El poder se había desplazado fuera de Europa, hacia Estados Unidos, Japón y Rusia, potencia europea que se transformaría en 1923 en la URSS.
 
El resultado de esta ceguera y a la vez « espejismo » de la configuración mundial, fue la crisis del 29/30 y la segunda guerra mundial, con intermedios como la invasión por parte de Italia a Etiopía, las de Japón a China en dos oportunidades, una de las cuales -1936- creó un nuevo Estado que llamó « Manchukuo » y que fue reconocido por la S. de N.; la invasión de la URSS a Finlandia en 1939; sin que el organismo internacional nada pudiera hacer para sancionar o para mantener el orden.
 

Este tremendo fracaso del idealismo-juridicista fortaleció la tesis de los realistas, que, reitero, siempre existieron, pero no tuvieron poder de convocatoria como para plantear su perspectiva. Morgenthau, considerado padre del realismo en relaciones internacionales, discípulo del presbítero alemán, Reinhold Niebhur, padre de la « Macht-Politik », advirtió a los « idealistas » sobre su error de vivir de « espaldas » con la realidad pensando exclusivamente en el « deber ser » sin importar el « ser » que la realidad misma tiene en la práctica.
 

A la visión « atomista » de la realidad por parte de autores, como Morgenthau, Raymond Aron y otros, sobrevino una perspectiva « totalizadora », que proponía observar a la realidad como un todo. Los idealistas también plantearon una visión totalizadora, y generaron la perspectiva sistémico-funcionalista frente a los sistémicos-estructurales que provienen del realismo y consideran al poder como una variable importante –la estructura es la configuración de poder vigente o emergente-.
 

Autores como Kenneth Waltz, o como Stephen Krasner, entre otros, son realistas, pero evolucionaron hacia perspectivas totalizadoras, al plantearse marcos teóricos sistémico-estructurales.
 

Lo significativo de la evolución del debate teórico y epistemológico, ha sido que no se ha frenado el conocimiento bajo esquemas de conjunciones desintegradoras y estancas, como « o », que plantean una visión u otra de manera excluyente, sino con conjunciones integradoras, como « y » que « sumaron » perspectivas teóricas y metodológicas, para mejorar el conocimiento y explicación de los hechos y fenómenos de la internacional.
 

El problema con las teorías de la Ciencia Político, es que muchos toman partido por una u otra, como si apuntalaran un punto de vista o una ideología, en vez de considerarlas como complementarias de una aproximación científica a la verdad. Una cosa es la concepción del decisor o el analista y otra es el debate teórico-epistemológico.
 

Por otra parte los teóricos, como los decisores, apuntan a una visión de la realidad orientada a la estabilidad y no al cambio. El cambio parece dar la sensación de inestabilidad, incluso quien lo provoca, de tener conductas « subversivas ». No obstante, los que están disconformes con el estado de cosas, o la inserción en la que se encuentran, procuran modificar su status, por lo que generan « desorden », en aras de obtener una mayor justicia a sus aspiraciones, en función de su capacidad de poder. No tienen conductas « statuquistas », sino reformistas.
 

Lo que les preocupa fundamentalmente a los teóricos y a los que toman decisiones siguiendo una concepción teórica, es el orden en términos de status quo, pero no un orden considerado como dinámico. La idea de orden, más allá de « estabilidad », no implica inmovilidad, perpetuación; sino movilidad y cambio entre parámetros.
 

Poder no es lo que dice Morgenthau o Keohane y Nye, o Krasner o Galtung, etc., sino un concepto « multívoco », donde los autores anteriores hicieron aportes significativos.
 

Sin embargo, las concepciones jurídico-idealistas, bajo el esquema actual sistémico-funcionalista, mantienen su poder de observar y operar sobre la realidad y, en vez de actuar como un complemento de la perspectiva realista o sistémico-estructural, mediante la que se podría observar que se « institucionaliza » lo que el poder alcanza en los hechos, se pretende mostrar que el orden es la resultante de una « convergencia de voluntades » dentro de un determinado marco institucional y normativo.
 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
 

 

Chatelet, F., Duhamel, O., Pisier, E.: HISTOIRE DES IDEES POLITIQUES.  Paris, 1989.  PUF.
 

Historia de la Humanidad Larousse.  Madrid, 2004.
 

Pastor, M.: CIENCIA POLITICA.  Madrid, 1991.  McGraw-Hill.
 

Touchard; J.: HISTOIRE DES IDEES POLITIQUES. (2 vols.) Paris, 1988.  P.U.F.
 

política, globalización y educación – la transición hacia nuevos paradigmas

 

DOS TRANSICIONES PARA UN CAMBIO GLOBAL
 

El orden mundial –desde mediados del siglo xx- está en pleno proceso de mutaciones, en pleno cambio de paradigmas.  Probablemente la frase que mejor sintetiza el momento histórico que vive hoy la humanidad es que nos encontramos no solo en una época de cambios sino que sobre todo asistimos a un cambio de época.
 

Y los cambios estructurales a los que está asistiendo la sociedad contemporánea se pueden definir y sintetizar en dos fórmulas generales, que aquí pueden tener el carácter de hipótesis de trabajo:
 

1°  nos encontramos en un momento de evolución en el que el orden mundial ha ingresado en una era de hegemonía unipolar de carácter imperial en la que la globalización no es más que una forma de materializarse esa hegemonía; y
 

2° que la sociedad en su conjunto avanza desde una cultura material basada en los valores tradicionales de la modernidad, hacia una cultura basada en el conocimiento y en el saber.
 

Agreguemos que Chile, además se encuentra precisamente en una etapa paralela de transición hacia la modernidad. En efecto, y siempre ubicados en una perspectiva temporal del largo plazo, podemos sustentar la hipótesis de que la sociedad chilena se encuentra -desde mediados del siglo XX- en una prolongada fase de transición desde una cultura tradicional a unha cultura con rasgos modernos.  El ingreso de Chile a la modernidad, al igual que las demás sociedades latinoamericanas, se produce en condiciones en que nuestro país se sitúa como una sociedad subdesarrollada y dependiente.  
 

Por lo tanto, el cambio fundamental que caracteriza a la sociedad contemporánea es el de una profunda y prolongada transición desde una sociedad basada en el trabajo físico, el consumo de las energías no-renovables y una cultura tradicional, hacia una sociedad basada en el conocimiento, en la circularidad de la información y en el despliegue de una cultura moderna y post-moderna esencialmente materialista e individualista.
 

¿Qué es lo que está siendo cuestionado por este cambio estructural al cual estamos asistiendo como sociedad y como sistema-planeta?
 

Tres aspectos que nos interesan.
 

A fuerza de no pretender poner el acento en los aspectos negativos, cabe subrayar que asistimos a tres formas de crisis.  Asistimos a una crisis de la Política tradicional.  Asistimos a una crisis del orden mundial anterior.  Asistimos a una crisis de los paradigmas anteriores de la comunicación y del conocimiento.
 

I.  CRISIS DE  LA POLITICA TRADICIONAL
 

Se ha vuelto un lugar común criticar a la Política en nombre de la crisis de la política tradicional.   La política como forma social de actividad intelectual y práctica dirigida a pensar y gobernar la sociedad hace crisis en la medida en que percibimos que los términos de referencia de la relación entre las instituciones y la clase política por un lado, y la ciudadanía por el otro, están cambiando radicalmente.
 

La Política, como práctica social y como universo simbólico, ha entrado en crisis, como una de las consecuencias de los múltiples impactos provenientes de la modernización.
 

La percepción ciudadana respecto de la Política está cada vez más degradada y deslegitimada, y este es un fenómeno que trasciende las fronteras nacionales para abarcar el conjunto de la sociedad y los sistemas políticos contemporáneos. Por lo tanto, la afirmación de que la Política, los partidos y la clase política han entrado en una prolongada crisis de legitimidad y credibilidad en la sociedad actual, no es básicamente un “argumento ideológico sesgado” –aunque pueda serlo en boca de ciertos políticos detractores de sus demás adversarios- sino que es un tópico respaldado por un cúmulo creciente de indicadores, entre los cuales las encuestas de opinión pública no son más que un factor.
 

La política tradicional se ha hecho no creíble, ha perdido la centralidad de su atractivo anterior.
 

La crisis de la Política es, a la vez, una crisis de la acción política, como una crisis de la percepción pública acerca de ella, es decir, de la cultura política.
 

El creciente predominio del discurso y las prácticas individualistas, y la búsqueda del éxito y la realización personal, y la notoria des-solidarización de los ciudadanos respecto de la sociedad en general y del sistema político en particular, son manifestaciones exteriores de una tendencia profunda que tiene lugar en la época contemporánea: la tendencia hacia la modernidad.
 

La modernidad –como tendencia estructural e ideológico-cultural dominante- se introduce en el sistema político, generando un efecto disolvente y desarticulador, de manera que las fuerzas, partidos y actores políticos tradicionales se ven enfrentados a la creciente tensión ocasionada por nuevos problemas y nuevas aspiraciones y demandas provenientes de una sociedad civil cada vez más culturalmente diversa y socialmente diversa.
 

Probablemente, uno de los rasgos más significativos que denotan la crisis de los paradigmas políticos, y la propia crisis de la Política (como práctica social), reside en la pérdida de su anterior centralidad en los procesos sociales.
 

En efecto, la Política aún cuando continúa siendo uno de los procesos sociales y culturales relevantes que tienen lugar en una sociedad histórica. Sin embargo, como efecto e impacto de la modernidad, ella ha perdido su centralidad siendo aparentemente sustituída por otros liderazgos, otros intereses ciudadanos, otras formas organizativas y comunicacionales, y se ha convertido gradualmente, en objeto de crecientes críticas generando una percepción social negativa en torno suyo.
 

Probablemente lo más serio es que la Política, y por ende, la clase política, parecen dejar de ser el mecanismo único, seguro y válido de resolución de los problemas y las demandas de la ciudadanía, siendo parcialmente reemplazada por la Economía, por la tecnocracia y por la Administración.
 

Esta transposición da como resultado que la Política pierde su atractivo mediático ante las multitudes, así como su capacidad de convocatoria social: los ídolos y líderes que atraen a los grandes colectivos modernos –cuando ellos existen realmente- ya no son los dirigentes políticos, y los símbolos políticos e ideológicos dejan de tener un poder de evocación y de representación simbólica significativa.
 

La Política –como forma de pensar la sociedad- parece desvanecerse en el universo mediático, sustituída o relativizada por otros universos simbólicos y valóricos.   Tampoco resultaría científico atribuir éste fenómeno a la exclusiva responsabilidad de “los políticos”, por más que sobre ellos cae una nebulosa de descrédito moral.
 

La crisis de la Política, es en realidad, la crisis de la política tradicional, y ella traduce en el plano de las instituciones y de los procesos políticos la crisis general que acompaña a la transición desde una sociedad anteriormente basada en valores y formas tradicionales de hacer política, hacia una sociedad en la que predominarían códigos, valores, modelos y formas organizativas modernas.
 

Aquel paradigma tradicional que hacía de la Política una actividad a la vez, elitista y masiva, basada en el contacto directo y paternalista entre el político y la ciudadanía, en grandes movilizaciones masivas evocadoras de la unidad de la nación, la clase o el partido, que generaba relaciones de dependencia y cooptación entre la clase política –otorgadora de bienes, servicios, favores y privilegios- y la ciudadanía –demandante y receptora de los beneficios que descendían desde las esferas políticas y del poder- en términos de clientelismo y caciquismo, ese paradigma está siendo gradualmente barrido o superado por una Política moderna o con rasgos modernos basada principalmente en los efectos mediáticos y de imagen, en la capacidad individual del político para alcanzar cobertura y presencia comunicacional, en la profesionalización de la actividad política y dirigente, en la ingeniería de los escenarios políticos virtuales, potenciados por la aceleración del tiempo, por el manejo de la comunicación y sus contenidos, y por la circulación instantánea de la información, de manera que ésta última deviene el poder.
 

II.  CRISIS DEL ORDEN MUNDIAL Y GLOBALIZACION
  Al mismo tiempo, a nivel mundial, el sistema internacional ha entrado también en una época de turbulencias y de incertidumbres.  Terminada la bipolaridad Este-Oeste de la segunda mitad del siglo XX, ahora hemos entrado en una época –cuyo término en el tiempo no podemos prever-  caracterizada por la hegemonía global del imperio estadounidense, en términos de unipolaridad.
 

Y esta hegemonía global se acompaña de una tendencia profunda que aparece desde fines del siglo XX de expansión de los intercambios que se ha denominado “globalización” o “mundialización”.  Para los efectos de este ensayo definimos la globalización como una tendencia profunda del desarrollo contemporáneo que apunta hacia la expansión y complejización de los intercambios, de los flujos y de los significados a escala mundial, transformando al orbe en un sistema-planeta.
 

Redes y estructuras de la globalización
 

La estructura piramidal y asimétrica de la globalización (pirámides de empresas y asimetrías de capitales, pirámides de mercados y asimetrías de recursos…), se articula alrededor de cuatro componentes fundamentales:
 

a) un conjunto de empresas y corporaciones globales (de carácter industrial, financiero y comercial), cuyas estrategias y mercados se planifican a escala planetaria y también a escalas espaciales menores (continentes, regiones de continentes, países, regiones de países, sub-mercados…);
b) un conjunto de espacios geo-económicos constituidos y articulados como mercados, a diferentes escalas y con diversos niveles de dinamismo;
c) un conjunto de entidades supranacionales cada vez más interdependientes entre sí, y que tiende a configurar la nueva arquitectura económica y jurídica global;
d) un conjunto de instituciones internacionales que tienden a constituir la estructura política global del futuro.
 

La asimetría caracteriza a estos cuatro subsistemas componentes: son asimétricas las relaciones entre las empresas y corporaciones globales y sus empresas nacionales y locales relacionadas, proveedoras y/o maquiladoras; son asimétricos, desiguales, los mercados, al interior de los cuales con frecuencia los consumidores se ven desprotegidos frente a la omnipotencia del monopolio, del oligopolio y de sus estrategias de marketing, y donde los mercados locales se ven invadidos por la presencia avasalladora de empresas nacionales o redes transnacionales que apuntan a dominar mercados en términos de hegemonía excluyente.
 

Del mismo modo, es asimétrica en realidad la estructura y la acción de las entidades supranacionales que dominan el proceso globalizador.  Entidades internacionales, con diversos grados de institucionalización, como la OMC, el G-8, el Foro Económico de Davos, la APEC, el FMI o el Banco Mundial, operan en realidad como factores institucionales de apoyo a la expansión de las corporaciones globales, por la vía de estimular política, jurídica e ideológicamente el libre comercio y la mayor apertura de los mercados.
 

La lógica asimétrica de la globalización encuentra su punto culminante en la desigualdad básica que se inscribe en las instituciones internacionales como Naciones Unidas, la OMC, el FMI, el Banco Mundial o la OTAN, cuya función estratégica en este nuevo ordenamiento mundial se dirige a otorgar fundamento político, financiero y/o militar a las tendencias globalizadoras.
 

Los soportes materiales de la globalización
  Los procesos globalizadores son posibles gracias a la articulación de un marco de soportes materiales, que se combinan con los soportes ideológicos que la justifican e impulsan.
 

Estos soportes materiales son a lo menos tres:
 

a) las cada vez más amplias y diversificadas redes satelitales de información y de intercambio, las que tienden a virtualizar los mercados y los flujos de bienes y servicios, sin reemplazar su materialidad;
b) los sistemas informáticos de archivo, tratamiento, manipulación y transferencia de data, conocimientos e información, que se ven reforzados por la expansión exponencial de su acceso y uso y por la miniaturización de los artefactos y soportes;
c) las redes financieras, bancarias y bursátiles, que permiten fluidizar, agilizar los movimientos e intercambios de capitales, de plusvalías, a través de las antiguas fronteras nacionales y continentales, ampliando la escala –y el tiempo espacio- de los flujos de capital y concentrando su acumulación desigual.
 

Visto desde este punto de vista, la globalización opera sobre la base de una formidable estructura satelital de redes informáticas, que aceleran los intercambios, relativizan las fronteras, cuestionan las soberanías y dejan obsoletos los marcos legales nacionales.
 

Veamos la cuestión desde la perspectiva einsteniana del espacio-tiempo: mientras los espacios geo-económicos tienden a expandirse en alcance y escala y a reducirse en velocidades de desplazamientos (de bienes, de capitales, de personas, de servicios), los tiempos de intercambio van disminuyendo hasta el punto de la instantaneidad, de la virtualidad inmediata.  Desde el punto de vista económico mientras se multiplican los intercambios, se concentran los flujos hacia los centros económicos de poder global, se aceleran y se acortan los tiempos entre el diseño, la producción y el consumo, entre la compra y la venta.
 

