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23 août, 2006

política, globalización y educación – la transición hacia nuevos paradigmas

 

DOS TRANSICIONES PARA UN CAMBIO GLOBAL
 

El orden mundial –desde mediados del siglo xx- está en pleno proceso de mutaciones, en pleno cambio de paradigmas.  Probablemente la frase que mejor sintetiza el momento histórico que vive hoy la humanidad es que nos encontramos no solo en una época de cambios sino que sobre todo asistimos a un cambio de época.
 

Y los cambios estructurales a los que está asistiendo la sociedad contemporánea se pueden definir y sintetizar en dos fórmulas generales, que aquí pueden tener el carácter de hipótesis de trabajo:
 

1°  nos encontramos en un momento de evolución en el que el orden mundial ha ingresado en una era de hegemonía unipolar de carácter imperial en la que la globalización no es más que una forma de materializarse esa hegemonía; y
 

2° que la sociedad en su conjunto avanza desde una cultura material basada en los valores tradicionales de la modernidad, hacia una cultura basada en el conocimiento y en el saber.
 

Agreguemos que Chile, además se encuentra precisamente en una etapa paralela de transición hacia la modernidad. En efecto, y siempre ubicados en una perspectiva temporal del largo plazo, podemos sustentar la hipótesis de que la sociedad chilena se encuentra -desde mediados del siglo XX- en una prolongada fase de transición desde una cultura tradicional a unha cultura con rasgos modernos.  El ingreso de Chile a la modernidad, al igual que las demás sociedades latinoamericanas, se produce en condiciones en que nuestro país se sitúa como una sociedad subdesarrollada y dependiente.  
 

Por lo tanto, el cambio fundamental que caracteriza a la sociedad contemporánea es el de una profunda y prolongada transición desde una sociedad basada en el trabajo físico, el consumo de las energías no-renovables y una cultura tradicional, hacia una sociedad basada en el conocimiento, en la circularidad de la información y en el despliegue de una cultura moderna y post-moderna esencialmente materialista e individualista.
 

¿Qué es lo que está siendo cuestionado por este cambio estructural al cual estamos asistiendo como sociedad y como sistema-planeta?
 

Tres aspectos que nos interesan.
 

A fuerza de no pretender poner el acento en los aspectos negativos, cabe subrayar que asistimos a tres formas de crisis.  Asistimos a una crisis de la Política tradicional.  Asistimos a una crisis del orden mundial anterior.  Asistimos a una crisis de los paradigmas anteriores de la comunicación y del conocimiento.
 

I.  CRISIS DE  LA POLITICA TRADICIONAL
 

Se ha vuelto un lugar común criticar a la Política en nombre de la crisis de la política tradicional.   La política como forma social de actividad intelectual y práctica dirigida a pensar y gobernar la sociedad hace crisis en la medida en que percibimos que los términos de referencia de la relación entre las instituciones y la clase política por un lado, y la ciudadanía por el otro, están cambiando radicalmente.
 

La Política, como práctica social y como universo simbólico, ha entrado en crisis, como una de las consecuencias de los múltiples impactos provenientes de la modernización.
 

La percepción ciudadana respecto de la Política está cada vez más degradada y deslegitimada, y este es un fenómeno que trasciende las fronteras nacionales para abarcar el conjunto de la sociedad y los sistemas políticos contemporáneos. Por lo tanto, la afirmación de que la Política, los partidos y la clase política han entrado en una prolongada crisis de legitimidad y credibilidad en la sociedad actual, no es básicamente un “argumento ideológico sesgado” –aunque pueda serlo en boca de ciertos políticos detractores de sus demás adversarios- sino que es un tópico respaldado por un cúmulo creciente de indicadores, entre los cuales las encuestas de opinión pública no son más que un factor.
 

La política tradicional se ha hecho no creíble, ha perdido la centralidad de su atractivo anterior.
 

La crisis de la Política es, a la vez, una crisis de la acción política, como una crisis de la percepción pública acerca de ella, es decir, de la cultura política.
 

El creciente predominio del discurso y las prácticas individualistas, y la búsqueda del éxito y la realización personal, y la notoria des-solidarización de los ciudadanos respecto de la sociedad en general y del sistema político en particular, son manifestaciones exteriores de una tendencia profunda que tiene lugar en la época contemporánea: la tendencia hacia la modernidad.
 

La modernidad –como tendencia estructural e ideológico-cultural dominante- se introduce en el sistema político, generando un efecto disolvente y desarticulador, de manera que las fuerzas, partidos y actores políticos tradicionales se ven enfrentados a la creciente tensión ocasionada por nuevos problemas y nuevas aspiraciones y demandas provenientes de una sociedad civil cada vez más culturalmente diversa y socialmente diversa.
 

Probablemente, uno de los rasgos más significativos que denotan la crisis de los paradigmas políticos, y la propia crisis de la Política (como práctica social), reside en la pérdida de su anterior centralidad en los procesos sociales.
 

En efecto, la Política aún cuando continúa siendo uno de los procesos sociales y culturales relevantes que tienen lugar en una sociedad histórica. Sin embargo, como efecto e impacto de la modernidad, ella ha perdido su centralidad siendo aparentemente sustituída por otros liderazgos, otros intereses ciudadanos, otras formas organizativas y comunicacionales, y se ha convertido gradualmente, en objeto de crecientes críticas generando una percepción social negativa en torno suyo.
 

Probablemente lo más serio es que la Política, y por ende, la clase política, parecen dejar de ser el mecanismo único, seguro y válido de resolución de los problemas y las demandas de la ciudadanía, siendo parcialmente reemplazada por la Economía, por la tecnocracia y por la Administración.
 

Esta transposición da como resultado que la Política pierde su atractivo mediático ante las multitudes, así como su capacidad de convocatoria social: los ídolos y líderes que atraen a los grandes colectivos modernos –cuando ellos existen realmente- ya no son los dirigentes políticos, y los símbolos políticos e ideológicos dejan de tener un poder de evocación y de representación simbólica significativa.
 

La Política –como forma de pensar la sociedad- parece desvanecerse en el universo mediático, sustituída o relativizada por otros universos simbólicos y valóricos.   Tampoco resultaría científico atribuir éste fenómeno a la exclusiva responsabilidad de “los políticos”, por más que sobre ellos cae una nebulosa de descrédito moral.
 

