paradigmas

3 août, 2006

realismo y ciencia política – una aproximación epistemológica

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Definimos que para la Ciencia Política, el realismo es un modo de aprehender la realidad de los hechos, procesos y fenómenos políticos, distinguiendo tales hechos del proceso cognoscitivo.  Para comprender el lugar del realismo en la ciencia politológica, primero debe reconocerse que el programa  teórico y metodológico de ésta, se propone conocer y develar los procesos, tendencias, ideas, estructuras y fuerzas dinámicas que constituyen la Política en su realidad objetiva, en la sociedad actual.

De aquí resulta, en segundo lugar, que el “realismo politológico” (es decir, el realismo aplicado a la Ciencia Política)  recoge y asume la validez de la Historia como maestra de experiencias, como ilustración susceptible de iluminar el presente, mediante la comprensión del significado de las lecciones del pasado.

No se trata tampoco de situar el estudio politológico en una perspectiva historicista, porque resultaría desviarlo de su vocación y su responsabilidad primordial con el presente y con el futuro. La Historia sirve al conocimiento realista de la Ciencia Política, únicamente en cuanto pone de manifiesto realidades anteriores, que fueron resueltas mediante procedimientos únicos y condicionados por el tiempo y otras circunstancias: también es realista reconocer que en Política, como en las demás dimensiones sociales de la existencia humana, el tiempo no regresa ni se repite.

A diferencia de otras escuelas científicas, el realismo en la Ciencia Política, presupone una teoría realista del sistema político directamente apegada a la realidad, y supone el reconocimiento de la existencia de los fenómenos políticos, como procesos complejos independientes del acto de conocerlos, de pensarlos o de estudiarlos, de donde se deriva que la relación cognoscitiva no modifica los procesos que ella estudia, y que aún cuando el investigador aborde la realidad política, desde el interior de sus dinámicas objetivas y simbólicas (de las que no puede sustraerse por su condición de ciudadano, ni siquiera en nombre de la ruptura epistemológica), ello no implica que dichos procesos agoten dicha relación.

Desde ésta perspectiva, el hecho de conocer los fenómenos y procesos políticos, no altera nada el objeto del conocimiento politológico, entendiendo que dichos procesos son relaciones, es decir, son conexiones espacio-temporales de las cosas y de los individuos que intervienen en los procesos políticos, de manera que la relación que se llama conocimiento, es una relación entre el investigador u observador (en éste caso, el Cientista Político) y los procesos y actores políticos entendidos como objetos de dicho conocimiento.

Desde el punto de vista de su trayectoria histórica, el paradigma realista de las ciencias, no es solamente una cierta forma de positivismo, en cuanto habla de hechos objetivos o positivos, o una actitud o norma para la acción, o una cierta posición adoptada en la teoría del conocimiento.  Se trata de una postura filosófica y epistemológica respecto de la ciencia y del conocimiento, que ha intentado abordar la materia empírica de la realidad, sobre la base de su comprensión interrelacional y causal, en tanto en cuanto “sistema complejo de fenómenos objetivos, empíricamente observables”.  De aquí resulta una especie de “circularidad del conocimiento” desde la óptica realista: no solamente el criterio central de la objetividad son los hechos mismos, sino que el conocimiento parte de la realidad tal cual es, se eleva a la teoría para comprenderla y vuelve finalmente a la realidad, para verificar la validez de la teoría.

La relación cognoscitiva (es decir, la que se establece entre el observador y los procesos políticos) según el punto de vista realista, no modifica a los entes, seres o procesos entre los cuales se establece, y por lo tanto, el hecho que los procesos políticos (en sus dimensiones material y simbólica) se aparezcan como en relación con el observador, no implica que su ser y su entidad se agote en dicha relación.

El realismo –como paradigma teórico- argumenta que la explicación de los hechos y los fenómenos, depende básicamente, de la identificación de los mecanismos objetivos y de los hechos reales tal como se manifiestan en la realidad empírica, la que proviene de la observación directa de los factores causales, de manera de poner en evidencia las leyes que explican y permiten interpretar las regularidades, alteraciones y cambios que se manifiestan en el flujo secuencial de hechos observables.  A su vez,  las regularidades empíricas han de ser explicadas mediante la demostración objetiva de que ellas son una manifestación observable de la vinculación entre ciertos mecanismos y estructuras sistémicas que se interpenetran.

Para el enfoque realista de la Ciencia Política, entonces, la objetividad de un juicio, una evaluación, apreciación o del conocimiento politológico consiste y depende de su más exacta correspondencia con la realidad de los procesos políticos.

De este modo, el espacio y el tiempo políticos se encuentran en una posición y en una trayectoria independiente, exterior, respecto de nuestra sensibilidad y de nuestras percepciones, lo que permite que el Cientista Político los aborde como realidades objetivas, es decir, como el modo de ser de los procesos políticos, en cuanto existen fuera e independientemente de la mente humana. 