La globalización en cuanto forma actual de expansión del capitalismo es debida esencialmente a un conjunto de mutaciones tecnológicas que permiten la rápida transferencia de capitales y la gestión industrial flexible; a la extensión de las redes de inversores y firmas comerciales establecidas por las firmas transnacionales y globales; al desarrollo creciente de bloques comerciales regionales apuntando a crear economías continentales de escala; a los avances en las negociaciones sobre la liberalización del comercio internacional; a la liberalización de las economías en vías de desarrollo y suministradoras de materias primas. 
 

Pero, la globalización no es solamente una mundialización del sistema capitalista debido a la transnacionalización del capital, la circulación acelerada de los productos y a la deslocalización de la producción; es además, una forma actualizada de invasión del campo social por el capital, mediante la normalización de las redes económicas, a la mercantilización de los servicios, de la ciencia y de la cultura y en particular, a través del surgimiento de nuevos centros de poder geo-económicos no estatales y no territoriales, favorables a la acción expansiva de las corporaciones globales, centros de poder hegemónico que tienden a emanciparse de la tutela de los Estados y las soberanías nacionales.
 

Los soportes ideológicos de la globalización
 

Pero, la globalización no es solamente una red de redes piramidales, o una tendencia asimétrica del desarrollo contemporáneo, o una estructura mundial de poderes económicos y políticos articulados.  La globalización se presenta a sí misma, tiende a presentarse y a justificarse a sí misma, como una realidad ineludible, como un proceso que no tiene vuelta a atrás, como una locomotora a alta velocidad de la que es imposible bajarse. 
 

Es decir, la globalización posee, produce, reproduce y transmite su propia ideología, ella misma opera como una poderosa ideología comunicacional e intelectual, como un pensamiento único, que instala en el espacio público su propio lenguaje neoliberal o neo-conservador, que pone de moda ciertos conceptos (como mundialización, flexibilidad, gobernabilidad, empleabilidad, desregulación, nueva economía, economía del conocimiento, postmodernidad…) y que deja en las sombras del olvido, de la obsolescencia o de la impertinencia a otros conceptos develadores (como capitalismo, poder global, imperio, plusvalía, desigualdad, etc.).
 

Los riesgos del discurso único que verbaliza esta ideología única o pretendidamente única, residen precisamente en la creencia de que los dogmas de la globalización capitalista en marcha, constituyen artículos de fé intocables, afirmaciones absolutas de una “nueva vulgata planetaria” (como dice Pierre Bourdieu) y que resulta operar en la realidad social como un delicado, poderoso y sutil tamiz incluyente y excluyente de lo que es permitido o no dentro de la ideología del poder.  Foucault dice que “la verdad está ligada circularmente a sistemas de poder que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que inducen y la prorrogan. Un régimen de la verdad
 

La ideología de la globalización funciona hoy como una lógica medieval y totalitaria, solo que ahora parece estaríamos entrando en realidad en la edad media de la modernidad, ya que presenta y asume sus verdades como dogmas, como la verdad única, incontrastable, absoluta, en la que el dios-mercado o el dios-dinero sacrifican  en su altar virtual las identidades locales, regionales y nacionales, las especificidades humanas, las particularidades identitarias, en nombre de la eficiencia, de la productividad, de las metas estadísticas y de la rentabilidad, sin importar mayormente los efectos individuales en términos de estrés y depresiones, y los efectos colectivos en términos de desigualdad, marginación y acumulación social de frustraciones.
 

El paradigma de la globalización –cuyos acentos económicos neo-liberales se combinan con el enfoque político neo-conservador- opera como una sutil maquinaria de desmemoriación de las historia particulares y de las economías anteriores.  Los paradigmas económicos pretéritos del colonialismo interno, de la marginalidad estructural, de la dependencia, de las relaciones centro-periferia, del imperialismo económico y financiero, habrían quedado obsoletos en cuanto ineficaces para responder a los “nuevos desafíos” de la modernidad y la post-modernidad globalizadora.
 

La liturgia de esta nueva religión única, totalitaria y totalizadora sucede cotidianamente en los mercados; el mercado es el altar sagrado de la globalización, de sus causas y de sus efectos, de sus formas y de sus contenidos; el mercado es el sancta-sanctorum donde se guardan y adoran las tablas de la ley (los tratados de libre comercio, las liberalizaciones aduaneras, las políticas desreguladoras, las prácticas privatizadoras, los códigos empresariales, los Estados subsidiarios).
 

A este nuevo Baal intocable, se le rinde pleitesía en los medios de comunicación, en todo el espacio público, en las políticas públicas y en la vida cotidiana de las personas: este dios-mercado o el dios-dinero omnipotente todo lo decide, todo lo ordena, todo lo organiza.
La globalización se presenta como modelo, cuando no es más que una etapa, una etapa transitoria de la evolución capitalista mundial, y la imagen comunicacional, esa poderosa mercancía que participa en el proceso de acumulación del capital por la vía de su realización y de su reificación, le sirve como soporte ideológico y virtual.    Dos parecen ser los dogmas constitutivos del nuevo catecismo político-económico: la idea de que el libre comercio constituye la vía principal y privilegiada a través de la cual se lograría el progreso, el crecimiento y el desarrollo; y la noción de que el desarrollo económico, base material del progreso social, resultará después del logro de un crecimiento económico basado prioritariamente en la apertura de los mercados al libre intercambio, sobre la base del uso intensivo de ciertas ventajas comparativas y competitivas.
 

Lo potente del proceso globalizador consiste, entre otros factores, en que este discurso ideológico se instala en los imaginarios colectivos y en las elites dominantes de las sociedades, sino que además, se inscribe en los territorios y espacios geo-económicos, transformando la totalidad del sistema-planeta en mercados segmentados, que deben obedecer a una lógica única y a patrones de comportamiento económico pre-establecidos.
 

III.  CRISIS DEL PARADIGMA DE LA COMUNICACIÓN
Y DEL CONOCIMIENTO
 

La Escuela de Frankfurt a principios del siglo XX, fue la primera visión intelectual que puso en cuestionamiento los paradigmas tradicionales de la comunicación.  Postulaba, a través de Horkheimer y Adorno, que la  industria cultural es uniforme,  que su tecnología simboliza y reproduce el sistema de dominación, que trasforma los productos culturales en mercancías, que tiende a degradar la cultura, que sirve como instrumento de dominación ideológica, que desublima el arte y que se fusiona técnica y económicamente con la publicidad. Estas afirmaciones paradigmáticas, sin embargo han debido ser repensadas.
 

Desde la segunda mitad del siglo XX, asistimos a un serio cuestionamiento a las teorías anteriormente predominantes en materia de comunicación.  En particular, la “escuela de Birmingham” formula una síntesis de las teorías críticas de diversas procedencias, disciplinas y epistemologías para aplicarlas al estudio de fenómenos comunicativos. Su objetivo principal es el estudio de la cultura de la sociedad contemporánea así como la relación que existe entre los medios y la sociedad de masas.
 

El primer postulado que surge desde allí es que se niega la noción de aceptar a los medios como vehículo de significación transparente, es decir sin significados ocultos o implícitos.   Por el contrario, el nuevo paradigma comunicacional pone especial énfasis en la estructuración lingüística e ideológica del mensaje, ambas preocupaciones tomadas de la Semiótica.
 

En segundo lugar, el nuevo paradigma comunicacional rechaza un concepto de la audiencia entendida como un ente pasivo e indiferenciado remplazándola con concepciones más activas, en las que se asume que la audiencia no solo es receptora de conocimientos e información, sino también juega un rol activo en la producción y reproducción de la información.
 

Además, ponen atención a la encodificación y las variaciones de las descodificaciones de la audiencia.
Y finalmente, a nivel de las ideologías, nuevamente traen a la discusión teórica la función de los medios en la diseminación, definición y representación de las ideologías dominantes.
 

La crisis de los paradigmas comunicacionales
 

A su vez, la escuela de Palo Alto llamada también como « el colegio invisible” y conformada por pensadores como Gregory Bateson, Edward Hall, Paul Watslawick, Erving Goffman, se distingue porque adopta conceptos y modelos de la teoría sistémica, pero también de la lingüística y la lógica, y porque intentan dar cuenta de una situación global de interacción y no sólo estudiar algunas variables tomadas aisladamente.
 

La comunicación es estudiada como un proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento: la palabra, el gesto, la mirada, el espacio interindividual. En este modelo la comunicación se concibe como un sistema de canales múltiples en el que el autor social participa en todo momento, lo desee o no: su mirada, su actitud, comportamiento y hasta el mismo silencio. Como miembro de una cultura forma parte de la comunicación, así como el músico forma parte de la orquesta. Pero dentro de esta extensa orquesta no existe un director ni una partitura (código escrito) cada uno toca poniéndose de acuerdo con el otro.
 

El postulado comunicacional de esta escuela se basa en tres hipótesis: 1ª La esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción (los elementos cuentan menos que las relaciones que se instauran entre ellos); 2ª Todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo (las relaciones, que se corresponden y se implican mutuamente, pueden enfocarse como un vasto sistema de comunicación), observando la sucesión de los mensajes reubicados en el contexto horizontal (la secuencia de los mensajes sucesivos) y en el contexto vertical (la relación entre los elementos y el sistema), es posible extraer una lógica de la comunicación; y 3ª Los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones de la comunicación entre el individuo portador del síntoma y sus allegados.   
 

La escuela de Palo Alto enfatizó sobre dos aspectos comunes y de importancia entre la comunicación interpersonal y la mediada « reconocimiento y generación de espacios a partir del factor relacional que es común a todo proceso comunicativo ». Es decir, las respuestas que el actor social encuentra a sus preguntas referidas: quién soy y quiénes somos, están impregnadas de significación espacial y varían según el sistema de redes que se invoque en este ejercicio de autoidentificación.
 

Lo que está en crisis es el paradigma positivista de las Ciencias clásicas y sus modos de conocer pero no un nuevo paradigma epistémico que en su multiplicidad y descentramiento concibe una ciencia más humana, más humilde, más relativa y más crítica. (Martínez, 1999)  En el campo de las Ciencias de la Comunicación el salto hacia lo transdiciplinar, ha significado en las dos últimas décadas no sólo el cuestionamiento del paradigma del modelo de comunicación unilateral de Laswell sino un enriquecimiento téorico- práctico de la investigación devenido de enfoques de la antropología, la historia, la economía política, la etnografia y la sociología crítica que han comenzado a interrogar los problemas de la comunicación desde otras ópticas como la de los movimientos culturales y las mediaciones simbólicas, porque más que desde los objetos (medios) o desde los sujetos (emisores/receptores) se aborda el problema de las subjetividades y los discursos sociales.
 

Sin embargo, el campo de la comunicación no escapa a las contradicciones que plantea la crisis de los paradigmas, y los avances teóricos logrados con enfoques más abiertos y flexibles se han visto acompañados de la aparición de planteamientos que devienen de una matiz teórica neopositivista, la cual ha resurgido a mediados de los setenta y se ha extendido en las décadas de los ochenta y los noventa con los enfoques gerenciales y la comunicación organizacional, así como con la teoría informacional, derivada de la cibernética, aplicada al estudio de los procesos de transmisión de información mediante computadoras.
 

En el fondo de esos enfoques se encuentra la teoría general de los sistemas, del biólogo Ludwing Von Bertalanffy (Mattelart, 1997:44), según la cual la información y sus procesos de transmisión y control en el seno de las organizaciones contribuyen a que los mismos funcionen, se regeneren, se institucionalicen y sobrevivan. Al trasladar el concepto de sistema a las organizaciones sociales y al pensar que todos los sistemas bien sea físicos, biológicos, psicológicos y sociales tienen características similares y pueden trabajar con un mismo modelo de análisis se confluye con las propuestas funcionalistas de la teoría de Talcott Parsons sobre los sistemas.
Según Lilienfeld (1984), la teoría de los sistemas concibe que el estado característico de los sistemas abiertos es su constante interacción con el entorno, con el cual mantiene una situación constante de equilibrio a pesar de que las entradas y salidas de información al sistema pudiesen producir transformaciones en sus partes. El concepto de estado constante de todo sistema abierto, es tomado de las leyes termodinámicas de la física, según las cuales el equilibrio de un sistema, su permanencia en un estado constante a pesar de estar abierto al entorno, depende fundamentalmente del suministro de energía. En el fondo todo enfoque sustentado en la teoría de los sistemas busca siempre el equilibrio.
 

En una visión más moderna, Niklas Luhmann aporta su teoría que considera a la sociedad como un sistema abierto que comprende no sólo los procesos evolutivos del hombre sino su proyecto de futuro, como un sistema dinámico pleno de significaciones dialógicas pero acompañado de un desarrollo tecnológico que si bien presenta peligros para la especie humana también contiene la esperanza y el futuro de la misma. (De Oliveira, 1992).
Aunque Luhmann busca abordar lo social de una manera más integral que las teorías clásicas lo hace desde la propuesta de la teoría de los sistemas, según la cual la sociedad es un sistema que se autogenera y autorreproduce, un sistema complejo integrado no tanto por individuos sino por la comunicación y determinado por la producción de sentido (Burkle, 1994:127-141).
 

El cientificismo sistémico que acompaña este pensamiento y que busca abordar la globalidad, las interrelaciones de los elementos que conforman al todo y la complejidad de los sistemas como conjuntos dinámicos y cambiantes, aplicado al campo social penetró primero en las ciencias políticas para luego incursionar en el campo de las ciencias de la comunicación a partir de Laswell, cuando se estudia cómo los medios y la información intervienen en la formación de las decisiones políticas y cuando se aborda el problema del feed-back o comunicación de retorno en su función de retroalimentación y regulación del sistema. (Mattelart, 1997).
 

En la actualidad, ese cientificismo sistémico ha servido de apoyo a teorías sobre las sociedades tecnológicamente avanzadas que analizan las innovaciones sociales y los procesos informáticos y electrónicos producidos en la sociedad de la información y a teorías sobre el análisis sistémico de las organizaciones modernas y sus estudios gerenciales; las cuales continúan dependiendo fuertemente de las derivaciones teóricas de la biología y la física al considerar a la categoría “sistema” como una realidad fija, determinada por funciones y disfunciones controlables, que aunque en sus visiones más progresistas incluyen al concepto de “sistema abierto”, y con ello plantean una divergencia con la física clásica, no transgreden la matriz teórica propia del pensamiento científico positivista.
 

Frente a ese resurgir de un nuevo neopositivismo que acompaña a las visiones optimistas sobre la cultura organizacional y el papel del crecimiento exponencial de la información en las sociedades modernas, sobre todo con el desarrollo de las tecnologías de la información, aparece un nuevo pensamiento más holístico y global que en su oposición con el positivismo modernista busca radicalizar la reflexión y aboga por un pluralismo metodológico.
 

En los años noventa, la fuerza del pensamiento posmodernista en las Ciencias Sociales parece tender hacia esa dirección, la de la confluencia, la interdisciplinaridad, la del alejamiento de la racionalidad científica encerrada en las fronteras del positivismo lógico, la de la vuelta de la ciencia hacia la vida humana, la de la reflexión profunda para derrumbar o validar viejos argumentos.
 

Esa “síntesis creativa”, según la definición de Enrique Sánchez (1992) se sustenta en la teoría de las apropiaciones dialécticas, en la reflexión teórica, en el pluralismo disciplinario y en la confluencia metodológica como vías para comenzar una tarea de recomposición del pensamiento científico del siglo XXI que deberá arrancar de la transgresión de teorías,  paradigmas, modelos y enfoques metodológicos para poder iniciar la construcción de otras teorías con fundamentos filosóficos, éticos y epistemológicos críticos, desde lo real-global y con enfoques más holísticos, integrales y sinérgicos.
 

Los riesgos que implican esa nueva aproximación a la realidad desde una perspectiva distinta, nos obligan como investigadores de la comunicación a retomar la investigación teórica para ejercer una vigilancia epistemológica que hoy resulta fundamental para reconstruir los campos del saber comunicacional que han estado fuertemente influenciados por enfoques metodológicos y teóricos propios del neopositivismo.
 

Por su parte, la confluencia de nuevos enfoques en la constitución de paradigmas transdiciplinarios en el campo de la comunicación nos plantea la necesidad de mantener una apertura para mirar los fenómenos comunicacionales desde la historia, la cultura, la economía, la antropología y en ese juego de apropiaciones dialécticas poder acercarnos a problemas concretos que nos permitan una reflexión teórica más humanizada y menos instrumental.
 

La corriente de investigación latinoamericana ha empezado a llamar la atención sobre la necesidad de indagar la realidad comunicacional sin miedo a las aproximaciones empíricas, útiles para contrastar teorías, sin olvidar por ello las visiones críticas, de reconstrucción; en este planteamiento han coincidido los mexicanos Enrique Sánchez (1997), Raúl Fuentes (1997) y José Carlos Lozano (1994), entre otros.
 