La crisis de la Política, es en realidad, la crisis de la política tradicional, y ella traduce en el plano de las instituciones y de los procesos políticos la crisis general que acompaña a la transición desde una sociedad anteriormente basada en valores y formas tradicionales de hacer política, hacia una sociedad en la que predominarían códigos, valores, modelos y formas organizativas modernas.
 

Aquel paradigma tradicional que hacía de la Política una actividad a la vez, elitista y masiva, basada en el contacto directo y paternalista entre el político y la ciudadanía, en grandes movilizaciones masivas evocadoras de la unidad de la nación, la clase o el partido, que generaba relaciones de dependencia y cooptación entre la clase política –otorgadora de bienes, servicios, favores y privilegios- y la ciudadanía –demandante y receptora de los beneficios que descendían desde las esferas políticas y del poder- en términos de clientelismo y caciquismo, ese paradigma está siendo gradualmente barrido o superado por una Política moderna o con rasgos modernos basada principalmente en los efectos mediáticos y de imagen, en la capacidad individual del político para alcanzar cobertura y presencia comunicacional, en la profesionalización de la actividad política y dirigente, en la ingeniería de los escenarios políticos virtuales, potenciados por la aceleración del tiempo, por el manejo de la comunicación y sus contenidos, y por la circulación instantánea de la información, de manera que ésta última deviene el poder.
 

II.  CRISIS DEL ORDEN MUNDIAL Y GLOBALIZACION
  Al mismo tiempo, a nivel mundial, el sistema internacional ha entrado también en una época de turbulencias y de incertidumbres.  Terminada la bipolaridad Este-Oeste de la segunda mitad del siglo XX, ahora hemos entrado en una época –cuyo término en el tiempo no podemos prever-  caracterizada por la hegemonía global del imperio estadounidense, en términos de unipolaridad.
 

Y esta hegemonía global se acompaña de una tendencia profunda que aparece desde fines del siglo XX de expansión de los intercambios que se ha denominado “globalización” o “mundialización”.  Para los efectos de este ensayo definimos la globalización como una tendencia profunda del desarrollo contemporáneo que apunta hacia la expansión y complejización de los intercambios, de los flujos y de los significados a escala mundial, transformando al orbe en un sistema-planeta.
 

Redes y estructuras de la globalización
 

La estructura piramidal y asimétrica de la globalización (pirámides de empresas y asimetrías de capitales, pirámides de mercados y asimetrías de recursos…), se articula alrededor de cuatro componentes fundamentales:
 

a) un conjunto de empresas y corporaciones globales (de carácter industrial, financiero y comercial), cuyas estrategias y mercados se planifican a escala planetaria y también a escalas espaciales menores (continentes, regiones de continentes, países, regiones de países, sub-mercados…);
b) un conjunto de espacios geo-económicos constituidos y articulados como mercados, a diferentes escalas y con diversos niveles de dinamismo;
c) un conjunto de entidades supranacionales cada vez más interdependientes entre sí, y que tiende a configurar la nueva arquitectura económica y jurídica global;
d) un conjunto de instituciones internacionales que tienden a constituir la estructura política global del futuro.
 

La asimetría caracteriza a estos cuatro subsistemas componentes: son asimétricas las relaciones entre las empresas y corporaciones globales y sus empresas nacionales y locales relacionadas, proveedoras y/o maquiladoras; son asimétricos, desiguales, los mercados, al interior de los cuales con frecuencia los consumidores se ven desprotegidos frente a la omnipotencia del monopolio, del oligopolio y de sus estrategias de marketing, y donde los mercados locales se ven invadidos por la presencia avasalladora de empresas nacionales o redes transnacionales que apuntan a dominar mercados en términos de hegemonía excluyente.
 

Del mismo modo, es asimétrica en realidad la estructura y la acción de las entidades supranacionales que dominan el proceso globalizador.  Entidades internacionales, con diversos grados de institucionalización, como la OMC, el G-8, el Foro Económico de Davos, la APEC, el FMI o el Banco Mundial, operan en realidad como factores institucionales de apoyo a la expansión de las corporaciones globales, por la vía de estimular política, jurídica e ideológicamente el libre comercio y la mayor apertura de los mercados.
 

La lógica asimétrica de la globalización encuentra su punto culminante en la desigualdad básica que se inscribe en las instituciones internacionales como Naciones Unidas, la OMC, el FMI, el Banco Mundial o la OTAN, cuya función estratégica en este nuevo ordenamiento mundial se dirige a otorgar fundamento político, financiero y/o militar a las tendencias globalizadoras.
 

Los soportes materiales de la globalización
  Los procesos globalizadores son posibles gracias a la articulación de un marco de soportes materiales, que se combinan con los soportes ideológicos que la justifican e impulsan.
 

Estos soportes materiales son a lo menos tres:
 

a) las cada vez más amplias y diversificadas redes satelitales de información y de intercambio, las que tienden a virtualizar los mercados y los flujos de bienes y servicios, sin reemplazar su materialidad;
b) los sistemas informáticos de archivo, tratamiento, manipulación y transferencia de data, conocimientos e información, que se ven reforzados por la expansión exponencial de su acceso y uso y por la miniaturización de los artefactos y soportes;
c) las redes financieras, bancarias y bursátiles, que permiten fluidizar, agilizar los movimientos e intercambios de capitales, de plusvalías, a través de las antiguas fronteras nacionales y continentales, ampliando la escala –y el tiempo espacio- de los flujos de capital y concentrando su acumulación desigual.
 

Visto desde este punto de vista, la globalización opera sobre la base de una formidable estructura satelital de redes informáticas, que aceleran los intercambios, relativizan las fronteras, cuestionan las soberanías y dejan obsoletos los marcos legales nacionales.
 

Veamos la cuestión desde la perspectiva einsteniana del espacio-tiempo: mientras los espacios geo-económicos tienden a expandirse en alcance y escala y a reducirse en velocidades de desplazamientos (de bienes, de capitales, de personas, de servicios), los tiempos de intercambio van disminuyendo hasta el punto de la instantaneidad, de la virtualidad inmediata.  Desde el punto de vista económico mientras se multiplican los intercambios, se concentran los flujos hacia los centros económicos de poder global, se aceleran y se acortan los tiempos entre el diseño, la producción y el consumo, entre la compra y la venta.
 