De aquí se desprende que los hechos y los procesos políticos existen y suceden (o transcurren) como fenómenos sociales, como realidades empíricas que se manifiestan independientemente de nuestras opiniones, de nuestros deseos, de nuestras creencias y preferencias. (1)

Las principales premisas epistemológicas del realismo, son las siguientes:

primero, que los hechos, en su realidad fáctica, en su causalidad única e irrepetible, en su interpenetración espacio-temporal, constituyen el criterio fundamental del conocimiento de la realidad;

segundo, que en el proceso del conocimiento, la aprehensión de los hechos objetivos se confronta con las realidades intelectivas, con los procesos comunicacionales, con las dimensiones retóricas del quehacer humano, y en dicho proceso comparativo, son los hechos los que constituyen el criterio central de comprensión de dicha realidad;

tercero, que los hechos objetivos poseen la fuerza intelectiva de la evidencia, en tanto en cuanto permiten definir y precisar la realidad que constituyen, por encima de las percepciones subjetivas, de las intenciones y  los deseos que intentan explicarlos, aún entendiendo que los intereses (individuales, grupales y colectivos) constituyen el fundamento explicativo último de las acciones;

y cuarto, que la relación entre el objeto o realidad por conocer, el sujeto que conoce y la representación de dicha realidad, es una relación exterior, en el sentido de que se trata de tres entidades distintas y separadas, pero siempre entendiendo que, en el proceso de la construcción mental de la realidad, el criterio básico de la objetividad es la evidencia empírica  de los hechos.

El paradigma realista aplicado a las realidades sociales y políticas, considera básicamente a la Política y las Relaciones Internacionales como una realidad fáctica, objetiva, por lo que se basa en la premisa conceptual de que, en la conducta de los Estados y otros actores políticos que intervienen en la escena política e internacional, lo que prima, lo que interesa y lo que determina las evaluaciones, estimaciones, cálculos y apreciaciones, son los hechos políticos, diplomáticos y estratégicos.

De aquí se desprende que en Política y en la Política Internacional, lo esencial son los hechos, las conductas, las acciones, y no los discursos,  las declaraciones, o las intenciones anunciadas.

Tres son las dimensiones teórico-prácticas interrelacionadas, en las que el paradigma realista sintetiza su lectura de la Política y las Relaciones Internacionales: los intereses y el poder, el problema del conflicto, y la cuestión del equilibrio, cada una de las cuales se exponen a continuación, en la forma de enunciados generales.
Teoría del interés y del poder.
El interés, en general, y los intereses nacionales y el poder que los respalda, en particular, constituyen siempre el parámetro principal y más seguro, para entender la Política y las Relaciones Internacionales y para comprender el significado real las decisiones y conductas de los Estados, gobiernos y otros actores políticos.

El que tiene poder, lo usa.

El poder es una realidad jerarquizada y asimétrica, es decir,  desigualmente repartida.

El poder en la política y en la esfera internacional se encuentra repartido estructuralmente de un modo desigual, asimétrico, y por lo tanto, los Estados y los actores políticos se guían permanentemente por una voluntad y un propósito de conservar, preservar o aumentar su propia cuota de poder e influencia en la vida política y en la esfera internacional, en la que le corresponde actuar.

Los Estados y los gobiernos, en la promoción y defensa de sus intereses nacionales y de seguridad, tienden a aplicar una lógica pragmática de Razón de Estado, que les garantice su supervivencia y continuidad.

El Derecho Internacional y los acuerdos políticos y diplomáticos que se forman entre los actores políticos internacionales, solo tienen vigencia y permanencia efectiva en las relaciones internacionales, a condición que se encuentren debidamente respaldados, por una voluntad política explícita de los gobiernos y los Estados intervinientes, y por una adecuada estatura política, diplomática y estratégica que les asegure eficacia y durabilidad en el tiempo.

La Diplomacia y la Política Internacional entendidas como acciones sistemáticas de los Estados a través de los gobiernos, basan su eficacia última en la Estrategia y en el poder material que los sustenta.

El sistema y el orden internacional rehúyen permanentemente del vacío de poder, tanto en sus dimensiones políticas, como diplomáticas y territoriales.  Allí donde no hay un poder político y estratégico firme, estable y legítimo, otro poder buscará llenar el vacío.
Teoría del conflicto.
? El conflicto es una realidad dominante y omnipresente en la Política y en las Relaciones Internacionales.  Más que la paz y la estabilidad, que constituyen realidades transitorias, fluídas y hasta inestables, el conflicto presenta una mayor permanencia y persistencia, a la luz la trayectoria histórica y de la experiencia de las relaciones entre los actores políticos e internacionales.

? El conflicto es, básicamente, una confrontación de intereses divergentes, que será resuelta por la vía política, diplomática o estratégica, según los beneficios inmediatos y mediatos que cada actor político estimará obtener de dicha vía.