Comunicación y globalización
 

 Por otra parte, observamos que la tendencia de la globalización, hacia la mundialización de los intercambios de bienes materiales y simbólicos, está introduciendo cambios estructurales profundos en la esfera de la producción, reproducción y circulación de la información y del conocimiento.
 

A medida que las redes de la globalización se extienden por el mundo y dentro de las sociedades, el conocimiento y la información van adquiriendo una capacidad de virtualizarse y de expandirse en forma creciente.   Virtualización y expansión son dos aspectos de una misma tendencia a hacer del conocimiento y de la información que lo contiene, un componente cada vez más importante, influyente y decisivo en los procesos productivos, en los procesos cognitivos y en los procesos pedagógicos.
 

Se ha difundido la idea de que la información y el conocimiento se están convirtiendo en datos horizontales, es decir, que se difunden a mayor velocidad y a un creciente número de individuos en nuestra sociedad contemporánea.  Esta no es más que una parte de la verdad. 
 

Para comprender este fenómeno de la expansión del conocimiento y la información, necesitamos de dos conceptos: el de asimetría y el de segmentación. 
 

La noción de asimetría –una vez más- nos permite comprender que los procesos de producción, reproducción y circulación de la información y del conocimiento, acelerados por la expansión física de las redes de las T.I.C. (tecnologías de la información y las comunicaciones) y que se producen en el contexto de la globalización, son procesos asimétricos, desiguales, estructuralmente desiguales.
 

La producción de conocimiento y de información es asimétrica, porque generalmente quienes la producen están situados en la cúspide de la escala social, y porque los conocimientos socialmente aceptados, culturalmente aceptados y reconocidos provienen de quienes forman parte del sistema, se integran dentro de un orden social ya desigual.   La sociedad moderna por lo tanto, se articula asimétricamente a la hora de producir conocimientos e información.   Pero además, hay asimetría en la reproducción del conocimiento, desde que los actores que participan en los procesos educativos y de multiplicación del saber, vienen condicionados por una desigualdad estructural anterior a la globalización.
 

Y finalmente hay asimetría en la circulación del conocimiento y de la información en una sociedad globalizada, toda vez que para acceder a la información el individuo necesita estar “conectado” a alguna de las redes que constituyen la globalización.  Para estar inserto e integrado en la globalización, el individuo debe estar conectado.   Pero, ¿qué sucede con quienes por razones geográficas, por razones culturales, por razones históricas, no están conectados, no saben que deben estar conectados o simplemente no se interesan en estar conectados?
 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
  BÚFALO, Enzo del (1999). “El Triunfo de la economía de mercado y el ocaso de la teoría pura”. Ponencia presentada en el Seminario ¿Fin de la Ciencia?. CIPOST/Instituto de Filosofía del Derecho. LUZ. Maracaibo, 7 y 8 de Mayo.
 

BURKLE: B, Martha (1994). “La Comunicación: constitutivo esencial de la sociedad. Una aproximación a la propuesta luhmanniana”. En: OROZCO, G (Coord). Perspectivas para el análisis de los procesos de recepción televisiva. Cuadernos de Comunicación y Prácticas Sociales Nº 6. Universidad Iberoamericana. México. Pp.127-141.
 

DELEUZE, G y GUATTARI, F (1994). Mil Mesetas. Edit. Pre-textos. Valencia-Venezuela.
 

FUENTES, Raúl (1997). “Retos disciplinarios y postdisciplinarios para la investigación de la comunicación”. En: Revista Comunicación y Sociedad, Nº 31. Universidad de Guadalajara. México, Septiembre-Octubre.
 

LIlLIENFELD, Robert (1984). Teoría de Sistemas. Trillas. México.
 

LOZANO, José C (1994). “Hacia la reconsideración del análisis de contenido en la investigación de los mensajes comunicacionales”. En: CERVANTES, C y SÁNCHEZ, E (Coords.). Investigar la Comunicación. CEIC/universidad de Guadalajara/ALAIC. México.
 

OLIVEIRA CARDOSO, Onésimo de (1992). “Os paradigmas no ensino da comunicaçao: a transgressao epistemològica”. En: Revista Comunicaçao & Sociedade, No 17. Instituto Metodista de Educación Superior. Sao Paulo-Brasil.
 

MARTÍNEZ, Miguel (1999). Conferencia dictada en el Seminario ¿Fin de la Ciencia? CIPOST/Instituto de Filosofía del Derecho. LUZ. Maracaibo, Venezuela.
 

MATTELART, Armand (1997). Historia de las teorías de la comunicación. Paidós. Barcelona-España.
 

SÁNCHEZ, Enrique (1992). Medios de difusión y sociedad. Notas críticas y metodológicas. CEIC/Universidad de Guadalajara. México.
 

SÁNCHEZ, Enrique (1997). “Algunos retos para la investigación mexicana de comunicación. Una reflexión personal”. En: Revista Comunicación y Sociedad, Nº 30. Universidad de Guadalajara. México.
 

VEGA, Aimée (1999). “Los medios de comunicación en el nuevo orden”. En: Noticias de Comunicación (Noticom), Nº 10. Edit. Bosch. Barcelona- España.
 

13 août, 2006

el desarrollo futuro de la región de magallanes – desafíos y perspectivas

Classé sous alfondoalaizquierda,desarrollo regional,reflexiones — paradygmes @ 18:02

PROLOGO

 

Este ensayo tiene por objeto presentar una visión de conjunto acerca del desarrollo futuro de la región de Magallanes, con especial referencia a sus problemas actuales más relevantes y sus proyecciones más probables. Este ensayo tiene por objeto presentar una visión de conjunto acerca del desarrollo futuro de la región de Magallanes, con especial referencia a sus problemas actuales más relevantes y sus proyecciones más probables.Este documento ptropone una contribución intelectual y prospectiva, para un debate político y técnico desde una perspectiva de izquierda y para estimular una reflexión necesaria.

Manuel Luis Rodríguez U.   Cientista Político.

 

Punta Arenas – Magallanes, septiembre de 2003.

 

 INTRODUCCION GENERAL

 El siglo XXI ha comenzado.

Magallanes, junto a Chile y el mundo, se adentran paulatinamente en el siglo XXI y en sus complejos desafíos.

Los problemas del presente, sin lugar a dudas serán diferentes en el futuro. Las crisis, comom siempre suceden son cíclicas y mañana tendrán otro aspecto.

Los magallánicos merecemos mucho más.   Los magallánicos podemos construir otro desarrollo, otra región, otro futuro.  No basta con diagnosticar los males y con abandonarse al pesimismo de la hora o al negativismo de la oposición por la oposición. Hay que mirar las dificultades como oportunidades abiertas, para pensar y repensar nuestra condición regional y nuestro futuro como región.

 

modernidad y desarrollo regional 

A través de la historia regional, diversos consensos forman parte de nuestra manera regional de ver a la zona. 

Uno de ellos, es el sentido territorial profundo que nos une: nos sentimos parte de un espacio geográfico lejano y aislado del centro del país. De aquí emana un segundo consenso: compartimos una visión regionalista de nuestro pasado, nuestro estado actual y nuestro futuro.

Entre los consensos mayores que comienzan a instalarse entre nosotros, acaso éste es el más reciente: la necesidad y la perspectiva de alcanzar la modernidad, de ser una región moderna, como una condición deseable, como un modo de vida que garantice las mejores oportunidades y un nivel de calidad de vida cada vez más satisfactorio, para todos los habitantes del país y de la región.

Resulta evidente hasta hoy, que las modernizaciónes han traído un cierto progreso material visible, pero también han acentuado y profundizado las diferencias sociales, han abierto más la brecha económica y demográfica entre la capital regional y las demás comunas y provincias, y han generado nuevas formas de exclusión social y cultural.

Todos desean la modernidad, pero las diferencias y sesgos se producen al momento de definir qué tipo de sociedad moderna queremos alcanzar, qué sociedad moderna estamos construyendo, y sobre todo, cuáles son los costos humanos, culturales y ambientales que deberá pagar el país y la región, para llegar a la condición de modernos.

Entendemos que todo proceso de desarrollo que apunte hacia la modernidad, cualquiera sea el signo de ésta, implica esfuerzos, sacrificios y costos, los que se suman a las particulares condiciones geográficas y de estructura económica y productiva de la región de Magallanes. Por lo tanto, es altamente probable que el largo paso de Magallanes a la modernidad, se vea acompañado de mutaciones sociales, económicas y culturales más difíciles que el de otras regiones del país.

 

La modernización en curso es una tendencia profunda del desarrollo nacional y regional, que se ha instalado en nuestras vidas en forma permanente y por muchos decenios, y por lo tanto, los ciudadanos, los grupos organizados, los actores políticos, sociales y económicos regionales sienten la necesidad de interrogarse legítimamente, sobre el tipo de región que va a resultar de ella.

Es necesario subrayar y advertir que las formas de sociabilidad, estilos de vida y costumbres individuales y colectivas que caracterizaban en forma tradicional a la comunidad magallánica, están siendo impactadas y resultarán gradual y profundamente transformadas, por la incorporación de valores, estilos y formas de trabajo típicamente modernas.

Nuestros problemas actuales y los problemas que enfrentaremos como región en el futuro previsible, son y serán los problemas de la modernidad: creciente individualismo en las aspiraciones y formas de pensar y de actuar; pérdida y búsqueda del sentido de las vidas; descrédito y despolitización relativa de la ciudadanía; debilitamiento y pérdida de convocatoria de las organizaciones sociales tradicionales; orientación hacia el éxito personal medido en bienes materiales; consumismo; relativismo moral…

 

algunos rasgos históricos de nuestro desarrollo La totalidad de los actores regionales, coinciden desde hace largos decenios que el desarrollo de Magallanes no puede ser entendido ni concebido con los mismos parámetros que el resto de las regiones de Chile.

La totalidad de los actores regionales, coinciden desde hace largos decenios queSomos diferentes y queremos ser tratados en forma diferente y justa.

La totalidad de los actores regionales, coinciden desde hace largos decenios queSomos diferentes y queremos ser tratados en forma diferente y justa.Resulta interesante observar que el conjunto del desarrollo histórico de la región de Magallanes, desde la Toma de Posesión del Estrecho, ha girado a través del tiempo en torno a un recurso natural y productivo, formando períodos largos períodos, marcados por su predominio: la época del carbón (en la etapa fundacional), la época del comercio y la navegación (entre 1880 y 1920 aproximadamente), la época de la lana y la ganadería (entre 1920 y 1950), la época del petróleo (desde 1950 hasta hoy…).

A su vez, la crisis de cada uno de esos recursos, fueron el rasgo determinante de la decadencia económica relativa y de la búsqueda de nuevos recursos que dieran dinamismo al progreso de la zona.

Tres son a nuestro juicio, los factores que determinan la características distintivas del desarrollo histórico de Magallanes:

  1. la importancia estratégica, geopolítica y oceanopolítica que se le aribuye a la región de Magallanes, por su condición extrema y fronteriza, por su proximidad con el territorio antártico, por sus fragilidades demográficas en cuanto frontera interior, y por su privilegiada posición bioceánica;
  2. la característica pionera y colonizadora de su desarrollo económico fundacional, lo que determina su estructura productiva, sus modalidades de inversión y de poblamiento, todo lo cual produce un modo de desarrollo diferente al del resto del país; y
  3. la naturaleza específica de la identidad cultural magallánica, afirmada en un fuerte sentimiento regionalista, en el rechazo a los centralismos, en una apertura a la diversidad de aportes culturales y a una actitud pionera frente a la vida y al progreso. Magallanes:  Estado y desarrollo

En cada uno de los períodos señalados para nuestra historia económica regional, el rol y gravitación del Estado y las Políticas Públicas han sido determinantes para el progreso de la región.

Esto no quiere decir que la empresa privada no haya desempeñado una función activa y creadora. Por el contrario, el espíritu pionero que ha caracterizado históricamente a los magallánicos, se origina también en una poderosa corriente de iniciativas y empuje privado, de forjadores de empresas, de creación de trabajo y de riquezas.

Lo esencial, sin embargo, es que los elementos y factores determinantes que han hecho posible el desarrollo actual de Magallanes e incluso el desarrollo de la empresa privada, han dependido fundamentalmente del rol activo, orientador y planificador del Estado.

Fue el Estado el que creó en Magallanes, la infraestructura material que ha hecho posible el desarrollo actual de la región: construyó redes de caminos y de puentes; extrajo petróleo y gas y dio orígen a la industria petrolera nacional; instaló puertos y desarrolló astilleros; pavimentó veredas y calles; levantó edificaciones públicas y construyó numerosas poblaciones de viviendas sociales; puso en funcionamiento los sistemas de educación básica, media y universitaria; vinculó a la región con el resto de Chile y el mundo, mediante la telefonía, el correo y la televisión directa; fundó nuevas localidades urbanas; mantuvo las rutas marítimas de comunicación, con las zonas más apartadas de nuestra geografía; abrió las rutas hacia la Antártica y los mares australes; construyó aeropuertos, escuelas, liceos, hospitales y policlínicos; tendió vastas redes de gas natural en toda la región, para todas las viviendas; abrió las rutas de conexión aérea con el resto del país y del mundo; realizó toda la electrificación urbana y rural.

El Estado en el presente y en el futuro de Magallanes, no podrá ser un actor indiferente, mutilado o subsidiario de las iniciativas privadas. En Magallanes no habrá desarrollo estable y sustentable, sin un Estado activo, dinamizador, orientador de los esfuerzos individuales, colectivos y empresariales.

Por eso, necesitamos de un Estado más servicial y menos burocrático; de un Estado más eficaz y eficiente y menos tramitador; de un Estado que deja trabajar y abre oportunidades, y no que limita o paraliza.

Este ensayo presenta un análisis global de la problemática del desarrollo regional, desde tres aspectos fundamentales.

El primer capítulo presenta un amplio examen de un concepto del desarrollo de la región, de manera de fundamentar las propuestas aquí contenidas, mientras que el capítulo II analiza los principales nudos problemáticos del desarrollo regional.

El cap. III analiza la institucionalidad actual del desarrollo de Magallanes y presenta una propuesta al respecto, para el futuro.

 

UN CONCEPTO DEL DESARROLLO REGIONAL  DE MAGALLANES

 

El concepto del desarrollo regional, puede ser visto desde dos puntos de vista: desde el punto de vista de las estructuras y de las tendencias que lo determinan, o desde el ángulo de sus actores protagónicos y de los medios y recursos de que disponen para realizarlo.

Elegimos este segundo camino, porque creemos que el desarrollo de Magallanes y sus perspectivas futuras, especialmente en el corto y el mediano plazo, dependen fundamentalmente de la voluntad, de la decisión, de la confiabilidad y de la capacidad de concertación y compromiso de los principales actores económicos: el sector privado o empresarial, la Administración pública y el sector laboral.

Se propone reflexionar el presente y el futuro de Magallanes, en función de las siguientes definiciones básicas.El desarrollo de Magallanes lo entendemos primordialmente al servicio de su gente, tanto en el fortalecimiento de la identidad cultural regional y local como en su potenciamiento y crecimiento, en cuanto capital humano.Es necesario partir desde una premisa esencial, que afirma que los habitantes de Magallanes constituyen su riqueza cultural y económica más importante: son un capital humano de enormes potencialidades.Es necesario partir desde una premisa esencial, que afirma que los habitantes de Magallanes constituyen su riqueza cultural y económica más importante: son un capital humano de enormes potencialidades.No es posible pensar el desarrollo actual y futuro de Magallanes, si no se parte de la noción de que, en definitiva, se trata de una tarea humana, de seres humanos comprometidos consigo mismos y con sus familias, y que anhelan ver a su región progresando y modernizándose.

Es necesario partir desde una premisa esencial, que afirma que los habitantes de Magallanes constituyen su riqueza cultural y económica más importante: son un capital humano de enormes potencialidades.No es posible pensar el desarrollo actual y futuro de Magallanes, si no se parte de la noción de que, en definitiva, y que anhelan ver a su región progresando y modernizándose.Si creemos que Magallanes debe ser una región moderna, es para que sus habitantes se sientan felices viviendo en ella, para que sus recursos humanos sean cada vez más eficientes en promover la identidad cultural magallánica y patagónica y en producir los bienes y servicios que su desarrollo requiere.

Nuestras metas de desarrollo como región parten del requerimiento absoluto de lograr la radicación estable y definitiva de los magallanicos en su tierra. No es posible que los jóvenes y los profesionales opten por emigrar fuera de Magallanes, por encontrar mejores oportunidades.