La globalización en cuanto forma actual de expansión del capitalismo es debida esencialmente a un conjunto de mutaciones tecnológicas que permiten la rápida transferencia de capitales y la gestión industrial flexible; a la extensión de las redes de inversores y firmas comerciales establecidas por las firmas transnacionales y globales; al desarrollo creciente de bloques comerciales regionales apuntando a crear economías continentales de escala; a los avances en las negociaciones sobre la liberalización del comercio internacional; a la liberalización de las economías en vías de desarrollo y suministradoras de materias primas. 
 

Pero, la globalización no es solamente una mundialización del sistema capitalista debido a la transnacionalización del capital, la circulación acelerada de los productos y a la deslocalización de la producción; es además, una forma actualizada de invasión del campo social por el capital, mediante la normalización de las redes económicas, a la mercantilización de los servicios, de la ciencia y de la cultura y en particular, a través del surgimiento de nuevos centros de poder geo-económicos no estatales y no territoriales, favorables a la acción expansiva de las corporaciones globales, centros de poder hegemónico que tienden a emanciparse de la tutela de los Estados y las soberanías nacionales.
 

Los soportes ideológicos de la globalización
 

Pero, la globalización no es solamente una red de redes piramidales, o una tendencia asimétrica del desarrollo contemporáneo, o una estructura mundial de poderes económicos y políticos articulados.  La globalización se presenta a sí misma, tiende a presentarse y a justificarse a sí misma, como una realidad ineludible, como un proceso que no tiene vuelta a atrás, como una locomotora a alta velocidad de la que es imposible bajarse. 
 

Es decir, la globalización posee, produce, reproduce y transmite su propia ideología, ella misma opera como una poderosa ideología comunicacional e intelectual, como un pensamiento único, que instala en el espacio público su propio lenguaje neoliberal o neo-conservador, que pone de moda ciertos conceptos (como mundialización, flexibilidad, gobernabilidad, empleabilidad, desregulación, nueva economía, economía del conocimiento, postmodernidad…) y que deja en las sombras del olvido, de la obsolescencia o de la impertinencia a otros conceptos develadores (como capitalismo, poder global, imperio, plusvalía, desigualdad, etc.).
 

Los riesgos del discurso único que verbaliza esta ideología única o pretendidamente única, residen precisamente en la creencia de que los dogmas de la globalización capitalista en marcha, constituyen artículos de fé intocables, afirmaciones absolutas de una “nueva vulgata planetaria” (como dice Pierre Bourdieu) y que resulta operar en la realidad social como un delicado, poderoso y sutil tamiz incluyente y excluyente de lo que es permitido o no dentro de la ideología del poder.  Foucault dice que “la verdad está ligada circularmente a sistemas de poder que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que inducen y la prorrogan. Un régimen de la verdad
 

La ideología de la globalización funciona hoy como una lógica medieval y totalitaria, solo que ahora parece estaríamos entrando en realidad en la edad media de la modernidad, ya que presenta y asume sus verdades como dogmas, como la verdad única, incontrastable, absoluta, en la que el dios-mercado o el dios-dinero sacrifican  en su altar virtual las identidades locales, regionales y nacionales, las especificidades humanas, las particularidades identitarias, en nombre de la eficiencia, de la productividad, de las metas estadísticas y de la rentabilidad, sin importar mayormente los efectos individuales en términos de estrés y depresiones, y los efectos colectivos en términos de desigualdad, marginación y acumulación social de frustraciones.
 

El paradigma de la globalización –cuyos acentos económicos neo-liberales se combinan con el enfoque político neo-conservador- opera como una sutil maquinaria de desmemoriación de las historia particulares y de las economías anteriores.  Los paradigmas económicos pretéritos del colonialismo interno, de la marginalidad estructural, de la dependencia, de las relaciones centro-periferia, del imperialismo económico y financiero, habrían quedado obsoletos en cuanto ineficaces para responder a los “nuevos desafíos” de la modernidad y la post-modernidad globalizadora.
 

La liturgia de esta nueva religión única, totalitaria y totalizadora sucede cotidianamente en los mercados; el mercado es el altar sagrado de la globalización, de sus causas y de sus efectos, de sus formas y de sus contenidos; el mercado es el sancta-sanctorum donde se guardan y adoran las tablas de la ley (los tratados de libre comercio, las liberalizaciones aduaneras, las políticas desreguladoras, las prácticas privatizadoras, los códigos empresariales, los Estados subsidiarios).
 

A este nuevo Baal intocable, se le rinde pleitesía en los medios de comunicación, en todo el espacio público, en las políticas públicas y en la vida cotidiana de las personas: este dios-mercado o el dios-dinero omnipotente todo lo decide, todo lo ordena, todo lo organiza.
La globalización se presenta como modelo, cuando no es más que una etapa, una etapa transitoria de la evolución capitalista mundial, y la imagen comunicacional, esa poderosa mercancía que participa en el proceso de acumulación del capital por la vía de su realización y de su reificación, le sirve como soporte ideológico y virtual.    Dos parecen ser los dogmas constitutivos del nuevo catecismo político-económico: la idea de que el libre comercio constituye la vía principal y privilegiada a través de la cual se lograría el progreso, el crecimiento y el desarrollo; y la noción de que el desarrollo económico, base material del progreso social, resultará después del logro de un crecimiento económico basado prioritariamente en la apertura de los mercados al libre intercambio, sobre la base del uso intensivo de ciertas ventajas comparativas y competitivas.
 

Lo potente del proceso globalizador consiste, entre otros factores, en que este discurso ideológico se instala en los imaginarios colectivos y en las elites dominantes de las sociedades, sino que además, se inscribe en los territorios y espacios geo-económicos, transformando la totalidad del sistema-planeta en mercados segmentados, que deben obedecer a una lógica única y a patrones de comportamiento económico pre-establecidos.
 

III.  CRISIS DEL PARADIGMA DE LA COMUNICACIÓN
Y DEL CONOCIMIENTO
 

La Escuela de Frankfurt a principios del siglo XX, fue la primera visión intelectual que puso en cuestionamiento los paradigmas tradicionales de la comunicación.  Postulaba, a través de Horkheimer y Adorno, que la  industria cultural es uniforme,  que su tecnología simboliza y reproduce el sistema de dominación, que trasforma los productos culturales en mercancías, que tiende a degradar la cultura, que sirve como instrumento de dominación ideológica, que desublima el arte y que se fusiona técnica y económicamente con la publicidad. Estas afirmaciones paradigmáticas, sin embargo han debido ser repensadas.
 