? En las relaciones entre los actores políticos y los Estados, el conflicto  es siempre una opción, un escenario posible, una hipótesis a considerar entre varias.  El conflicto así, es posible en proporción al estado de la coyuntura internacional y regional, del grado de conflictividad creado en torno a ciertos intereses cruciales, de la correlación y el balance de poder, de fuerzas y de vulnerabilidades relativas, de un cálculo político-estratégico y una evaluación objetiva y pragmática de los costos, beneficios y resultados a corto, mediano y largo plazo.

? La lógica de la disuasión preside la escena estratégica internacional y regional, en términos que dependen del equilibrio de fuerzas, de un balance de poder estable, y de la disposición visible de los actores para no intentar alterar estratégicamente el orden, la estabilidad y los equilibrios existentes.  Para que la lógica de la disuasión opere eficazmente, se supone la racionalidad de los actores implicados y de sus procesos de toma de decisión, y un conjunto de percepciones mutuas que conducen a la estabilidad.

? Las crisis deben ser consideradas como signos precursores del conflicto abierto, especialmente cuando ellas se repiten en torno a un mismo nudo problemático.

? Los diferendos considerados cruciales o vitales, por uno de los actores involucrados y no resueltos por la vía diplomática o de la negociación, siempre alimentan demandas, aspiraciones, tensiones y conflictos abiertos posteriores.

? El desbalance marcadamente pronunciado en la esfera estratégica internacional o regional, siempre tiende a generar tentativas de re-equilibrio, que suponen desestabilización del orden dominante.

? En términos polemológicos y de resultados políticos de la acción armada, la agresión y el abuso de la fuerza nunca resultan finalmente exitosos ni durablemente dominantes.
Teoría del equilibrio.
? La tendencia normal y espontánea en el comportamiento internacional de los Estados y Gobiernos en la época actual, y en el funcionamiento del sistema internacional y de los sub-sistemas regionales que lo componen, es la tendencia hacia la búsqueda y la preservación del equilibrio de poderes.

? El equilibrio de poder en la escena política e internacional es una situación históricamente transitoria, en la que cada uno de los actores acepta la correlación vigente de fuerzas y debilidades mutuas, a condición que no sea modificada sino mediante una decisión colectiva y consensual.

? El equilibrio de poder en las esferas internacional, regional y subregional, constituye uno de los fundamentos objetivos de la estabilidad y la paz.

? Las alianzas políticas, diplomáticas y estratégicas son básicamente coaliciones de intereses que convergen transitoriamente, en función de los beneficios mutuos y ventajas compartidas que reportan a sus integrantes, y que pueden reducirse o ampliarse según su eficacia.  Desde el punto de vista político, los acuerdos y tratados son convenciones más o menos estables, regidas por principios aceptados y reglas conocidas, cuya permanencia y vigencia depende de su adecuación con los intereses individuales de cada actor, y con los intereses comunes y compartidos que lo motivaron.

El conjunto de estos parámetros conceptuales, permitiría comprender la lógica realista en la esfera de la Política y en el ámbito estratégico de las Relaciones Internacional, como se examina a continuación.

¿De dónde proviene intelectualmente el realismo?

¿Cuáles son los orígenes y los fundamentos históricos de la escuela realista de pensamiento?

El realismo encuentra sus raíces intelectuales en numerosos pensadores que, desde la Antiguedad y a través de las distintas épocas históricas:  medieval y contemporánea o moderna, han ido estableciendo sucesivamente las principales herramientas conceptuales de ésta visión teórica.

Pertenece a la tradición realista subrayar la importancia crucial que tiene el estudio y observación de la Historia, como archivo acumulativo de la experiencia humana en el tiempo, como manifestación de la presencia y de la creación material y cultural de los seres humanos, instalados en distintos espacios geográficos. 

En la visión realista de la Política, la Historia sirve como herramienta de trabajo para comparar hechos, conductas, decisiones, errores y aciertos, sirve como pedagogía vivencial que permite deducir lecciones, aún dentro de las limitaciones que supone el carácter irrepetible de los hechos históricos.  Los hechos del pasado no vuelven a suceder, pero siempre es posible encontrar en ellos enseñanzas útiles.

Este ensayo se sustenta –entre otros conceptos- en la noción teórica de que a lo largo de la prolongada tradición intelectual de Occidente, se ha venido construyendo gradualmente una visión pragmática  realista de la Política y de las Relaciones Internacionales, y en cuyas premisas conceptuales, puede encontrarse una explicación objetiva de la evolución histórica  experimentada por dichas relaciones.

Si pudiera darse una definición del realismo político, podría afirmarse que se trata de una escuela de pensamiento que busca reflexionar en torno a la práctica política, a partir de los hechos objetivos que la constituyen, y en particular, del juego complejo y dinámico de fuerzas, intereses y  poderes.
 

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