Debemos hacer un esfuerzo para que Magallanes ofrezca las mejores oportunidades de trabajo, y de realización individual, familiar y profesional a sus propios hijos, integrando a los migrantes y a las personas que ven en la región un espacio abierto a su desarrollo.El desarrollo de Magallanes lo entendemos como un esfuerzo sustentable y sistemático de industrialización, mediante el trabajo, la iniciativa y la inversión de los propios habitantes de la región, creando riqueza a partir de la elaboración, transformación e incorporación de valor agregado a los recursos naturales disponibles.Magallanes no va a progresar ni crecer a ritmos mayores que los actuales, mientras no se generen en la región emprendimientos y empleos de carácter productivo, que potencien los recursos que la naturaleza nos ofrece. Magallanes no va a progresar ni crecer a ritmos mayores que los actuales, mientras no se generen en la región emprendimientos y empleos de carácter productivo, que potencien los recursos que la naturaleza nos ofrece.La generación de polos de desarrollo industrial, a partir del gas natural, de los hidrocarburos, del carbón, de los atractivos turísticos actuales y potenciales, de los productos primarios de la ganadería, la agricultura y la pesca, debiera constituirse en una prioridad de las políticas públicas regionales.El desarrollo de Magallanes lo entendemos como un esfuerzo colectivo e integrado de trabajo, de capital y de conocimientos, y una suma de esfuerzos individuales y colectivos, destinados a mejorar sustancialmente la calidad de vida de sus habitantes.En una perspectiva humana y cotidiana, el progreso y el desarrollo de Magallanes, son una suma de esfuerzos diarios, de trabajo, de estudio, de creatividad e imaginación, la que apunta a lograr un nivel de calidad de vida digno, moderno y sustentable para todos los habitantes de la región.En una perspectiva humana y cotidiana, el progreso y el desarrollo de Magallanes, son una suma de esfuerzos diarios, de trabajo, de estudio, de creatividad e imaginación, la que apunta a lograr un nivel de para todos los habitantes de la región.Deseamos que el desarrollo regional contribuya eficazmente a la integración social y cultural de todos sus sectores, dentro de la diversidad geográfica y cultural que lo caracteriza.

En una perspectiva humana y cotidiana, el progreso y el desarrollo de Magallanes, son una suma de esfuerzos diarios, de trabajo, de estudio, de creatividad e imaginación, la que apunta a lograr un nivel de para todos los habitantes de la región.Deseamos que el desarrollo regional contribuya eficazmente a la de todos sus sectores, dentro de la diversidad geográfica y cultural que lo caracteriza.El desarrollo de sus infraestructuras, de sus servicios, de sus empresas, de sus medios de comunicación y transporte, de la calidad y progreso de sus ciudades y localidades, de sus barrios y poblaciones, no apuntan al progreso material en sí mismo, sino a la realización de la dignidad de las personas, a una vida moderna en lo material y en lo cultural y a condiciones de respeto y equilibrio con el medio ambiente natural que les rodea, para que dicha calidad de vida mejor, puedan heredarla con orgullo a las generaciones venideras.El desarrollo de Magallanes lo concebimos como una tarea política y económica con visión de futuro, que supone necesariamente la integración y la complementación patagónica, que compromete las capacidades creativas y productivas de empresarios, trabajadores y funcionarios del Estado, en la perspectiva de insertar eficientemente a la región, en un conjunto de mercados regionales, nacionales e internacionales, en función de ciertas ventajas competitivas y en términos de competencia equitativa.El progreso de Magallanes no depende sólo de algunos.El progreso de Magallanes no depende sólo de algunos.Es el fruto colectivo del trabajo, de la inversión, y la creatividad de todos sus habitantes. En Magallanes se sintetiza el esfuerzo de los trabajadores, los empresarios y del sector público, aún cuando los aportes sean diferentes.

El progreso de Magallanes no depende sólo de algunos.Es el fruto colectivo del trabajo, de la inversión, y la creatividad de todos sus habitantes. En Magallanes se sintetiza el esfuerzo de los trabajadores, los empresarios y del sector público, aún cuando los aportes sean diferentes.De aquí que el sector público y las autoridades de Gobierno tienen una responsabilidad de orientar el desarrollo, de poner en marcha políticas públicas estables y de crear las condiciones políticas y jurídicas para que el esfuerzo colectivo sea percibido positiva y beneficiosamente por cada uno de los habitantes de la región.

Se entiende que Magallanes constituye un mercado de tamaño reducido, suficiente para un conjunto de actividades económicas locales, pero insuficiente para la producción/consumo a gran escala. Por lo tanto, la inserción e integración de la región (de sus productos y servicios especializados) en los mercados de la Patagonia, de América Latina y del resto del mundo) constituye una tarea estratégica para el desarrollo regional.

La integración y la complementación con las provincias australes argentinas, es un requisito esencial para el desarrollo de la región de Magallanes. Es necesario observar que los actores económicos, laborales, políticos y culturales de ambos lados de la frontera austral quieren ser parte de la integración.

En la medida en que los procesos de integración, han sido predominantemente verticales, o sea, que han consistido fundamentalmente en el desmantelamiento gradual de las regulaciones estatales, que impiden una mejor aproximación de las economías, o que limitan la circulación de personas, bienes y capitales, se hace necesario avanzar ahora en el fortalecimiento de la dimensión horizontal de la integración, entre los actores económicos, sociales y culturales de toda la Patagonia.

El concepto de regionalismo abierto que ha estado vigente en los actuales esquemas de integración latinoamericana, puede adaptarse a escala de la integración entre regiones fronterizas, y dentro de un espacio geo-económico único como es la Patagonia.

Se trataría entonces de aplicar criterios de preferencias recíprocas entre los actores económicos de las regiones chilenas y argentinas de la Patagonia, no extensibles a otras regiones de ambos países, de manera de crear flujos de comercio e intercambio, sin incrementar las barreras que existen aún respecto de otros países u otras regiones del mundo.

Desde el punto de vista de la inserción internacional y continental de la economía regional, hay que responderse a cuatro preguntas: ¿cuáles son nuestras ventajas competitivas? ¿qué producimos mejor y más eficientemente? ¿dónde están los mercados que se interesan en nuestros productos? y ¿cómo llegamos a dichos mercados con nuestros productos?

Es necesario un esfuerzo sistemático –especialmente del sector público- para explorar e identificar mercados, para promover nuestra imagen-región y nuestros productos y servicios, a fin de ganar una mayor presencia e inserción internacional.

Los tres círculos concéntricos de la expansión e inserción económica internacional de la región de Magallanes, son los espacios económicos privilegiados donde se pueden desarrollar nuestras ventajas competitivas, y donde buscar preferentemente mercados, los que podrían definirse como los siguientes:

  1. un primer círculo concentrico, constituído por la región patagónica: Aysén y Chiloé en Chile, y las provincias de Rio Negro, Santa Cruz y Tierra del Fuego en Argentina.
  2. un segundo círculo concéntrico, está constituído por los países y mercados potenciales del MERCOSUR (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), y
  3. un tercer círculo concéntrico, formado por los mercados de algunos países de Europa, Asia, Medio Oriente y América del Norte.

La inserción internacional de la región en los mercados externos, la entendemos como un esfuerzo a la vez individual y colectivo, basado en una lógica de potenciamiento de nuestras ventajas competitivas como región y de competencia equitativa, de manera que los principios de equidad y beneficio mutuo que fundamentan las normas de la competencia, se apliquen de igual forma al interior de la economía regional, como en sus relaciones con otros mercados.El desarrollo de Magallanes lo concebimos como una acción sistemática y un conjunto de logros concretos y medibles en el tiempo, en los que se comprometen los actores regionales, los representantes políticos y el Estado central, de manera que operen políticas públicas estables y reglas claras, para favorecer la inversión y la radicación productiva permanente.Magallanes dispone de una profusión de políticas públicas, de una amplia batería de normas de estímulo a la inversión.Magallanes dispone de una profusión de políticas públicas, de una amplia batería de normas de estímulo a la inversión.La tarea es ahora buscar compatibilizar y armonizar todas éstas disposiciones, en un marco normativo e indicativo único, en un Plan Indicativo global del Desarrollo Regional (eventualmente para el período 2000-2012), que establezca criterios y reglas del juego estables en el tiempo, orientadas al mediano y largo plazo, y que surja de una eficaz elaboración político-técnica, y de la consulta y participación ciudadana.

Magallanes dispone de una profusión de políticas públicas, de una amplia batería de normas de estímulo a la inversión.La tarea es ahora buscar compatibilizar y armonizar todas éstas disposiciones, en un marco normativo e indicativo único, en un (eventualmente para el período 2000-2012), que establezca estables en el tiempo, orientadas al mediano y largo plazo, y que surja de una eficaz elaboración político-técnica, y de la consulta y participación ciudadana.Ello implicará que los representantes políticos de la región, verán allí reflejadas las aspiraciones y orientaciones de política, dentro de las cuales realizarán la labor legislativa y de fiscalización.El desarrollo sustentable de Magallanes lo concebimos como un proceso de mejoramiento sostenido y equitativo de la calidad de vida de las personas en la región, fundado en la aplicación de medidas apropiadas de conservación y protección del medio ambiente regional y patagónico, de manera de satisfacer las necesidades y requerimientos de las generaciones actuales, sin comprometer las expectativas de las generaciones futuras.Los magallánicos vivimos en un territorio privilegiado.Los magallánicos vivimos en un territorio privilegiado.Aquí se sintetiza una geografía cuyo patrimonio ecológico territorial es único e irrepetible. Aquí se encuentran la pampa patagónica, los hielos milenarios, los bosques nativos y los mares australes y antárticos.

Los magallánicos vivimos en un territorio privilegiado.Aquí se sintetiza una geografía cuyo es único e irrepetible. Aquí se encuentran la pampa patagónica, los hielos milenarios, los bosques nativos y los mares australes y antárticos.Históricamente, el desarrollo de Magallanes ha dependido en gran medida, de la explotación extensiva e intensiva de uno o dos recursos naturales. Por lo tanto, el desarrollo presente y futuro de Magallanes continuará asociado fuertemente a la dotación de recursos y materias primas que entrega su capital natural.

Por lo tanto, el desarrollo de Magallanes debe ser sustentable ambientalmente o se convertirá en una gradual depredación de la naturaleza, de los recursos naturales y de la propia biodiversidad.

La naturaleza es uno de los mayores capitales de que dispone la región, para impulsar su desarrollo, introducir valor agregado en la producción y realizar el bienestar de sus habitantes.

El desarrollo sustentable de Magallanes apunta a recuperar y mejorar la calidad ambiental de la vida de los magallánicos, a prevenir el deterioro ambiental en la región, a fomentar sistemáticamente la protección del patrimonio ambiental y el uso sustentable de los recursos naturales de la región, a introducir consideraciones ambientales en los proyectos y actividades del sector productivo regional, a involucrar participativamente a la ciudadanía en la gestión ambiental, a reforzar la institucionalidad ambiental de la región, y a contribuir desde una perspectiva regional y local a perfeccionar la legislación ambiental, y al desarrollo de nuevos instrumentos de gestión adecuados a las características regionales.

Magallanes posee una identidad cultural regional propia y única, que la caracteriza en el contexto nacional y que la integra en la Patagonia, basada en un sentido pionero de la vida, en una voluntad perseverante de progreso y de esfuerzo frente a las adversidades naturales de su geografía, y en una actitud de apertura al extranjero, valores que constituyen el sentido cultural profundo de nuestro estilo histórico de desarrollo.Los magallánicos realizan su desarrollo y su progreso, de acuerdo a sus propias características, a su mentalidad austral, patagónica y sureña, a su idiosincracia regionalista. Los ritmos de trabajo y de funcionamiento cotidiano, aquí son diferentes a los de otras regiones o de la capital. Nuestra sociabilidad es predominantemente familiar, hogareña e intramuros.Los magallánicos realizan su desarrollo y su progreso, de acuerdo a sus propias características, a su mentalidad austral, patagónica y sureña, a su idiosincracia regionalista. Los ritmos de trabajo y de funcionamiento cotidiano, aquí son diferentes a los de otras regiones o de la capital. Nuestra sociabilidad es predominantemente familiar, hogareña e intramuros.El regionalismo magallánico debe ser visto más como un acerbo histórico y cultural que enriquece nuestra identidad e idiosincracia, antes que como un localismo que limita nuestra visión de región o de país.

Los magallánicos realizan su desarrollo y su progreso, de acuerdo a sus propias características, a su mentalidad austral, patagónica y sureña, a su idiosincracia regionalista. Los ritmos de trabajo y de funcionamiento cotidiano, aquí son diferentes a los de otras regiones o de la capital. Nuestra sociabilidad es predominantemente familiar, hogareña e intramuros.El regionalismo magallánico debe ser visto más como un acerbo histórico y cultural que enriquece nuestra identidad e idiosincracia, antes que como un localismo que limita nuestra visión de región o de país.Por lo tanto, estas características culturales deben ser consideradas como ventajas y oportunidades para que en los productos y servicios que salen de la región, vaya impreso el sello distintivo de nuestra identidad.

Por último, respecto a la relación entre las Políticas Públicas para el desarrollo regional y el Estado central, debe existir un mecanismo que permita conciliar permanentemente ambos niveles de decisión e implementación.

En efecto, si se parte de la premisa que la región de Magallanes se encuentra entre las regiones más rezagadas en su contribución al crecimiento y al dinamismo económico del país, y en la que la percepción de aislamiento y abandono de los niveles centrales es más aguda, debiera entenderse que la Política o Estrategia de Desarrollo Regional para el próximo período de gobierno, representa a la vez, un compromiso político y moral de los habitantes de la región y de sus principales actores sociales y económicos, y una responsabilidad global del Estado tanto de sus autoridades nacionales como de su Gobierno regional.

Esto se traduciría en sellar un compromiso de cumplimiento (eventualmente de naturaleza jurídica) entre el Gobierno regional y el Gobierno nacional para que dicha Estrategia o Política general de Desarrollo Regional se constituya en el hilo conductor único de los respectivos procesos de toma de decisiones y de asignación de recursos.

 

LOS PRINCIPALES NUDOS PROBLEMATICOS  DEL DESARROLLO REGIONAL

 

Este capítulo presenta un examen de los principales problemas o nudos problemáticos que afectan a la región de Magallanes en la actualidad, y esboza algunas líneas generales de propuesta, dentro de las cuales se pueden formular Políticas Públicas específicas, sectoriales o multisectoriales para intentar resolverlos.

Este capítulo presenta un examen de los principales problemas o que afectan a la región de Magallanes en la actualidad, y esboza algunas líneas generales de propuesta, dentro de las cuales se pueden formular Políticas Públicas específicas, sectoriales o multisectoriales para intentar resolverlos. pobreza, políticas públicas y solidaridad 

Crece entre los magallánicos, la percepción que el actual modelo económico de desarrollo, parece acentuar las diferencias sociales y las desigualdades en la distribución del ingreso.

La pobreza -junto al desempleo, la inseguridad ciudadana, la salud, la educación y las bajas remuneraciones que le están asociadas- constituye una de las prioridades fundamentales en la actualidad para los ciudadanos.

La pobreza debe ser enfrentada por parte del Estado, con más educación/capacitación, con la generación de recursos y proyectos que permitan la creación de puestos de trabajo y estimulando la solidaridad horizontal.

Una vez más, el rol gravitante del Estado y la Administración en la composición de la fuerza de trabajo de la región, debe permitir una mejor distribución del ingreso, mediante fórmulas estables, por ejemplo, de bonificación y compensación por el aislamiento, y estímulos especiales y permanentes, para la radicación de los funcionarios públicos después de su jubilación.

Los márgenes de pobreza urbana y rural que aún tiene la región, debieran enfrentarse con medidas paliativas del Estado, eficientemente focalizadas a los propios beneficiarios, y con el desarrollo de redes horizontales de solidaridad y de fortalecimiento del tejido social organizado, a fin de generar interdependencias positivas.

Una política regional para enfrentar la pobreza y la exclusión, debiera orientarse a generar programas de trabajos públicos anuales, ofrecer beneficios especiales para la educación y la capacitación de las personas y familias, así como para asegurar el acceso preferencial a la salud pública y a la vivienda.

La región debiera crear, por ejemplo, con fondos fiscales y privados, un Fondo Regional de Estímulo a la Educación, que opere regional y comunalmente becas de estudios en la Enseñanza Básica, Media y Superior, dirigidas a niños y jóvenes de escasos recursos, sobre la base del rendimiento escolar y educacional de sus beneficiarios.

A los procesos de globalización e inserción internacional de la economía regional, hay que agregar esfuerzos para fortalecer y potenciar las microeconomías locales, poniendo énfasis, por ejemplo, en estimular el desarrollo de la economía doméstica y familiar urbana.

Hay que crear redes de solidaridad que favorezcan la superación personal, la autonomía, el crecimiento humano y el autodesarrollo de los sectores más vulnerables de la población, y evitar que el asistencialismo sea el único recurso de ayuda.