Desde la segunda mitad del siglo XX, asistimos a un serio cuestionamiento a las teorías anteriormente predominantes en materia de comunicación.  En particular, la “escuela de Birmingham” formula una síntesis de las teorías críticas de diversas procedencias, disciplinas y epistemologías para aplicarlas al estudio de fenómenos comunicativos. Su objetivo principal es el estudio de la cultura de la sociedad contemporánea así como la relación que existe entre los medios y la sociedad de masas.
 

El primer postulado que surge desde allí es que se niega la noción de aceptar a los medios como vehículo de significación transparente, es decir sin significados ocultos o implícitos.   Por el contrario, el nuevo paradigma comunicacional pone especial énfasis en la estructuración lingüística e ideológica del mensaje, ambas preocupaciones tomadas de la Semiótica.
 

En segundo lugar, el nuevo paradigma comunicacional rechaza un concepto de la audiencia entendida como un ente pasivo e indiferenciado remplazándola con concepciones más activas, en las que se asume que la audiencia no solo es receptora de conocimientos e información, sino también juega un rol activo en la producción y reproducción de la información.
 

Además, ponen atención a la encodificación y las variaciones de las descodificaciones de la audiencia.
Y finalmente, a nivel de las ideologías, nuevamente traen a la discusión teórica la función de los medios en la diseminación, definición y representación de las ideologías dominantes.
 

La crisis de los paradigmas comunicacionales
 

A su vez, la escuela de Palo Alto llamada también como « el colegio invisible” y conformada por pensadores como Gregory Bateson, Edward Hall, Paul Watslawick, Erving Goffman, se distingue porque adopta conceptos y modelos de la teoría sistémica, pero también de la lingüística y la lógica, y porque intentan dar cuenta de una situación global de interacción y no sólo estudiar algunas variables tomadas aisladamente.
 

La comunicación es estudiada como un proceso social permanente que integra múltiples modos de comportamiento: la palabra, el gesto, la mirada, el espacio interindividual. En este modelo la comunicación se concibe como un sistema de canales múltiples en el que el autor social participa en todo momento, lo desee o no: su mirada, su actitud, comportamiento y hasta el mismo silencio. Como miembro de una cultura forma parte de la comunicación, así como el músico forma parte de la orquesta. Pero dentro de esta extensa orquesta no existe un director ni una partitura (código escrito) cada uno toca poniéndose de acuerdo con el otro.
 

El postulado comunicacional de esta escuela se basa en tres hipótesis: 1ª La esencia de la comunicación reside en procesos de relación e interacción (los elementos cuentan menos que las relaciones que se instauran entre ellos); 2ª Todo comportamiento humano tiene un valor comunicativo (las relaciones, que se corresponden y se implican mutuamente, pueden enfocarse como un vasto sistema de comunicación), observando la sucesión de los mensajes reubicados en el contexto horizontal (la secuencia de los mensajes sucesivos) y en el contexto vertical (la relación entre los elementos y el sistema), es posible extraer una lógica de la comunicación; y 3ª Los trastornos psíquicos reflejan perturbaciones de la comunicación entre el individuo portador del síntoma y sus allegados.   
 

La escuela de Palo Alto enfatizó sobre dos aspectos comunes y de importancia entre la comunicación interpersonal y la mediada « reconocimiento y generación de espacios a partir del factor relacional que es común a todo proceso comunicativo ». Es decir, las respuestas que el actor social encuentra a sus preguntas referidas: quién soy y quiénes somos, están impregnadas de significación espacial y varían según el sistema de redes que se invoque en este ejercicio de autoidentificación.
 

Lo que está en crisis es el paradigma positivista de las Ciencias clásicas y sus modos de conocer pero no un nuevo paradigma epistémico que en su multiplicidad y descentramiento concibe una ciencia más humana, más humilde, más relativa y más crítica. (Martínez, 1999)  En el campo de las Ciencias de la Comunicación el salto hacia lo transdiciplinar, ha significado en las dos últimas décadas no sólo el cuestionamiento del paradigma del modelo de comunicación unilateral de Laswell sino un enriquecimiento téorico- práctico de la investigación devenido de enfoques de la antropología, la historia, la economía política, la etnografia y la sociología crítica que han comenzado a interrogar los problemas de la comunicación desde otras ópticas como la de los movimientos culturales y las mediaciones simbólicas, porque más que desde los objetos (medios) o desde los sujetos (emisores/receptores) se aborda el problema de las subjetividades y los discursos sociales.
 

Sin embargo, el campo de la comunicación no escapa a las contradicciones que plantea la crisis de los paradigmas, y los avances teóricos logrados con enfoques más abiertos y flexibles se han visto acompañados de la aparición de planteamientos que devienen de una matiz teórica neopositivista, la cual ha resurgido a mediados de los setenta y se ha extendido en las décadas de los ochenta y los noventa con los enfoques gerenciales y la comunicación organizacional, así como con la teoría informacional, derivada de la cibernética, aplicada al estudio de los procesos de transmisión de información mediante computadoras.
 

En el fondo de esos enfoques se encuentra la teoría general de los sistemas, del biólogo Ludwing Von Bertalanffy (Mattelart, 1997:44), según la cual la información y sus procesos de transmisión y control en el seno de las organizaciones contribuyen a que los mismos funcionen, se regeneren, se institucionalicen y sobrevivan. Al trasladar el concepto de sistema a las organizaciones sociales y al pensar que todos los sistemas bien sea físicos, biológicos, psicológicos y sociales tienen características similares y pueden trabajar con un mismo modelo de análisis se confluye con las propuestas funcionalistas de la teoría de Talcott Parsons sobre los sistemas.
Según Lilienfeld (1984), la teoría de los sistemas concibe que el estado característico de los sistemas abiertos es su constante interacción con el entorno, con el cual mantiene una situación constante de equilibrio a pesar de que las entradas y salidas de información al sistema pudiesen producir transformaciones en sus partes. El concepto de estado constante de todo sistema abierto, es tomado de las leyes termodinámicas de la física, según las cuales el equilibrio de un sistema, su permanencia en un estado constante a pesar de estar abierto al entorno, depende fundamentalmente del suministro de energía. En el fondo todo enfoque sustentado en la teoría de los sistemas busca siempre el equilibrio.
 