En la generación de estas redes horizontales de solidaridad, hay que tomar en consideración el aporte fundamental de las mujeres, a través de su experiencia en la economía doméstica, y su capacidad de entrega y compromiso, así también como el rol positivo de las organizaciones comunitarias y de las entidades religiosas.Transformación productiva, desarrollo industrial, diversificación y medio ambiente

Este ensayo tiene por objeto presentar una visión de conjunto acerca del desarrollo futuro de la región de Magallanes, con especial referencia a sus problemas actuales más relevantes y sus proyecciones más probables.Se propone reflexionar el presente y el futuro de Magallanes, en función de las siguientes definiciones básicas.Debemos hacer un esfuerzo para que Magallanes ofrezca las mejores oportunidades de trabajo, y de realización individual, familiar y profesional a sus propios hijos, integrando a los migrantes y a las personas que ven en la región un espacio abierto a su desarrollo.

Este ensayo tiene por objeto presentar una visión de conjunto acerca del desarrollo futuro de la región de Magallanes, con especial referencia a sus problemas actuales más relevantes y sus proyecciones más probables.Se propone reflexionar el presente y el futuro de Magallanes, en función de las siguientes definiciones básicas.Debemos hacer un esfuerzo para que Magallanes ofrezca las mejores oportunidades de trabajo, y de realización individual, familiar y profesional a sus propios hijos, integrando a los migrantes y a las personas que ven en la región un espacio abierto a su desarrollo.La generación de polos de desarrollo industrial, a partir del gas natural, de los hidrocarburos, del carbón, de los atractivos turísticos actuales y potenciales, de los productos primarios de la ganadería, la agricultura y la pesca, debiera constituirse en una prioridad de las políticas públicas regionales.El desarrollo de sus infraestructuras, de sus servicios, de sus empresas, de sus medios de comunicación y transporte, de la calidad y progreso de sus ciudades y localidades, de sus barrios y poblaciones, no apuntan al en sí mismo, sino a la y a condiciones de que les rodea, para que dicha calidad de vida mejor, puedan heredarla con orgullo a las generaciones venideras.La inserción internacional de la región en los mercados externos, la entendemos como un esfuerzo a la vez individual y colectivo, basado en una lógica de potenciamiento de nuestras y de de manera que los principios de equidad y beneficio mutuo que fundamentan las normas de la competencia, se apliquen de igual forma al interior de la economía regional, como en sus relaciones con otros mercados.Ello implicará que los representantes políticos de la región, verán allí reflejadas las aspiraciones y orientaciones de política, dentro de las cuales realizarán la labor legislativa y de fiscalización.Este capítulo presenta un examen de los principales problemas o que afectan a la región de Magallanes en la actualidad, y esboza algunas líneas generales de propuesta, dentro de las cuales se pueden formular Políticas Públicas específicas, sectoriales o multisectoriales para intentar resolverlos. Magallanes siempre ha articulado su desarrollo, en función de uno o más recursos naturales.

Ahora la región necesita urgentemente recursos para inversión en su desarrollo productivo e industrial. Ya no basta con producir y extraer recursos naturales; ahora se hace necesario transformarlos, incorporarles valor agregado en la región, generando de paso nuevas perspectivas de empleo a sus habitantes.Por lo tanto, junto con introducir las variables ambientales en el desarrollo, se requiere inducir y orientar la inversión productiva hacia la diversificación productiva y hacia una creciente incorporación de valor agregado a nuestros productos y servicios, orientación que debe ser emprendida con un sentido de región y de largo plazo. Ello supone, entre otras tareas, fortalecer las capacidades emprendedoras de los habitantes de la región, especialmente de las jóvenes generaciones.

La transformación productiva de la región, en la perspectiva del mediano y largo plazo, supone no solamente la necesaria e ineludible reconversión programada de las actividades de ENAP, en virtud del agotamiento gradual de la producción petrolera tradicional, sino que debiera ser la motivación central de una Política regional deliberada orientada a la diversificación de la inversión y de las actividades productivas.

No basta que desarrollemos la ganadería, la pesca, los recursos forestales, o el turismo: tenemos que incorporarle tecnología y tecnologías limpias, y sobre todo, información y conocimientos adquiridos de la propia creatividad magallánica.

Esto implicaría, entre otros instrumentos, generar mecanismos estables de apoyo estatal a la iniciativa y creatividad tecnológica y empresarial, y a la innovación a partir de los recursos naturales de la región.desarrollo del capital humano de la región

Los magallánicos no son solamente la población de la región: constituyen además un capital humano que debemos cuidar y potenciar. El aprendizaje y el dinamismo del joven, el trabajo y la experiencia del adulto, el acerbo y la sabiduría del anciano, la sensibilidad y el empuje de la mujer, todo contribuye a un crear un importante potencial humano de creatividad, que puede ser potenciado en beneficio del desarrollo de la región y de las comunas.

Los esfuerzos de capacitación tanto del sector privado, como del Estado, deben ser aún mayores, y contar con mayores recursos, a fin de favorecer sistemáticamente un mejoramiento de la calidad, la inserción laboral y la productividad de la fuerza de trabajo.

Una Política Regional de Capacitación debe articular y potenciar los esfuerzos y capacidades estatales y privadas, y orientarse a focalizar la formación especializada hacia dos sectores en particular: hacia el desarrollo de las capacidades emprendedoras, y hacia los sectores laborales más rezagados y de menor nivel de preparación, y en particular, hacia los jóvenes que ingresan al mundo del trabajo, los que constituyen un universo altamente sensible a los impactos y cambios en el mercado y de las coyunturas de crisis.

A su vez, el fortalecimiento de los Gobiernos provinciales y Comunales, pasa, entre otros objetivos, por un intenso y sistemático esfuerzo de capacitación especializada de los equipos humanos y profesionales que los administran, a fin de reforzar las capacidades de gestión, implementación y evaluación de las Políticas Públicas.

En cuanto a las generaciones jovenes actuales, la región debe realizar un esfuerzo sistemático para multiplicar las oportunidades de expresión cultural, formación y educación, e inserción laboral, a fin de evitar la frustración de las expectativas.

También, la región debe estimular las iniciativas que tiendan a favorecer e inducir la radicación estable y definitiva de sus propios jóvenes y sus nuevos profesionales, ampliando la oferta educacional superior en la región, y generando –por ejemplo- un Servicio-Región que amplíe los horizontes culturales, la experiencia práctica y la identidad regional de sus estudiantes. Este Servicio-Región –al igual que el Servicio-País- operaría con fondos regionales de manera de facilitar la inserción de jóvenes nuevos profesionales al desarrollo de alguna comuna apartada de la zona, durante un año.

 

integración patagónica y desarrollo sustentable 

La Patagonia argentina no es solamente el principal espacio de inmigración chilena a la vecina república. Debemos verla como el primer mercado potencial más cercano que tienen los productos y servicios magallánicos.

Es necesario reconocer que –en general- la trayectoria histórica, el modo de producción, la estructura productiva, y el tipo de relación con la capital nacional de las regiones australes de Chile y Argentina, ha sido muy similar.

La Patagonia chileno-argentina posee un mismo contexto geográfico y medio-ambiental, de manera que las políticas ambientales aplicadas por los respectivos gobiernos regionales y provinciales de ambos lados de la frontera, deben tender a compatibilizarse y a establecer normas comunes y compatibles de evaluación de impacto ambiental.

En el contexto de globalización de los mercados y las economías, actualmente predominante, debemos pensar a Magallanes como parte de la Patagonia, entendida como un solo gran espacio geo-económico de integración y cooperación, con una creciente capacidad política e institucional para proyectarse hacia el resto del continente americano y del mundo.

Hay que identificar nuestras ventajas competitivas como región de Magallanes, y trabajarlas en coordinación política e institucional con las regiones del sur argentino, a fin de potenciar las ventajas competitivas y las economías de escala del conjunto de la Patagonia, a fin de intentar acceder -también en conjunto- a los grandes mercados asiáticos, europeos y americanos.

Tenemos que aprender a ofrecer y vender las ventajas, bellezas, productos y servicios de toda la Patagonia, juntos argentinos y chilenos, cuidando de preservar, también en conjunto, sus riquezas naturales, su patrimonio ecológico territorial único.globalización, apertura e identidad regional 

La región necesita integrarse en las corrientes globalizadoras, pero no al costo de la entrada indiscriminada de la influencia imperialista y extranjerizante, sino con sus propias ventajas competitivas, con sus propios productos y servicios, con su propia identidad cultural.

La globalización no puede ser vista solo como una limitante, sino que por el contrario, hay que utilizarla como una oportunidad abierta, como un mecanismo que puede servir para crecer como región, para acceder y expandir sus mercados y para hacer efectiva su presencia en el mundo y en el continente latinoamericano.

Los habitantes de la región deben tomar en sus manos las posibilidades de la globalización, introduciendo en ella sus valores identitarios como magallánicos y como chilenos.

Por lo tanto, junto con estimular los procesos de integración y complementación con las provincias de la Patagonia argentina, el Estado en la región debe desplegar políticas sistemáticas para la identificación y exploración de mercados potenciales para nuestros productos, en los países del MERCOSUR, en América Latina en general, hacia América del Norte, Europa, Asia y otras regiones del mundo.

El gobierno regional y otros actores regionales deben fortalecer sus capacidades para promover de un modo sistemático y programado la imagen-región en dichos mercados, mediante giras de difusión y la participación en eventos y ferias. Un mecanismo eficaz en esta perspectiva, sería la idea de realizar -anual y alternativamente- una Feria Industrial, Turística y Comercial de la Patagonia, en conjunto con los gobiernos provinciales del sur argentino.

 

desarrollo territorial, inversión productiva y radicación estable

 

Magallanes es una zona demográficamente vulnerable, que presenta sectores y comunas en los que la población radicada no crece, sino que se proyecta en disminución, con grave perjuicio para su desarrollo y para el ejercicio de la soberanía. 

Desde ésta perspectiva territorial, cada magallánico, cada habitante de la región, es un protagonista responsable de la soberanía nacional.

La región está experimentando un lento drenaje de habitantes, de jóvenes, de profesionales, técnicos y especialistas. El trabajador que jubila opta por emigrar, el estudiante secundario busca otros horizontes para estudiar, el egresado universitario prefiere otras regiones o la capital para su realización profesional.

La red de infraestructura vial en la región, forma aún un entramado muy frágil y poco denso, como para favorecer la penetración, la presencia y el poblamiento.

A su vez, la gradual crisis de la explotación petrolera tradicional, pudiera acentuar la emigración de profesionales y generar cambios demográficos negativos, principalmente en las localidades pobladas que han dependido del petróleo.

El Estado, en consecuencia, como factor institucional articulador del desarrollo regional, debe generar e implementar una política de Estado –situada en la perspectiva del largo plazo- que estimule la inversión y la radicación en Magallanes, de personas, familias y agentes productivos regionales y nacionales, que permanezcan y se radiquen en la zona, que contribuyan a su progreso material y cultural, generando oportunidades y trabajos estables.

Esta política supone también, una visión de Estado de su desarrollo, ordenamiento y planificación territorial, de manera que tiendan a disminuir las vulnerabilidades demográficas que afectan a la región, y al mismo tiempo, contribuyan a fortalecer las ventajas competitivas y las características socio-económicas y culturales de las provincias.

Se trata de disminuir gradualmente los desequilibrios demográficos y territoriales entre la capital regional y las provincias, generando sinergias que orienten y reorienten la inversión, el poblamiento y la radicación productiva especialmente en Tierra del Fuego y Ultima Esperanza, conforme a criterios de preservación de la identidad cultural y del patrimonio ecológico territorial, y de búsqueda de un mayor equilibrio demográfico intraregional.imagen-región y desarrollo turístico

Si la geografía es uno de los capitales mayores y una de las principales ventajas competitivas de la región de Magallanes, entonces el turismo puede devenir un sector cada vez más gravitante de su desarrollo y crecimiento.

Las distancias, la lejanía de los grandes centros poblados del mundo, y a su vez, la proximidad con el Polo Sur y la Antártica, las características ganaderas de su economía histórica, y la naturaleza agreste del territorio y los mares australes, constituyen un patrimonio ecológico único y un capital natural que pueden explotarse turísticamente.

Así también, se hace necesario potenciar el turismo de verano y el turismo de invierno, en función de las características climatológicas y geográficas de la zona, dirigiendose a mercados específicos.

Para ello, el Estado y el sector privado deben desarrollar planes y políticas sistemáticas de promoción de nuestra imagen-región y de las bellezas naturales que nos caracterizan. La propia promoción en los mercados cercanos a Magallanes (Cono Sur, MERCOSUR, América Latina) debiera realizarse enfatizando su entorno natural, sus características únicas y su identidad cultural.

 

proyección marítima y antártica de magallanes

El desarrollo de la región de Magallanes debe integrar las variables antártica y marítimo-oceánica, de manera de consolidar su importancia geopolítica y oceanopolítica en el contexto nacional y del Cono Sur de América Latina.

En efecto, la posición relativa de Magallanes en el Cono Sur de América Latina, le otorga un conjunto de ventajas geográficas comparativas y le asignan un rol oceanopolítico de importancia, en la proyección marítima de Chile hacia los espacios australes y antárticos y hacia el océano Pacífico.

El fortalecimiento de las infraestructuras portuarias, de reglamentaciones flexibles y de nuestra capacidad de interconexión aérea y marítima entre el continente americano y la Antártica, debiera redundar en beneficios económicos y científicos para la región.

Magallanes debe configurarse en un gran centro de proyección antártica, que estimule la investigación científica, y la formación profesional y técnica de recursos humanos especializados en asuntos antárticos.

La región de Magallanes, y en particular la ciudad de Punta Arenas, puede fijarse la meta de devenir el primer puerto y aeropuerto antártico de Chile. La presencia de Chile en el continente antártico y en los mares australes, debiera realizarse preferentemente a partir de la región de Magallanes.

Una Política Antártica de la región de Magallanes, diseñada con una visión prospectiva y de Estado, debiera orientarse principalmente a fortalecer la presencia de Chile en el continente blanco, mediante planes y programas de investigación científica y tecnológica aplicada, y el estímulo de un desarrollo turístico ambientalmente sustentable en dicha región del planeta.

 

LA INSTITUCIONALIDAD DEL DESARROLLO REGIONAL

 

Una característica esencial de las políticas y estrategias de desarrollo modernas, reside en su institucionalización de manera que las grandes orientaciones deben necesariamente traducirse en políticas públicas y en mecanismos jurídicamente regulados de acción. En este caso específico, ésta institucionalización también supone que la política y Estrategia de desarrollo regional se traduce en mecanismos y procedimientos sistémicos de toma de decisiones.

Una característica esencial de las políticas y estrategias de desarrollo modernas, reside en su de manera que las grandes orientaciones deben necesariamente traducirse en políticas públicas y en mecanismos jurídicamente regulados de acción. En este caso específico, ésta institucionalización también supone que la política y Estrategia de desarrollo regional se traduce en mecanismos y procedimientos sistémicos de toma de decisiones.La Región de Magallanes es beneficiaria de un conjunto de normas legales destinadas a incentivar la inversión y el desarrollo.

 

los instrumentos actuales para el desarrollo regional

 

Desde el punto de vista de los instrumentos, por ejemplo, existen diversos tipos de Incentivos para Inversionistas (vía CORFO), Proyectos de Fomento (PROFOS), mecanismos de estímulo a la Contratación de Mano de Obra, de estímulo y subsidio a la Capacitación Laboral, además del Plan de Desarrollo Productivo para la Zona Austral (o Plan Austral, recientemente aprobado) y del Fondo de Desarrollo de Magallanes (FONDEMA).

Desde el punto de vista jurídico –por otra parte- la región de Magallanes dispone actualmente de los siguientes instrumentos especiales para su desarrollo:

      

  • Ley Nº 13.039 (1958) de Franquicias a los residentes en Regiones Extremas.
  • DS. Nº 341 (08.06.77) de Zonas Francas.
  • DL. Nº 1939 (10.11.77) Fija normas respecto de los bienes del Estado y la venta de terrenos a extranjeros.
  • DL. Nº 889 (21.02.75) de Incentivo a la Contratación de Mano de Obra.
  • DL. Nº 3529 (06.12.80) y DFL. Nº 15 (20.04.81) de Incentivo a la Inversión.
  • Ley Nº 18.392 (14.01.85) o « Ley Navarino », de Régimen Preferencial Aduanero y Tributario.
  • Ley Nº 19.149 (06.07.92) o « Ley Tierra del Fuego », de Régimen Preferencial Aduanero y Tributario.
  • Ley Nº 19.420 (23.10.,95) o « Ley Arica » con beneficios aplicables para Magallanes.
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¿Han sido o son todos ellos útiles, eficientes y eficaces en promover el desarrollo, o en cumplir con las finalidades para los que fueron creados?

Es necesario efectuar una amplia evaluación crítica de la eficacia, pertinencia e impacto que dichos mecanismos han tenido en el desarrollo y el crecimiento económico de Magallanes, y en particular en la generación de empleos, en la perspectiva de integrar a todos estos instrumentos en un cuerpo normativo único.

 

un plan indicativo estratégico para el desarrollo de magallanes

 

La diversidad de instrumentos de apoyo y estímulo al desarrollo de Magallanes indica que históricamente, han existido esfuerzos y orientaciones de política distintos, según los énfasis que cada Gobierno ha querido imprimirle a la región.

Magallanes, por su condición de región extrema y aislada, por su significación geopolítica y oceanopolítica en el contexto nacional y continental, así como por sus características geográficas, demográficas, económicas y socio-culturales particulares, requiere que el Estado articule el conjunto de sus políticas y acciones, mediante un instrumento jurídico normativo único: un Plan Indicativo Estratégico para el Desarrollo de Magallanes.

Magallanes requiere disponer de un marco regulatorio y normativo estable, que permita inducir, integrar y favorecer las distintas iniciativas privadas y públicas dentro de condiciones jurídicas e institucionales estables y conocidas.

Concebimos que éste sería un cuerpo legal de diez años de vigencia, renovable, a manera de una Ley Marco, emanado de un mecanismo, a la vez, técnico y participativo de formulación (el Gobierno Regional, Consejo Regional y/o la Corporación para el Desarrollo de Magallanes), y sancionado por el Congreso Nacional, y al cual se ajustarían todos los actores socio-económicos y políticos de la región.

El Plan Indicativo Estratégico debiera contener, a lo menos los siguientes aspectos específicos:

  1. normas, criterios y mecanismos de estímulo a la inversión productiva estable en la región;
  2. normas, criterios y mecanismos de estímulo a la radicación permanente en la región, de iniciativas y proyectos productivos;
  3. orientaciones estables de política en materia de exenciones tributarias, de estímulo a la inversión y la radicación productiva en la región;
  4. orientaciones estables de política en materia de estímulo a la capacitación, entrenamiento, formación especializada y educación permanente de mano de obra técnica y profesional en y para la región;
  5. normas, criterios y mecanismos de apoyo a la exportación de productos regionales y desde la región; y
  6. normas, criterios y mecanismos de estímulo al financiamiento e implantación en la región de iniciativas y proyectos de innovación, infraestructura y transferencia tecnológicas.

Un Plan Indicativo Estratégico para el Desarrollo de Magallanes, requiere de una institucionalidad ad-hoc, que se responsabilize de su seguimiento.

 

una nueva Corporación para el Desarrollo de Magallanes La experiencia de la Corporación de Magallanes (CORMAG) parece no haber sido suficientemente reconocida ni valorada.

Descartando el enfoque estatista que pudiera percibirse detrás de dicha experiencia, ella significó un impulso valioso a muchos proyectos y se constituyó en un marco institucional eficaz para promover el desarrollo de la región y de sus comunas.

Se hace necesario, sin embargo, evaluar los nuevos escenarios nacionales e internacionales en los que la región podrá actuar e integrarse, así como diagnosticar las nuevas condiciones y características de nuestro propio desarrollo como región, para generar una nueva institucionalidad.

Una Corporación para el Desarrollo de Magallanes, puede ser definida como una corporación de derecho público, autónoma, descentralizada y de carácter regional, destinada a orientar y estimular el desarrollo de la región de Magallanes, y cuya función primordial sería administrar, asignar y controlar el uso eficiente de los recursos señalados en el Plan Indicativo Estratégico.

Desde un punto de vista organizativo, ésta debiera ser una estructura técnicamente eficiente, con un equipo humano técnico-profesional regional y de alta calidad, con un mínimo de personal administrativo, y con oficinas en las cuatro capitales provinciales de la región y en Santiago.

Desde esta misma perspectiva institucional, deben formularse claramente los límites y ámbitos jurisdiccionales respectivos entre la Corporación y el Gobierno Regional, de manera de evitar duplicidades de esfuerzos.el fortalecimiento de los instrumentos de participación

 

Los instrumentos legales e institucionales de participación establecidos por la Ley Orgánica Constitucional de Bases de la Administración, necesitan ser revisados y perfeccionados.

Los instrumentos legales e institucionales de participación establecidos por la Ley Orgánica Constitucional de Bases de la Administración, necesitan ser revisados y perfeccionados.En Magallanes, dadas sus particulares condiciones geográficas, la acción e incidencia de la participación social en las distintas instancias del aparato del Estado, debe relacionarse con éstas características territoriales y combinarse con esfuerzos dirigidos a la descentralización y desconcentración de los servicios públicos, a los que tienen acceso directo los usuarios, especialmente de la salud, la educación, la vivienda y la seguridad ciudadana.

El énfasis debe ser puesto en los Consejos Económico-Sociales Comunales y en los Consejos Económico-Sociales Provinciales, de manera de ampliar el ámbito de sus facultades y de su capacidad para adoptar decisiones técnicamente consistentes en materias presupuestarias, así también con el potenciamiento de las capacidades propositivas y de gestión de las propias organizaciones sociales que acceden a dichas instancias, y en particular, dentro de los campos de acción propios del desarrollo comunal y provincial.

 

 

la construcción social de la crítica: notas sobre el rol de los intelectuales y de la crítica frente al orden establecido

Classé sous ciencia política,epistemologías,reflexiones — paradygmes @ 5:43

la naturaleza del acto crítico 

 

La crítica es un acto de cuestionamiento, representa una representación simbólica y simbolizable de la puesta en tensión, de la problematización de lo existente, de lo pretendidamente existente, para sustituirlo por una lectura diferente. La crítica es una lectura, una lectura de la realidad que apoyada en el inconformismo de lo establecido, apunta a la construcción de una relectura, de una nueva reconstrucción del imaginario.Desde una perspectiva intelectual la crítica se constituye en una tentativa de redefinición de la verdad, de una verdad, a partir de un cuestionamiento de sus premisas, de sus bases conceptuales y empíricas, de una relectura de sus estructuras argumentales, a fin de presentar a la conciencia una nueva manera de ver los hechos, una nueva forma de interpretar los acontecim ientos que intenta escapar a los dogmas establecidos, que pretende « iluminar » otros aspectos de la realidad en cuestión.

Existe una relación dialéctica entre la verdad y la crítica. 

La crítica parte desde una verdad, para arribar -o intentar llegar- a otra verdad por el difícil camino de la reconstrucción y de la reinterpretación de los datos que la constituyen.  La crítica destructiva solo se remite al imaginario por la vía del desmontaje del argumento o la verdad ajena, mediante la descalificación del otro o de la forma argumental utilizada por el interlocutor.  La crítica constructiva recoge y desarma los elementos constitutivos de la verdad argumental en cuestión, va al fundamento de la verdad y no a sus formas exteriores,  y reformula una interpretación de los hechos, dando forma a ideas y fórmulas propositivas que tienden a presentar nuevas salidas a la salución del problema analizado.

La radicalidad de la crítica en el mundo social y en el orden político moderno, hace posible que pueda leerse la realidad escapando a los « discursos oficiales » y a los « discursos únicos » que abundan en ambas dimensiones de la vida contemporánea.  Critico porque la sociedad y la cultura tienen la posibilidad de  alimentarse de una visión distinta que devela, que desnuda las verdades aceptadas como absolutas e intocables.   Por eso la crítica es una posibilidad, una probabilidad que puede o no ser aceptada, que puede o no ser escuchada, pero el intelectual tendrá su conciencia tranquila una vez que haya formulado una visión distinta frente a una misma realidad o frente a otras realidades que los discursos oficiales pueden pretender ocultar, velar  o silenciar.

La crítica frente al orden político es la palabra diferente que elude aceptar en forma obsecuente lo ya establecido, para introducir una interrogación, una duda sustancial: ¿existe otra manera de ver los hechos?  ¿los hechos tal como nos son presentados, constituyen la única interpretación de la realidad?  ¿es posible ver la realidad desde otros puntos de vista?

El dogma se alimenta de verdades absolutas e intocables.

El discurso oficial se nutre de verdades consideradas como únicas o como las verdades políticamente correctas.

Por eso, la crítica -desde el punto de vista intelectual- puede constituirse social y políticamente en un gesto de transgresión frente a las verdades únicas y al orden establecido.

la construcción social de la verdad

En las condiciones de la sociedad moderna, los grupos,  las instituciones, las organizaciones construyen universos simbólicos a partir de los cuales explican su propia realidad y la realidad que los rodea.  Cada grupo humano se construye su propia verdad, su propia realidad, dando forma así a una construcción simbólica y social de la verdad, a partir de la cual los integrantes de ese grupo « leen » la realidad a la que pertenecen.

Los significados y los símbolos confieren así a la acción social y a la interacción social características distintivas.  Si aceptamos que la acción social es aquella en la que los individuos actúan teniendo en mente a los otros, a los demás, entonces sucede que al emprender una acción, los individuos tratan de medir su influencia en los demás actores implicados y por lo tanto en el curso de la acción social, en el curso de la interacción social los individuos comunican simbólicamente significados a otros individuos implicados en la interacción.  Por su parte,  los demás individuos de la escena social interpretan esos símbolos y esos significados y orientan sus respuestas en función de esa interpretación que se hacen de la situación.

Y esas interpretaciones siempre son únicas, porque cada grupo construye su propia visión del orden social que integra, porque proviene de un punto de vista, el propio.

La crítica es un acto de la razón.  Pero ¿se trata siempre de una razón despierta? ¿En el auténtico sentido de la palabra despierta, es decir, atenta, vigilante, crítica, obstinadamente crítica? ¿o de una razón somnolienta, adormecida, que en el momento de inventar, de crear, de imaginar, descarrila y crea, imagina efectivamente monstruos?   La crítica es obra de la razón, cuando devela lo que otros quieren ocultar, cuando reordena en la conciencia individual y colectiva los datos tal como han sido presentados, cuando desnuda lo que estaba vestido para que lo veamos en toda su integridad y en la totalidad de su realidad. 

De esta manera las visiones particulares se orientan en función de verdades generales, aceptadas, consensuadas.  Se produce una construcción social de la realidad, de la verdad, dando forma a verdades únicas, a verdades aceptadas socialmente como únicas e intocables.

La crítica es un acto de la razón en nombre de la libertad y de la responsabilidad.

La crítica social, intelectual y política apunta precisamente a desmontar teórica y argumentalmente esta maquinaria de construcción social de la verdad, poniendo el acento en los tópicos que han sido silenciados, en los aspectos que no han sido mostrados, en los hechos que no han sido abordados en profundidad.   Una crítica tibia y sumisa, una crítica obsecuente es el más seguro pasaporte a un mundo yermo y carente de miradas alternativas, incapaz de poner en entredicho las verdades establecidas que envilecen nuestra existencia y la vuelven gris y acotada.

19 juillet, 2006

glosas al manifiesto comunista

Classé sous reflexiones — paradygmes @ 19:02

PROLOGO

 

El tópico de la actualidad del Manifiesto Comunista frente a las profundas transformaciones que continúa xperimentando el sistema capitalista en todo el planeta, sigue siendo un desafío intelectual enorme.  Desde hace varios años he trabajado esta compleja cuestión desde la perspectiva de la Ciencia Política y el resultado de estas reflexiones es este ensayo.  Se trata de una tentativa teórica e intelectual ambiciosa y, por cierto,  creo que la tarea no está concluida, muy  por el contrario.  

 El texto original del Capítulo I del  Manifiesto Comunista que aquí es glosado, se presenta entre comillas. 

Manuel Luis Rodríguez U.

Punta Arenas – Magallanes,  invierno de 2006.

GLOSAS AL MANIFIESTO COMUNISTA – PRIMER CAPITULO 

« La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.

Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.

El fenómeno de la división de la sociedad en clases sociales no puede ser comprendida como un prejuicio ideológico.  Constituye una realidad inherente a la organización social humana, desde después de los tiempos primitivos, el que la diferenciación social se origina en ujna diferenciación económica básica: la que distingue y separa a los productores de la riqueza, de los propietarios.   En una sociedad donde los propietarios son distintos de los productores de la riqueza económica y material, necesariamente tiene que manifestarse una asimetría social básica, estructural.   Por ello, las clases sociales y la lucha de clases no son una invención sociológica, son una realidad social que las Ciencias Sociales se han encargado de poner de manifiesto.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales.

La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Unicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.

De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía. »

Las modernas Ciencias Sociales han pùesto de manifiesto que una clase social no es un conglomerado homogéneo de individuos unidos por determinadas condiciones materiales.  Es mucho más que eso: una clase social es un vasto universo diverso de individuos cuyo factor común de pertenencia es el lugar que ocupan en el sistema económico y productivo, pero que además se indentifican entre sí por determinadas mentalidades, por determinados modos de pensar, modos de conciencia y modos de actuar en el mundo social, económico, político y cultural.

Cada clase social forma parte de un sistema de clases, y se constituye en un tipo de estratificación social en el que la posición social de un individuo se determina básicamente por criterios económicos y materiales. Reconocemos que el sistema de clases sociales es característico de las sociedades modernas. En toda sociedad moderna se reconoce una mayor movilidad social que en otros sistemas de estratificación social. Eso significa que todos los individuos tienen supuestamente la posibilidad de escalar o ascender en su posición social por su mérito u otro factor. La consecuencia de la formación de las modernas clases sociales fue la desaparición de las organizaciones estamentarias donde cada persona esta ubicada según la tradición en un estrato específico, normalmente para toda la vida. Sin embargo, pese a estas posibilidades de ascenso, el sistema de clases no cuestiona la desigualdad en sí misma, sino solo la describe. La clase social a la que pertenece un individuo determina sus oportunidades, y se define por aspectos que no se limitan a la situación económica y material, ya que incluyen también las maneras de comportarse, las costumbres sociales, los gustos, el lenguaje, las opiniones.   También se afirma que el patrón moral de referencia y las creencias religiosas suelen corresponderse con las de un determinado status social o posición social.
  

Por ello cuando se habla de « burguesía » o de clases trabajadoras, se hace referencia a vastos conglomerados de individuos que se relacionan y se determinan entre sí, por el lugar, por la posición estructural que ocupan en la división social del trabajo, en el sistema económico de cada sociedad: la burguesía se define básicamente por su posición de propietarios y de administradores de un sistema económico capitalista y los trabajadores se definen básicamente por su posición de productores y creadores de la riqueza económica dentro del sistema capitalista, mediante el trabajo asalariado o remunerado.

Cabe subrayar que las sociedades modernas y post-modernas presentan una amplia diversificación de las categorías sociales.  Pero la existencia de grandes categorías sociales que se diferencian entre sí por su ubicación distinta y antagónica dentro del orden socio-económico constituye una realidad ineludible en la sociedad capitalista.

Pero, ¿cómo se ha llegado a esta gigantesca acumulación de capital, de plusvalía y de riqueza en el orden capitalista imperante?  El Manifiesto analiza la historia política y económica desde el siglo XV en adelante, en los términos siguientes.

« El descubrimiento de América y la circunnavegación de Africa ofrecieron a la burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de la India y de China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a la industria un impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron con ello el desarrollo del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.

La antigua organización feudal o gremial de la industria ya no podía satisfacer la demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la manufactura. El estamento medio industrial suplantó a los maestros de los gremios; la división del trabajo entre las diferentes corporaciones desapareció ante la división del trabajo en el seno del mismo taller.

Pero los mercados crecían sin cesar; la demanda iba siempre en aumento. Ya no bastaba tampoco la manufactura. El vapor y la maquinaria revolucionaron entonces la producción industrial. La gran industria moderna sustituyó a la manufactura; el lugar del estamento medio industrial vinieron a ocuparlo los industriales millonarios -jefes de verdaderos ejércitos industriales-, los burgueses modernos.

La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó, a su vez, en el auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y relegando a segundo término a todas las clases legadas por la Edad Media. »

El sistema capitalista entonces, como se expresa hasta aquí, es el resultado histórico de un prolongado proceso de acumulación de riquezas y de expansión económica y geográfica de los mercados.  « La gran industria ha creado el mercado mundial… » dice El Manifiesto y eso es precisamente lo que estamos observando en los inicios del siglo XXI: una poderosa expansión -en forma de globalización de los mercados y de los intercambios- de toda la estructura capitalista de producción, alcanzando ahora los límites del conjunto del sistema-planeta.  La industria básica se ha convertido en industria tecnologizada e informatizada; la banca ha devenido la industria bancaria y de las finanzas; el comercio ha devenido la industria de la compraventa; la construcción ha devenido la industria inmobiliaria…

Ejemplar es aquí el caso de la « economía ganadera de exportación » que se constituyó en la Patagonia chileno-argentina desde fines del siglo XIX en adelante. A partir del la expansión del capital comercial vinculado a centros financieros ingleses, se constituyó en la Patagonia -desde 1880 en adelante aproximadamente- una industria ganadera extensiva cuyos productos (lanas, carnes, cueros) fueron exportados a los mercados británicos y europeos, produciendo gigantescas ganancias para un puñado de terratenientes y empresas ganaderas, y generando una corriente de circulación de capitales, de bienes y de mano de obra cuyo trabajo masivo y producción manufacturera contribuyeron decisivamente a la riqueza material y económica de Magallanes y Santa Cruz hasta 1920.   Esta economía ganadera de exportación hizo crisis con los efectos de la I y la II Guerra Mundial sobre el comercio marítimo entre los puertos de la Patagonia y los mercados ingleses, la apertura del canal de Panamá, con la invención de las fibras sintéticas y la gran depresión de 1929. 