En una visión más moderna, Niklas Luhmann aporta su teoría que considera a la sociedad como un sistema abierto que comprende no sólo los procesos evolutivos del hombre sino su proyecto de futuro, como un sistema dinámico pleno de significaciones dialógicas pero acompañado de un desarrollo tecnológico que si bien presenta peligros para la especie humana también contiene la esperanza y el futuro de la misma. (De Oliveira, 1992).
Aunque Luhmann busca abordar lo social de una manera más integral que las teorías clásicas lo hace desde la propuesta de la teoría de los sistemas, según la cual la sociedad es un sistema que se autogenera y autorreproduce, un sistema complejo integrado no tanto por individuos sino por la comunicación y determinado por la producción de sentido (Burkle, 1994:127-141).
 

El cientificismo sistémico que acompaña este pensamiento y que busca abordar la globalidad, las interrelaciones de los elementos que conforman al todo y la complejidad de los sistemas como conjuntos dinámicos y cambiantes, aplicado al campo social penetró primero en las ciencias políticas para luego incursionar en el campo de las ciencias de la comunicación a partir de Laswell, cuando se estudia cómo los medios y la información intervienen en la formación de las decisiones políticas y cuando se aborda el problema del feed-back o comunicación de retorno en su función de retroalimentación y regulación del sistema. (Mattelart, 1997).
 

En la actualidad, ese cientificismo sistémico ha servido de apoyo a teorías sobre las sociedades tecnológicamente avanzadas que analizan las innovaciones sociales y los procesos informáticos y electrónicos producidos en la sociedad de la información y a teorías sobre el análisis sistémico de las organizaciones modernas y sus estudios gerenciales; las cuales continúan dependiendo fuertemente de las derivaciones teóricas de la biología y la física al considerar a la categoría “sistema” como una realidad fija, determinada por funciones y disfunciones controlables, que aunque en sus visiones más progresistas incluyen al concepto de “sistema abierto”, y con ello plantean una divergencia con la física clásica, no transgreden la matriz teórica propia del pensamiento científico positivista.
 

Frente a ese resurgir de un nuevo neopositivismo que acompaña a las visiones optimistas sobre la cultura organizacional y el papel del crecimiento exponencial de la información en las sociedades modernas, sobre todo con el desarrollo de las tecnologías de la información, aparece un nuevo pensamiento más holístico y global que en su oposición con el positivismo modernista busca radicalizar la reflexión y aboga por un pluralismo metodológico.
 

En los años noventa, la fuerza del pensamiento posmodernista en las Ciencias Sociales parece tender hacia esa dirección, la de la confluencia, la interdisciplinaridad, la del alejamiento de la racionalidad científica encerrada en las fronteras del positivismo lógico, la de la vuelta de la ciencia hacia la vida humana, la de la reflexión profunda para derrumbar o validar viejos argumentos.
 

Esa “síntesis creativa”, según la definición de Enrique Sánchez (1992) se sustenta en la teoría de las apropiaciones dialécticas, en la reflexión teórica, en el pluralismo disciplinario y en la confluencia metodológica como vías para comenzar una tarea de recomposición del pensamiento científico del siglo XXI que deberá arrancar de la transgresión de teorías,  paradigmas, modelos y enfoques metodológicos para poder iniciar la construcción de otras teorías con fundamentos filosóficos, éticos y epistemológicos críticos, desde lo real-global y con enfoques más holísticos, integrales y sinérgicos.
 

Los riesgos que implican esa nueva aproximación a la realidad desde una perspectiva distinta, nos obligan como investigadores de la comunicación a retomar la investigación teórica para ejercer una vigilancia epistemológica que hoy resulta fundamental para reconstruir los campos del saber comunicacional que han estado fuertemente influenciados por enfoques metodológicos y teóricos propios del neopositivismo.
 

Por su parte, la confluencia de nuevos enfoques en la constitución de paradigmas transdiciplinarios en el campo de la comunicación nos plantea la necesidad de mantener una apertura para mirar los fenómenos comunicacionales desde la historia, la cultura, la economía, la antropología y en ese juego de apropiaciones dialécticas poder acercarnos a problemas concretos que nos permitan una reflexión teórica más humanizada y menos instrumental.
 

La corriente de investigación latinoamericana ha empezado a llamar la atención sobre la necesidad de indagar la realidad comunicacional sin miedo a las aproximaciones empíricas, útiles para contrastar teorías, sin olvidar por ello las visiones críticas, de reconstrucción; en este planteamiento han coincidido los mexicanos Enrique Sánchez (1997), Raúl Fuentes (1997) y José Carlos Lozano (1994), entre otros.
 

Comunicación y globalización
 

 Por otra parte, observamos que la tendencia de la globalización, hacia la mundialización de los intercambios de bienes materiales y simbólicos, está introduciendo cambios estructurales profundos en la esfera de la producción, reproducción y circulación de la información y del conocimiento.
 

A medida que las redes de la globalización se extienden por el mundo y dentro de las sociedades, el conocimiento y la información van adquiriendo una capacidad de virtualizarse y de expandirse en forma creciente.   Virtualización y expansión son dos aspectos de una misma tendencia a hacer del conocimiento y de la información que lo contiene, un componente cada vez más importante, influyente y decisivo en los procesos productivos, en los procesos cognitivos y en los procesos pedagógicos.
 

Se ha difundido la idea de que la información y el conocimiento se están convirtiendo en datos horizontales, es decir, que se difunden a mayor velocidad y a un creciente número de individuos en nuestra sociedad contemporánea.  Esta no es más que una parte de la verdad. 
 

Para comprender este fenómeno de la expansión del conocimiento y la información, necesitamos de dos conceptos: el de asimetría y el de segmentación. 
 

La noción de asimetría –una vez más- nos permite comprender que los procesos de producción, reproducción y circulación de la información y del conocimiento, acelerados por la expansión física de las redes de las T.I.C. (tecnologías de la información y las comunicaciones) y que se producen en el contexto de la globalización, son procesos asimétricos, desiguales, estructuralmente desiguales.
 

La producción de conocimiento y de información es asimétrica, porque generalmente quienes la producen están situados en la cúspide de la escala social, y porque los conocimientos socialmente aceptados, culturalmente aceptados y reconocidos provienen de quienes forman parte del sistema, se integran dentro de un orden social ya desigual.   La sociedad moderna por lo tanto, se articula asimétricamente a la hora de producir conocimientos e información.   Pero además, hay asimetría en la reproducción del conocimiento, desde que los actores que participan en los procesos educativos y de multiplicación del saber, vienen condicionados por una desigualdad estructural anterior a la globalización.
 