Dentro de este particular « modo de producción patagónico », el desarrollo del comercio de exportación, de la navegación marítima de cabotaje e interoceánica y la formación de la banca regional, constituyeron una burguesía regional abierta al mundo, más precisamente una oligarquía local con fuertes lazos de dependencia con Buenos Aires y Londres.

Y este proceso expansivo del capitalismo, desde el siglo XV hasta el presente, se ha producido acompañado con la transformación del aparato político y de poder.   El Estado de la clase dominante es el Estado burgués, democrático, autoritario o autocrático que preside la estructura política de la sociedad moderna.

« La burguesía moderna, como vemos, es ya de por sí fruto de un largo proceso de desarrollo, de una serie de revoluciones en el mundo de producción y de cambio.    Cada etapa de la evolución recorrida por la burguesía ha ido acompañada del correspondiente progreso político. Estamento bajo la dominación de los señores feudales; asociación armada y autónoma en la comuna; en unos sitios, República urbana independiente; en otros, tercer estado tributario de la monarquía; después, durante el periodo de la manufactura, contrapeso de la nobleza en las monarquías estamentales, absolutas y, en general, piedra angular de las grandes monarquías, la burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado universal, conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del poder político en el Estado representativo moderno. El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa. »

El Estado feudal, o colonial, como el que se conoció en las colonias americanas conquistadas por los europeos desde el siglo XV y XVI, fue desapareciendo gradualmente reemplazado por un estado dominado por la burguesía.  ¿No fue acaso ese mismo proceso de apropiación del poder político el que sucedió inmediatamente terminadas las revoluciones de la independencia en América, a principios del siglo XIX?  ¿Quiénes se quedaron en los cargos claves del poder en las nacientes repúblicas latinoamericanas? La misma burguesía mestiza, la misma oligarquía terrateniente y comerciante que se había rebelado contra los españoles.  

Aquí, el poder político pasó de los funcionarios españoles enviados por la Corona a los comerciantes, abogados y dueños de fundos, de minas o de égidos que detentaban ya gran parte del poder económico en estas alejadas provincias del imperio hispano.

Esta burguesía, esta oligarquía se encargó de echar por tierra, y declarar obsoletas todas las creencias que no servían a sus propios intereses.  ¿Cuando se eliminó la esclavitud en Chile?  Cuando los dueños de esclavos ya no los necesitaban y su posesión era innecesaria…!

A lo largo de dos siglos de historia republicana, como en Chile o en América Latina en general, el Estado ha sido, salvo breves excepciones históricas, el representante político e institucional de la clase económicamente dominante.

Las democracias representativas son por otra parte, el resultado de largos años de luchas políticas y sociales para conquistar el derecho a voto, y los demás derechos consagrados en la cultura política moderna.   Pero esas democracias representativas dentro del sistema capitalista, han funcionado eficientemente como sistemas que permiten una representación cada vez más minoritaria y clasista de las clases gobernantes y dominantes.   Estos sistemas representativos además, han clausurado casi completamente el ejercicio de la soberanía constituyente que pertenece originariamente a la nación, a toda la ciudadanía.

En las condiciones de la globalización capitalista del siglo XXI, el Estado -minado desde su interior por las demandas regionalistas, localistas, federalitas, étnicas y territoriales y desde el orden internacional por las corporaciones globales y las nuevas estructuras de poder supranacional y supraestatal- seguirá poseyendo esa facultad primordial de constituirse en el factor de cohesión de una formación social, de punto de condensación de las contradicciones sociales y políticas, de estructura en la que se concretan las asimetrías sociales que atreviesan a una sociedad determinada.

El Estado moderno es el factor de orden, opera como principio de organización de una sociedad históricamente determinada y como factor de regulación del equilibrio general del sistema de dominación.    Esto significa que -siempre en el contexto capitalista globalizado actual y futuro previsible- el Estado como organización institucional y política y el sistema socio-económico, se articulan como una sola unidad, como un solo gigantesco mecanismo de dominación sobre la sociedad, sobre las distintas categorías sociales que componen una formación social dada. El Estado moderno y el orden económico capitalista actuales funcionan imbricados, asociados, estrechamente vinculados.

« La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario.

Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílica. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al hombre a sus ‘superiores naturales’ las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al contado’. Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.

La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores asalariados.   La burguesía ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones de dinero.

La burguesía ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan admirada por la reacción, tenía su complemento natural en la más relajada holgazanería. Ha sido ella la primera en demostrar lo que puede realizar la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas a las migraciones de los pueblos y a las Cruzadas. »

Probablemente los ciudadanos del presente siglo XXI no hemos terminado de racionalizar el enorme peso dominante que tiene el dinero en las relaciones sociales.  Gracias a un sistema capitalista que ha llegado a permear todas las formas de vida y de organización de la sociedad, el dinero ha llegado a constituirse en el fetiche mayor, en el ídolo endiosado de todas las relaciones humanas, en el símbolo supremo de status y de prestigio, en el mediador obligado de todo vínculo, en el instrumento de poder y de dominación más poderoso de nuestras sociedades.

A su vez, el anterior rol transformador de la burguesía  ha sido objeto de profundos análisis.   Pero resulta evidente en la historia desde la modernidad en adelante, que la burguesía, la clase propietaria, fue la primera que tomó consciencia del poder que tiene en sus manos: fueron los oligarcas y burgueses del siglo XVII y XVIII sobre todo en Occidente los que dieron forma a sus propias revoluciones políticas y sociales, movilizandose políticamente para derribar el poder de reyes y monarcas de derecho divino.  Es lo que hicieron en 1776 con la independencia de los Estados Unidos, en 1789 en la revolución francesa y entre 1800 y 1850 las revoluciones nacionalistas de Europa y América: cambios políticos que desplazaron a los realistas y monárquicos, para instalarse en el poder como la clase dominante.  Ese fue el rol revolucionario de las burguesías nacionales, propio de los siglos XVIII y XIX.

El proletariado, las clases trabajadoras a su vez, tomaron consciencia de su lugar en la sociedad y en la historia, solo a partir de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX.  En el proceso de toma de consciencia -cuando grandes grupos sociales toman consciencia de lo que son, de su rol histórico y del lugar que tienen en la sociedad- primero fue la burguesía, los propietarios y después han sido las clases trabajadoras.   Pero esa toma de consciencia es un proceso ininterrumpido que aun continúa y que se prolongará a lo largo del siglo XXI, cuando otros sectores sociales y culturales excluídos, discriminados y explotados por el sistema de dominación actual, vayan tomando consciencia a su vez de su rol, identidad y lugar en la sociedad y busquen cambiar las condiciones de vida y las estructuras de dominación que el sistema les ha asignado. 

« La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas, las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo estamental y estancado de esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones recíprocas.

Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.

Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.

Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las más bárbaras. los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.

El capitalismo y la mentalidad capitalista han transformado profundamente la sociedad humana.  Han introducido en las relaciones humanas el afán de lucro, de ganancia, de apropiación de bienes, de dominación material, de depredación de la naturaleza, como conductas normales y significativas.  El capitalismo ha sido la más poderosa maquinaria de alienación que ha creado la humanidad.

Al caer las barreras nacionales frente al efecto arrollador de la expansión capitalista, todo el sistema social, todo el orden político, toda la cultura nacional y las culturas regionales giran en torno a las relaciones económicas, como un torbellino que absorve a todo ser humano.

La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad. Ha creado urbes inmensas; ha aumentado enormemente la población de las ciudades en comparación con las del campo, sustrayendo una gran parte de la población al idiotismo de la vida rural. Del mismo modo que ha subordinado el campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.

La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en manos de unos pocos. La consecuencia obligada de ello ha sido la centralización política. Las provincias independientes, ligadas entre sí casi únicamente por lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras diferentes, han sido consolidadas en una sola nación, bajo un solo gobierno, una sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola linea aduanera.    La burguesía, a lo largo de su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la asimilación para el cultivo de continentes enteros, la apertura de los ríos a la navegación, poblaciones enteras surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los siglos pasados pudo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas dormitasen en el seno del trabajo social? »

En el siglo XXI, los cambios en las fuerzas productivas y los modos de producción aparecen determinados por una creciente incorporación tecnológica.  En el presente y en el futuro, el trabajo, como proceso de transformación de la naturaleza y de la materia, irá incorporando cada vez más tecnologías y procedimientos racionales destinados a obtener el máximo de ganancia y de riqueza económica, con el máximo de explotación laboral y el mínimo de esfuerzo físico.  

En las condiciones de la globalización, el trabajo, ya sea social e individual, se deslocaliza y se diversifica, flexibilizandose las condiciones de la producción y superando los límites de las soberanías nacionales y los controles estatales.

« Hemos visto, pues, que los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal. Al alcanzar un cierto grado de desarrollo estos medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla. Se transformaron en otras tantas trabas. Era preciso romper esas trabas, y las rompieron.

En su lugar se estableció la libre concurrencia, con una constitución social y política adecuada a ella y con la dominación económica y política de la clase burguesa.

Ante nuestros ojos de está produciendo un movimiento análogo. Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones burguesas de propiedad, toda esa sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros. Desde hace algunas décadas, las historia de la industria y del comercio no es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación. Basta mencionar las crisis comerciales que, con su retorno periódico, plantean, en forma cada vez más amenazante, la cuestión de la existencia de toda la sociedad burguesa. Durante cada crisis comercial se destruye sistemáticamente, no sólo una parte considerable de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la sociedad: la epidemia de la superproducción. La sociedad se encuentra súbitamente retrotraída a un estado de súbita barbarie: diríase que el hambre, que una guerra devastadora mundial la han privado de todos sus medios de subsistencia; la industria y el comercio parecen aniquilados. Y todo eso, ¿por qué? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de vida, demasiada industria, demasiado comercio.

Las fuerzas productivas de que dispone no favorecen ya el régimen de la propiedad burguesa; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa. Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; de la otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De qué modo lo hace, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas. »

El capitalismo globalizado del siglo XXI, al igual que las sucesivas etapas anteriores de la acumulación capitalista, funcionará sobre la base de una sucesión de ciclos de crecimiento de la producción y del consumo, del incremento de la tecnificación y automatización, y de expansión de la inversión, seguida de coyunturas de crisis determinadas por la sobreproducción, el endeudamiento masivo, la inflación desatada, la inestabilidad social y política, las catástrofes ambientales y el incremento de las guerras y conflictos por la posesión de los recursos naturales y energéticos más escasos y estratégicos.

La trayectoria general del capitalismo en el siglo XXI será la de un sistema global azotado por una secuencia y diversidad de crisis de carácter económico, financiero, energético, político y ambiental.

Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar al feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía.

Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle muerte; ha producido también a los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.

En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarróllase también el proletariado, la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo encuentran únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital. Estos obreros, obligados a venderse al detalle, son una mercancía como cualquier otro artículo de comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a todas las fluctuaciones del mercado.

El creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al trabajo del proletariado todo carácter propio y le hacen perder con ello todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice de la máquina, y sólo se le exigen las operaciones más sencillas, más monótonas y de más fácil aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el obrero se reduce poco más o menos a los medios de subsistencia indispensables para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el precio de todo trabajo, como el de toda mercancía, es igual a los gastos de producción. Por consiguiente, cuanto más fastidioso resulta el trabajo, más bajan los salarios. Más aún, cuanto más se desenvuelven la maquinaria y la división del trabajo, más aumenta la cantidad de trabajo bien mediante la prolongación de la jornada, bien por el aumento del trabajo exigido en un tiempo dado, la aceleración del movimiento de las máquinas, etc.

La industria moderna ha transformado el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del capitalista industrial. Masas de obreros, hacinados en la fábrica, son organizados en forma militar. Como soldados rasos de la industria, están colocados bajo la vigilancia de toda jerarquía de oficiales y suboficiales. No son solamente esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos de la máquina, del capataz y, sobre todo, del burgués individual, patrón de la fábrica. Y este despotismo es tanto más mezquino, odioso y exasperante, cuanto mayor es la franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.

Cuanto menos habilidad y fuerza requiere el trabajo manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo de la industria moderna, mayor es la proporción en que el trabajo de los hombres es suplantado por el de las mujeres y los niños. Por lo que respecta a la clase obrera, las diferencias de edad y sexo pierden toda significación social. No hay más que instrumentos de trabajo, cuyo coste varía según la edad y el sexo.    Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.

Pequeños industriales, pequeños comerciantes y rentistas, artesanos y campesinos, toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en las filas del proletariado; unos, porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer grandes empresas industriales y sucumben en la competencia con los capitalistas mas fuertes; otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante los nuevos métodos de producción. De tal suerte, el proletariado se recluta entre todas las clases de la población.

Las transformaciones más profundas generadas por el capitalismo global e imperial del presente y del futuro, serán los cambios en la desfera del trabajo: deslocalización y desterritorialización de los centros productivos, flexibilización y deterioro de las condiciones contractuales de trabajo, mecanización de los procesos productivos, virtualización de la base tecnológica del trabajo, son las principales mutaciones que se manifiestan en este campo.

El trabajo, tal como se le conocía en el mundo capitalista, ha hecho implosión.  El trabajo en el presente se hace más precario, se incrementa el trabajo informal, el trabajo infantil y hasta las variadas formas de esclavitud laboral que se creían superadas. Desaparecen fracciones enteras de las clases trabajadoras, arrasadas por el hundimiento y deterioro de formas y ramas de la actividad productiva, los trabajadores -individual y grupalmente considerados- hoy devienen una mercancía de precio variable, desechable y de facil manejo.  La vieja demanda de 8 horas de trabajo, ha pasado a formar parte del museo de las nostalgias de los trabajadores en casi todo el mundo, en nombre de la ideología neoliberal de la eficiencia, de la productividad, de los criterios de evaluación de desempeño y de la feroz competencia al interior del mercado laboral.

El proletariado pasa por diferentes etapas de desarrollo. Su lucha contra la burguesía comienza con su surgimiento.

Al principio, la lucha es entablada por obreros aislados, después, por los obreros de una misma fábrica, más tarde, por los obreros del mismo oficio de la localidad contra el burgués individual que los explota directamente. No se contentan con dirigir sus ataques contra las relaciones burguesas de producción, y los dirigen contra los mismos instrumentos de producción: destruyen las mercancías extranjeras que les hacen competencia, rompen las máquinas, incendian las fábricas, intentan reconquistar por la fuerza la posición perdida del artesano de la Edad Media.

En esta etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y disgregada por la competencia. Si los obreros forman masas compactas, esta acción no est todavía consecuencia de su propia unión, sino de la unión de la burguesía, que para alcanzar sus propios fines políticos debe -y por ahora aún puede- poner en movimiento a todo el proletariado. Durante esta etapa, los proletarios no combaten, por tanto, contra sus propios enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, es decir, contra los restos de la monarquía absoluta, los propietarios territoriales, los burgueses no industriales y los pequeños burgueses. Todo el movimiento histórico se concentra de esta suerte, en manos de la burguesía; cada victoria alcanzada en estas condiciones es una victoria de la burguesía.

Pero la industria, en su desarrollo, no sólo acrecienta el número de proletarios, sino que les concentra en masas considerables; su fuerza aumenta y adquieren mayor conciencia de al misma. Los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquina va borrando las diferencias en el trabajo y reduce el salario, casi en todas partes, aun nivel igualmente bajo. Como resultado de la creciente competencia de los burgueses entre sí y de las crisis comerciales que ella ocasiona, los salarios son cada vez más fluctuantes; el constante y acelerado perfeccionamiento de la máquina coloca al obrero en situación cada vez más precaria; las colisiones entre el obrero individual y el burgués individual adquieren más y más el carácter de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a formar coaliciones contra los burgueses y actúan en común para la defensa de sus salarios. Llegan hasta formar asociaciones permanentes para asegurarse los medios necesarios, en previsión de estos choques eventuales. Aquí y allá la lucha estalla en sublevación.

En el presente y en el futuro, sin embargo, a una desmasificación del trabajo y de los trabajadores como categorías laborales, se acompaña una segmentación mayor del mundo laboral.  

Los trabajadores de hoy se niegan a ser tratados como masas anónimas, en nombre del reconocimiento de las identidades personales, sociales, culturales, religiosas y étnicas.  Probablemente serán los trabajadores del futuro uno de los componentes claves de las multitudes inteligentes que pueden constituir el « sujeto histórico » de los cambios sociales, junto a otras categorías sociales.

Las revoluciones sociales, que tanto pavor provocan en los dueños del poder, se producen en las calles y en las instituciones, solo después que se han revolucionado las mentes y las consciencias.  Y esas transformaciones profundas y prolongadas del orden social ocurren a condición que « los de abajo » tengan plena consciencia y voluntad de que no quieren seguir siendo dominados y gobernados como hasta ahora y deciden tomar los asuntos públicos en sus manos, y que « los de arriba » perciban claramente que no pueden seguir dominando y engañando como hasta ahora.

A veces los obreros triunfan; pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros. Esta unión es propiciada por el crecimiento de los medios de comunicación creados por la gran industria y que ponen en contacto a los obreros de diferentes localidades. Y basta ese contacto para que las numerosas luchas locales, que en todas partes revisten el mismo carácter, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases. Mas toda lucha de clases es una lucha política. Y la unión que los habitantes de las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, tardaron siglos en establecer, los proletarios modernos, con los ferrocarriles, la llevan a cabo en unos pocos años.

Esta organización del proletariado en clase y, por tanto, en partido político, vuelve sin cesar a ser socavada por la competencia entre los propios obreros. pero resurge, y siempre más fuerte, más firme, más potente. Aprovecha las disensiones intestinas de los burgueses para obligarles a reconocer por la ley algunos interese de la clase obrera; por ejemplo, la ley de la jornada de diez horas en Inglaterra.

Los partidos políticos son una herramienta fundamental, aunque no la única, de los que buscan los cambios sociales frente al sistema capitalista de dominación.  Sigue vigente la poderosa fuerza cuestionadora, alternativa y transformadora de los movimientos, de los actores sociales, de la sociedad civil organizada, de las formas primarias de organización que se manifiestan a escala micro-social y que los partidos y las fuerzas políticas del cambio pueden transformar en escala macro-social.   La sociedad civil organizada puede ser escuela de democracia y de solidaridad, de lucha de clases cultural, social y política, puede ejercitar el autogobierno, la autodeterminación, la horizontalidad de la participación, puede apuntar políticamente hacia los procesos y mecanismos de toma de decisión en las estructuras institucionales de poder, superando los procedimientos meramente consultivos.

Los trabajadores o los productores, en la época del capitalismo globalizado, parecen tender a diversificar sus preferencias ideológicas y políticas, en la medida en que el individualismo predominante alcanza a diluir su disposición de resistencia a las condiciones laborales que les son impuestas por el sistema.  Aquí entonces, el individualismo alienante y desocializado que propone el sistema, entra en colisión con la exasperación por la miseria, las bajas remuneraciones, los atropellos cotidianos a la dignidad del trabajador y las condiciones generales del trabajo.

« En general, las colisiones en la vieja sociedad favorecen de diversas maneras el proceso de desarrollo del proletariado. La burguesía vive en lucha permanente; al principio, contra la aristocracia; después, contra aquellas facciones de la misma burguesía, cuyos intereses entran en contradicción con los progresos de la industria, y siempre, en fin, contra la burguesía de todos los demás países. En todas partes estas luchas se ve forzada a apelar al proletariado, a reclamar su ayuda y a arrástrale así al movimiento político. De tal manera, la burguesía proporciona a los proletarios los elementos de su propia educación, es decir, armas contra ella misma.

Además, como acabamos de ver, el progreso de la industria precipita a las filas del proletariado a capas enteras de la clase dominante, o, al menos, las amenaza en sus condiciones de existencia. También ellas aportan al proletariado numerosos elementos de educación.

Finalmente, en los periodos en que la lucha de clases, se acerca a su desenlace, el proceso de desintegración de la clase dominante, de toda la vieja sociedad, adquiere un carácter tan violento y tan agudo que una pequeña fracción de esa clase reniega de ella y se adhiere a la clase revolucionaria, a la clase en cuyas manos está el porvenir. Y así como antes una parte de la nobleza se pasó a la burguesía, en nuestros días un sector de la burguesía se pasa al proletariado, particularmente ese sector de los ideólogos burgueses que se han elevado hasta la comprensión teórica del conjunto del movimiento histórico.

De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar.

Los estamentos medios -el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino-, todos ellos luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales estamentos medios. No son, pues, revolucionarios, sino conservadores. Más todavía, son reaccionarios, ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia. Son revolucionarios únicamente por cuanto tienen ante sí la perspectiva de su transito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, por cuanto abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado.

El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud de todas sus condiciones de vida está más dispuesto a venderse a la reacción para servir a sus maniobras. »

El problema del « sujeto histórico », es decir, del o de los sectores sociales que están llamados a producir el cambio social y la transformación del sistema económico y politico de dominación, aparece en cada gran fase de desarrollo de un determinado modo de producción.  

Cuando el capitalismo entra en una nueva fase de su desarrollo desde fines del siglo XX, hoy caracterizada por la estructuración global de los intercambios y los flujos de producción y de inversión, el sujeto histórico está centrado en las clases trabajadoras, pero se extiende también a otras categorías sociales desheredadas, discriminadas y excluídas de los beneficios del crecimiento y el desarrollo: los jóvenes, las mujeres, la tercera edad, los aborígenes y pueblos originarios, las minorías sexuales, los migrantes… 

De este modo, así como el capitalismo industrial del siglo XIX y XX produjo las desigualdades sociales que se manifestaron en la inmensa riqueza de una minoría burguesa y oligárquica transnacional, el capitalismo globalizado del siglo XXI produce nuevas asimetrías sociales, culturales, económicas y territoriales que transforman el sistema-planeta en un gigantesco mecanismo de producción y reproducción de las desigualdades anteriores.

« Las condiciones de existencia de la vieja sociedad están ya abolidas en las condiciones de existencia del proletariado. El proletariado no tiene propiedad; sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen nada en común con las relaciones familiares burguesas; el trabajo industrial moderno, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en Francia, en Norteamérica que en Alemania, despoja al proletariado de todo carácter nacional. Las leyes, la moral, la religión son para él meros prejuicios burgueses, detrás de los cuales se ocultan otros tantos intereses de la burguesía.

Todas las clases que en el pasado lograron hacerse dominantes trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda sociedad a las condiciones de su modo de apropiación. Los proletarios no pueden conquistar las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo de apropiación en vigor y, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que destruir todo lo que hasta ahora ha venido garantizando y asegurando la propiedad privada existente.

Todos los movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de minorías. El movimiento proletario es un movimiento propio de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría. El proletariado, capa inferior de la sociedad actual, no puede levantarse, no puede enderezarse, sin hacer saltar toda la superestructura formada por las capas de la sociedad oficial.

Las clases y categorías sociales desposeídas de la riqueza que ellos mismos producen en el sistema capitalista actual, se enfrentan a un doble dilema futuro: defender una propiedad capitalista que no les pertenece, o transformar dee arriba abajo toda la sociedad y su mecanismo de dominación, de manera que la más amplia y efectiva propiedad social haga ilusoria la ínfima propiedad individual que todos sueñan. »

El cambio social, la transformación revolucionaria de la sociedad capitalista, proviene del derrumbe político e ideológico de la superestructura social y política que le da coherencia.  El sujeto histórico de los cambios sociales en el capitalismo globalizado del siglo XXI tiene entonces que conquistar las mentes, las consciencias, las hábitos y las costumbres de las multitudes, de las mayorías, de manera de reemplazar los anti-valores del lucro, del individualismo acrítico, del beneficio personal a cualquier precio, del éxito individual y el prestigio en función de la posesión de bienes materiales, del consumo por encima de la austeridad y el ahorro, de la competencia desenfrenada de unos contra otros, por los valores de la solidaridad, la libertad, el respeto a la dignidad de la persona humana, de la valoración de la diversidad, de la justicia social.

El individualismo y el peso de la costumbre y las tradiciones son los más poderosos factores de alienación del capitalismo.

« Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural que el proletariado de cada país deba acabar en primer lugar con su propia burguesía.

Al esbozar las fases más generales del desarrollo del proletariado, hemos seguido el curso de la guerra civil más o menos oculta que se desarrolla en el seno de la sociedad existente, hasta el momento en que se transforma en una revolución abierta, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, implanta su dominación.

Todas las sociedades anteriores, como hemos visto, han descansado en el antagonismo entre clases opresoras y oprimidas. Mas para poder oprimir a una clase, es preciso asegurarle unas condiciones que le permitan, por lo menos, arrastrar su existencia de esclavitud. El siervo, en pleno régimen de servidumbre, llegó a miembro de la comuna, lo mismo que el pequeño burgués llegó a elevarse a la categoría de burgués bajo el yugo del absolutismo feudal. El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con el progreso de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las condiciones de vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar a su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavitud, porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle, en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo sucesivo, incompatible con la de la sociedad.

La condición esencial de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de la riqueza en manos de particulares, la formación y el acrecentamiento del capital. La condición de existencia del capital es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado descansa exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí. El progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz de oponérsele, es agente involuntario, sustituye el aislamiento de los obreros, resultante de la competencia, por su unión revolucionaria mediante la asociación. Así, el desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases sobre las que ésta produce y se apropia lo producido. La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitable. »

En las condiciones de la globalización capitalista actual y futura previsible, el trabajo continuará siendo la fuente principal de la riqueza material y de las ganancias económicas del capital.  La afirmación de que la condición de la existencia del capital es el trabajo asalariado, significa hoy claramente que el trabajo produce el capital y la riqueza; pero, también es fuente de miserias y de pobrezas, de desigualdades, de injusticias y de asimetrías. El cambio fundamental que está experimentando el capitalismo y que determinará su evolución a lo largo del siglo XXI es la creciente incorporación y masificación del uso de tecnologías y de información en los procesos económicos y productivos.

La acumulación de riqueza y de poder material y económico en manos de unos pocos, es una condición sine-qua-non de la existencia y del funcionamiento desenfrenado del capitalismo globalizado del siglo XXI.  Por  lo tanto, el progreso se ha transformado en una competencia despiadada de unos contra otros, de unos países contra otros países, de unas empresas contra otras empresas, trasladando subrepticiamente la lógica de la guerra al funcionamiento económico y social de nuestro mundo.  Es el caótico orden que anunciaba Hobbes: el hombre es el lobo del hombre; no hay peor enemigo del ser humano que otro ser humano.  Sobre la base de esta lógica ilógica la humanidad y cada una de nuestras sociedades solo pueden esperar para su futuro, un caos competitivo en el que solo prevalecerán los más fuertes, los mejor dotados, los que posean los mejores recursos, los que dispongan de mejor información, los que manejen mejor las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y quienes utilicen las más hábiles astucias para derrotar a los demás.  Triunfarán… pero no serán felices.

El trabajo de los que producen la riqueza (trabajo físico, trabajo intelectual y trabajo virtual) no puede ser solamente una competencia fría de todos contra todos: tiene que ser la expresión más profundamente humana de la creatividad, la imaginación, el esfuerzo, la solidaridad, el conocimiento y la inteligencia.

Pero si se unen los desheredados, podrán construir su felicidad y edificar una sociedad en la que todos tengan una oportunidad, en donde la libertad, la justicia, la democracia y la dignidad sean valores que impregnen todo el orden social.

18 juillet, 2006

aproximaciones a la problemática de la libertad

Classé sous reflexiones — paradygmes @ 23:25

En el centro de la existencia humana, en el corazón de la condición humana, reside la libertad, el libre juicio de la conciencia y de la razón para determinar y autodeterminarse.

I.  El imperativo fundamental de la libertad humana reside en la razón, en la capacidad superior y permanentemente renovada del individuo en cuando elemento constitutivo de la sociabilidad, para permanecer y para ser sujeto de su propia realización individual y social.   La libertad humana es realización y autorealización del ser humano, de todo el ser humano, en su complejidad única, irrepetible y condicionada.

II.  La libertad humana tiene dimensiones, tiene aspectos, presenta aproximaciones infinitas.  Pero ella se dirige a que la humanidad que contiene cada ser humano sea más amplia, más profunda, más humana.

III.  No hay más dioses ni ídolos en la totalidad histórica de la existencia humana, que aquellos que su propia libertad le permite tener y aquellos que su propia alienación le permite adorar.

IV.  Los límites a la libertad humana se encuentran en la esfera del deber. Todo acto de libertad es un acto de responsabilidad, o no es libertad. El deber, es el imperativo ético que permite consolidar a la libertad como forma humana de la existencia, al prescribir a la conciencia moral lo que debe hacerse o no hacerse por la sola fórmula de su aparición en la razón.

V.  El problema de la libertad también es un problema de poder, un esencial problema en el que se supone cuestionada toda relación humana, toda interacción, toda intersubjetividad, ya que el ejercicio pleno de la libertad es una forma siempre cambiante y siempre enriquecedora de apoderarme de mí mismo para ser más, y no una forma de apoderarme de los otros para tener más.  En la resolución de este dilema histórico, la determinación del ser humano proviene de las condiciones materiales en las que nace, vive y se desarrolla, de las estructuras societarias en las que se inserta.

VI. La libertad es un atributo que aun siendon inherente a la especie humana, me pertenece en tanto y en cuanto la hago efectiva, la realizo y la manifiesto en la sociabilidad y en la historia.  Soy libre en tanto ejerzo mi libertad, en tanto construyo mi lugar en la sociedad y contribuyo a la construcción de la sociedad y de la cultura integrando mis particularidades, mi identidad, mi especificidad única e irrepetible.   Por ello, la libertad es irrenunciable a la condición humana.

VII.  La libertad no es solo ausencia de limitaciones, es sobre todo, autonomía y espontaneidad del sujeto racional en su propia historicidad, en su propio ser social e individual.

VIII. En cuanto acto voluntario de la conciencia la libertad es a la vez, un imperativo de la razón y una oportunidad abierta a la creación, a la imaginación.  La libertad resulta así una intuición inmediata e interna de nuestra razón y, al mismo tiempo, el resultado de una experiencia histórica a través de la cual vamos transformando la sociedad transformando nuestra propia individualidad.

IX.  En la historia humana, el ser humano es la referencia superior, es la expresión última y primordial de la naturaleza. El ser humano no es solamente un producto de la naturaleza, es en primer lugar, la principal entidad creadora, consciente y racional de la naturaleza.  En su devenir, la humanidad a través de la historia siempre tiende a buscar realizar la libertad.

 

16 juillet, 2006

los dioses se han venido al piso

Classé sous reflexiones — paradygmes @ 11:39

Los dioses se han venido al piso.  Desde hace decenios y al interior del turbulento siglo XX ya terminado y de este siglo XXI que no termina de comenzar, los dioses se fueron cayendo poco a poco, desde su pedestal absoluto, desde su mentirosa y burda estatuaria de yeso, desde sus descoloridas figuraciones y símbolos. 

Los dioses son, como nos lo sugiere genialmente el filósofo alemán Ludwig Feuerbach, nada más que  invenciones humanas, tristes figuras y horripilantes castigadores, espejos distorsionados, pero espejos al fin de la naturaleza humana, hundida en las sórdidas profundidades de la ignorancia.

Los dioses, cualquiera sea la identidad religiosa en la que se inscriban a lo largo de la historia de la Humanidad, no son más que  elaboraciones de la conciencia humana y acaso del subconsciente humano, que pretenden responder a las constantes e interminables interrogaciones e incógnitas del ser humano y de su destino.

Y mientras las grandes religiones monoteístas que predominan culturalmente en el mundo contemporáneo, luchan entre sí con las herramientas de la muerte y de la guerra, del dinero y del poder, del capital y de la alienación de las multitudes anónimas, solo podemos observar el derrumbe de las utopías celestiales a manos de la ciencia y de la realidad.

Los dioses se han venido al suelo, por obra y gracias de la vergonzosa y repetida pederastia de los sacerdotes católicos y otros escándalos morales y económicos muy  a su cuenta,por obra y  gracia del fanatismo desatado y paranoico de los integristas de todos los signos, gracias a la soberana intolerancia con que las religiones institucionalizadas miran a la libertad humana y pretenden imponer normas, reglas y códigos morales sobre sus propios fieles y -lo que es más condenable aún-  sobre sus no-fieles.  ¿Puede uno ir a recibir tranquilo la hostia de la « comunión » de manos de un sacerdote, sin saber antes con qué niños o adolescentes enjuagó su lascivia o su triste naturaleza humana?

Los dioses se pueden venir al suelo solo en nombre de la libertad.  Libertad para pensar, libertad para crear mundos imaginarios y virtuales, libertad para edificar futuros de libertad, libertad para discrepar y opinar, libertad para ser y estar, libertad para alcanzar y expandir todas las dimensiones de la condición humana en todas las direcciones del ser.   El ser humano para ser libre, no necesita dioses.  Y por el contrario, para creer en dioses, el ser humano no necesita ser libre. 

Figuraciones imaginarias, construcciones metafóricas, imágenes de una realidad natural y humana, fórmulas de un autoengaño,  simbologías construídas sobre la base del miedo, de la sumisión y del silencio: eso han sido los dioses.