Y finalmente hay asimetría en la circulación del conocimiento y de la información en una sociedad globalizada, toda vez que para acceder a la información el individuo necesita estar “conectado” a alguna de las redes que constituyen la globalización.  Para estar inserto e integrado en la globalización, el individuo debe estar conectado.   Pero, ¿qué sucede con quienes por razones geográficas, por razones culturales, por razones históricas, no están conectados, no saben que deben estar conectados o simplemente no se interesan en estar conectados?
 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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23 juillet, 2006

conflicto en el líbano: cruce de intereses geopolíticos

Classé sous encrucijadas,problematica contemporánea — paradygmes @ 3:46

1.  Líbano -un país costero del Oriente Medio de 3.874.050 habitantes- tiene una superficie de 10.176 km2. con una extensión de 200 km. de largo y entre 40 a 75 kms. de Este a Oeste y constituye desde el punto de vista religioso una compleja mezcla de comunidades: los cristianos (apoyados por Francia principalmente) dominan en el centro del país; los sunnitas se despliegan en la región de Saida, Beyrouth, Tripoli y en el valle de la Bekaa y los chiitas (principalmente campesinos) se encuentran en el sur del país en los límites con Israel y en torno a Baalbeck en las proximidades de la frontera con Siria.

2.  Los primeros elementos del conflicto se inician en la semana entre el 3 y el 10 de junio de 2006, con el lanzamiento de Katiushas sobre localidades fronterizas israelíes por parte de Hizbollah y la respuesta de Israel mediante bombardeos aéreos.  El conflicto actual se desencadena por el secuestro de dos soldados israelíes en el sur del país, pero la respuesta militar de Israel aparece como notoriamente desproporcionada a la necesidad de recuperar vivos a tales rehenes.   Para Hizbollah evidentemente esta era una guerra no deseada o que no estaba prevista, siendo su objetivo inmediato antes de las actuales hostilidades continuar las operaciones de resistencia habituales para liberar a los prisioneros que se mantienen en las cárceles israelíes.  Por lo tanto, ha sido Israel y no Hezbollah quién ha decidido el timming de este conflicto.  El secuestro de soldados israelíes por parte de Hezbollah era inicialmente parte de operaciones de intervención de la resistencia islámica a fin de canjearlos por prisioneros árabes.  Han habido varios otros secuestros y tentativas de secuestro, no todas las cuales se hicieron públicas.   Evidentemente la amplitud y la violencia de la agresión israelí sobre el Líbano no pueden explicarse solamente por el secuestro de los dos soldados, sino mas bien puede ser comprendida como parte de una operación militar mayor dirigida a destruir el rol de Hezbollah en el Líbano, lo que indica que estas operaciones estaban planificadas por Israel antes de la captura de sus dos soldados.   El secuestro de los dos soldados israelíes por Hizbollah sin embargo, ha perdido su carácter de factor decisivo en la contienda, y tiene ahora el mero carácter de factor desencadenante de la crisis.

3.  Interesante resulta  observar aquí la actitud política y estratégica seguida por Estados Unidos: total ausencia militar y actividad diplomática regulada.   ¿Porqué EE.UU. no involucran sus fuerzas militares en el conflicto libanés?  Porque Israel tiene por delante todavía la considerable tarea de prevalecer en terreno sobre Hizbollah, porque las rivalidades internas de carácter político-religioso perduran todavía, y porque perdura el recuerdo de su fracaso en 1984, cuando hubieron de retirarse las fuerzas occidentales lo que constituyó un éxito para Siria y las tendencias chiitas.   ¿La causa principal del poco interés de Estados Unidos en intervenir militarmente en el Líbano?  Muy simple: en el Líbano no hay petróleo.  La guerra puede continuar…

4.  ¿Cuál es el objetivo estratégico de Israel en este conflicto?  ¿Liberar a sus soldados rehenes o derrotar militarmente a Hezbolah?.  Se prepara en estas horas, una incursión masiva  terrestre del ejército israelí sobre el sur del líbano, despues de 9 días de ataques aéreos sobre la infraestructura rutera y comunicacional del movimiento Hizbollah y del lanzamiento de centenares de misiles sobre ciudades israelíes, particularmente sobre el puerto de Haifa.   Resulta evidente que el objetivo esencial de Israel en el conflicto de Líbano parece ser intentar modificar el statu-quo y la correlación de fuerzas, intentando eliminar el potencial militar de Hizbolah.   Sin embargo, cabe subrayar que Israel intenta desplegar unidades terrestres de infantería y mecanizados con apoyo aéreo, es decir, Israel está ejecutando una « guerra convencional », mientras Hezbollah opera fundamentalmente mediante las tácticas de guerrilla urbana y rural y lanzando misiles de hasta 40 kms. de alcance sobre las ciudades del norte de Israel.

5.  Las operaciones en terreno -que se han centrado en la región libanesa sureña de Al-Janub y en las regiones israelíes del norte de Hagalil y Galilea-  han consistido básicamente, por parte de Israel, en el despliegue de aviación táctica y de reconocimiento para el bombardeo quirúrgico de infraestructura libanesa, además del uso de artillería pesada para batir zonas de instalación de los puntos de lanzamiento de misiles del Hizbollah; mientras que por el lado de la resistencia islámica, las acciones se han centrado en operaciones irregulares de ataque móvil sobre localidades urbanas israselíes mediante misiles de mediano alcance.

5.  Cabe subrayar además el fracaso de la diplomacia preventiva practicada por Naciones Unidas.  La presencia de fuerzas de paz de Naciones Unidas en una franja de 10 kilometros al norte de la frontera con Israel, fue absolutamente insuficiente e ineficaz para impedir el estallido del conflicto.  Tomados como rehenes los libaneses entre dos fuegos mortales, ahora  perciben cómo los países occidentales y otros Estados árabes han observado esta confrontación desigual entre Hizbollah y Tsahal con una extraña mezcla de sorpresa pasiva y de indiferencia retórica, lo que podría indicar que -al menos para los intereses occidentales- Israel tenía luz verde para desplegar su acción agresiva desde el 12 de julio y cuyo objetivo declarado es el de desarmar a la resistencia islámica.

6.  Israel pone cuatro condiciones para detener los bombardeos: la liberacion de los dos soldados rehenes, proclamación del cese el fuego, despliegue del Ejército libanés en la frontera sur y desarme de la resistencia islámica.   Por cierto que para Hezbollah ninguna de esas condiciones es admisibles, mientras no se liberen a los prisioneros islámicos que se encuentran en las cárceles israelíes.

Referencias documentales.

Chaliand, G., Rageau, J.P.: Atlas Stratégique.  Gépolitique des rapports de forces dans le monde. Paris, 1988.  Ed. Complexe.

Central Intelligence Agency, CIA: The World Factbook 2006.  Washington DC. 2006.

Fuentes Internet:

Sitios web www.lorient-lejour.com.lb del Líbano;  www.jpost.com del periódico Jerusalem Post de Israel; www.aljazeera.net del canal Al-Jazeera de Katar; http://www.rdl.com.lb/ de la Revue du Liban.  También es útil revisar www.cia.gov el sitio oficial de la Central Intelligence Agency, CIA en Estados Unidos.  Está disponible también y en inglés el sitio oficial del movimiento Hezbollah: www.hezbollah.org y una página derivada del mismo titulada www.realtruth.org/news que ofrece información y análisis sobre la problemática del Medio Oriente.

21 juillet, 2006

la cambiante naturaleza del conflicto en un mundo incierto

Classé sous estrategias,problematica contemporánea — paradygmes @ 6:15

prólogo

El mundo en los inicios del siglo XXI se percibe hoy convulsionado, caótico e impredecible.  Si hay un rasgo que parece distinguir al mundo de hoy es su carácter esencialmente impredecible.Efectivamente, la proliferación de conflictos de distinto orden en distintas regiones del orbe, denotan la existencia de profundas controversias de intereses que no fueron resueltas durante el siglo XX y que constituyen su herencia más negativa.   El hambre, el SIDA, la pobreza, las diferencias religiosas, las tensiones étnicas y raciales, las luchas por el agua o por el petróleo, los conflictos originados en el control de zonas estratégicas del mundo, las distintas formas de intervención de la potencia imperial en aquellas regiones del mundo donde se juegan intereses cruciales, todas ellas son parte de la herencia que el siglo XXI ha recibido de la centuria anterior y, en algunos casos, del siglo XIX. El mundo de hoy es tanto o más impredecible que durante el siglo XX. 

Este ensayo tiene por objeto examinar el dilema de la guerra y la paz en la época contemporánea.    

Tres disciplinas nos permiten examinar este tópico: las Relaciones Internacionales, la Teoría Estratégica y la Ciencia Política.  Este trabajo presenta un análisis del sistema internacional, desde la perspectiva intelectual  de la escuela teórica del realismo político y estratégico.   Manuel Luis Rodríguez U.  Cientista Político.

Punta Arenas – Magallanes, invierno de 2006. 

unipolaridad, imperio, incertidumbre y redistribución de las hegemonías: los determinantes estructurales del actual orden mundial

Cuatro conceptos y tendencias profundas permiten comprender el actual estado del sistema internacional: la unipolaridad, un esquema del orden mundial que opera como resultado del término de la guerra fría (1945-1990); la actual hegemonía imperial estadounidense en los planos tecnológico, estratégico y económico; el predominio de un clima internacional caracterizado por la incertidumbre más o menos generalizada o por la pérdida de las certidumbres estratégicas y políticas anteriores; y una tendencia cada vez más marcada hacia la redistribución de las hegemonías a escala planetaria.  El actual orden mundial se comprende a partir de la existencia de un esquema unipolar, es decir, del predominio y hegemonía de una sola potencia sobre el conjunto del sistema-planeta.  Esa potencia unipolar es hoy Estados Unidos.  La hegemonía estadounidense le permite desempeñar en la actualidad una posición de dominación incontestable en el mundo entero, posición que se caracteriza por el ejercicio cada vez más  creciente de una dominación de caracter imperial. Al ordenarse el sistema-planeta en torno a una potencia global, se asume que la forma cómo esa potencia global ejerce su hegemonía es mediante la configuración de relaciones de carácter imperial con las demás potencias mundiales y regionales.  El imperio global es hoy entonces una categoría de análisis que permite entender la forma cómo se encuentra materializada la actual arquitectura internacional y como está distribuido el poder y la dominación en el mundo contemporáneo.  

El imperio ordena el mundo a partir de una jerarquización desigual de las potencias y de una asimetría estratégica estructural básica que el actual « desorden » mundial hereda del anterior sistema internacional. 

El antiguo sistema internacional basado en el paradigma de Westfalia, se encuentra en transición hacia un orden imperial, hacia una Nueva Edad Media postmoderna en que los Estados nacionales son sometidos a una creciente presión « desde abajo » o sea desde las demandas y reivindicaciones regionales y locales, y « desde arriba », o sea desde las emergentes entidades supranacionales y transnacionales que gradualmente le van restando márgenes de soberanía.   De este deterioro del Estado nacional como entidad única y primordial del sistema internacional, también se beneficia la dominación imperial.

El imperio como forma de dominación capitalista global es parte de un proceso estructural mayor del sistema internacional: la redistribución de las hegemonías.  El sistema internacional se distribuye en una jerarquización asimétrica de los actores internacionales.   Esta jerarquización de los actores internacionales, además de las instituciones internacionales y de las organizaciones supranacionales, necesariamente incluye a las potencias globales, potencias mundiales y Estados pivotes continentales, así como potencias regionales y subregionales.

América Latina forma parte de este esquema de redistribución de las hegemonías, en cuanto espacio  geopolítico caracterizado por su desarrollo desigual y dependiente y por su posición periférica dentro del orden global,  y por su condición de espacio geo-económico de interés por los recursos naturales que posee.

los intereses energéticos y los recursos naturales escasos: los determinantes estructurales del conflicto

Las causas fundamentales de las frecuentes guerras que han asolado el mundo desde 1914 en adelante, podrían ser analizadas desde varios puntos de vista.   Aquí se analizan desde la óptica de los intereses energéticos y del control sobre ciertos recursos naturales escasos como el agua o el uranio.

Las guerras del siglo XX y la mayor parte de los actuales focos de conflicto en el mundo se pueden explicar a partir del propósito de determinadas potencias de acceder o asegurarse el control sobre las fuentes de producción y suministro del petróleo.   Desde la década de 1950-1960 en adelante el sistema mundial vive una secuencia de conflictos y guerras originadas en el petróleo.

Guerras por el petróleo en que las potencias mundiales y las grandes corporaciones internacionales occidentales que controlan los puntos de producción se han disputado ya sea directamente (guerra fría entre Estados Unidos y la URSS de 1945 a 1990), o a través de sus Estados aliados (Israel, Arabia Saudita y Jordania como aliados de Estados Unidos; Irak y Egipto como aliadas de la antigua URSS).

Sin embargo, desde el término de la guerra fría (1990) el Medio Oriente ha experimentado un proceso de agudización de las tensiones originadas en el surgimiento de movimientos y grupos islámicos que reivindican el petróleo como propiedad de los Estados árabes donde éste se encuentra, apoyando su demanda en la exacerbación de los sentimientos nacionalistas y de las creencias religiosas dentro del islam.  Cabe subrayar que desde fines del siglo XX, el islam (aún dentro de sus complejas diferencias interiores entre las corrientes chiitas y sunnitas) vive una profunda transformación de orden geopolítico y cultural caracterizada por una toma de conciencia de su potencia energética y por una reafirmación cultural y nacional de su identidad religiosa, como forma de oponerse y resistir a la presencia occidental en sus tierras.

amenazas impredecibles y asimetría: la cambiante naturaleza del conflicto

Ya las guerras no son como antes.

Los conflictos no solo se han vuelto impredecibles, sino que las causas de los conflictos, es decir, en términos estratégicos « la naturaleza de la amenaza » ha cambiado sustancialmente desde los últimos 20 años del siglo XX.  Las guerras del presente no se declaran, se hacen; las guerras se producen por lo tanto en una dimensión de vacío del derecho internacional que impide controlarlas por los procedimientos diplomáticos tradicionales.

Pero además, han evolucionado las causas del conflicto.

En efecto, a las guerras por razones ideológicas, culturales, étnicas y/o religiosas, se agregan los conflictos territoriales y fronterizos, y además, se suman hoy los conflictos económicos y comerciales y la extendida disputa por los recursos naturales escasos (petróleo, gas, uranio y otros metales raros, agua potable…), pero también por el control de recursos naturales no siempre escasos pero de alto valor específico para los Estados involucrados (pesca, dominios marítimos, etc.).

La guerra además, se ha extendido en sus formas específicas de manifestarse, dejando las tradicionales dimensiones terrestre, marítima y aérea, ahora superadas por nuevas modalidades del conflicto bélico como la guerra electrónica, la guerra biológica, química y bacteriológica, además de la guerra nuclear, los conflictos de baja intensidad, la guerra espacial, la guerra por la información o guerra informacional y la guerra ecológica o ambiental.  A estas formas no convencionales del conflicto moderno, deben agregarse también otras combinaciones de la acción estratégica como la guerra aero-terrestre y la guerra submarina.

A la complejización de la amenaza y de las formas del conflicto, se agrega el fenómeno mundial de la proliferación de las armas a toda escala, desde la expansión de los sistemas de producción hasta la implosión de las redes de comercialización abierta y encubierta de armas y sistemas de armas. 

Los nuevos conflictos de hoy y del futuro predecible serán aún más impredecibles, no obstante que los avances tecnológicos en materia de sistemas de vigilancia, control y prevención nos podrían augurar un mundo más controlable y seguro.  No es así.  la proliferación de armas y sistemas de armas, y la complejización de la amenaza determinan por el contrario, que nos internamos en un orden internacional en que la agresión, la amenaza del uso de la fuerza, la provocación o la gesticulación, puede devenir más frecuentes a medida que las instituciones internacionales (Naciones Unidas en primer lugar) sean percibidas como sistemas complejos poco capacitados para prevenirlas o evitarlas.

En un orden mundial como el presente en que la potencia global e imperial solo interviene allí donde sus intereses vitales y estratégicos los perciba amenazados, y donde en consecuencia pueden quedar amplias zonas del mundo -de bajo interés para los Estados Unidos- expuestas a la guerra civil, a los conflictos étnicos, religiosos o geopolíticos y para los cuales la presencia internacional puede llegar a ser tardía e ineficaz, la tentación de cada Estado de armarse para disuadir enemigos reales y potenciales solo puede agudizar las posibilidades de estallidos.

orientaciones bibliográficas

A revolution in warfare. Eliot A. Cohen.  Foreign Affairs. Vol. 75 Nº 2. March/April 1996. N. York, 1996.

America’s Information Edge.  Joseph Nye – William A. Owens. Foreign Affairs, vol. 75 Nº 2.  March/April 1996. N. York, 1996.

Amin, S.: Geopolitique de l’imperialisme contemporain. Paris, 1996. L’Harmattan.

Arm in Arm: The Political Economy of the Global Arms Trade. William W. Keller. N. York, 1995.  Basic Books.

De la guerre.  K. von Clausewitz.  Paris, 1956.  Ed. du Minuit.  (Hay traducciones en español -argentinas, españolas y cubanas- del tratado « De la Guerra » de Karl von Clausewitz, el más destacado estratega teórico del siglo XIX).

Géopolitique.  Les voies de la puissance.  Pierre M. Gallois.  Paris, 1990.  FEDN – Plon.

Glosario de Defensa. M. Sheehan – J. H. Wyllie.  Madrid, 1991.  Ministerio de Defensa de España.

Historia Universal Salvat. 20 vols.  Barcelona, 2006. (Una interesante colección muy actualizada de Historia de la Humanidad, con presentaciones de los distintos continentes y naciones.  Recomendable.)

Historia del siglo XX.  Eric Hobsbawm.  B. Aires, 2001.  Grijalbo-Mondadori. (De los numerosos textos de historia de Eric Hobsbawm, la « Historia del siglo XX » es uno de las mejores síntesis del siglo.  Muy recomendable.)

Intellectual Origins of Islamic Resurgence in the Modern Arab World.  Ibrahim M. Abu-Rabi.  Albany, 1995.  State University of New York Press.

L’hegemonie americaine face au multipolarisme emergent.  Saida Bedar.  Le Debat Stratégique N° 72.  Paris, fevrier 2004.  CIRPES.

La conduite de la guerre de 1789 à nos jours. J.F.C. Fuller. Paris, 1963.  Ed. Payot.

Las guerras del futuro. La supervivencia en el alba del siglo XXI.  Alvin Toffler.  Madrid, 1994.  Plaza & Janés Edit.

Powder Kegt in the Middle East: The struggle for Gulf Security. G. Kemp – J. G. Stein.  London, 1995. Rowman & Littlefield 

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